diciembre 15, 2008

124. Las Autodefensas y su demorada autocrítica pública

En pos del Nunca Más a la guerra y la Reconciliación Irrenunciable



ASÍ LA VEO YO



Por Juan Rubbini
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juanrubbini@hotmail.com



In memoriam de las víctimas del conflicto social y armado colombiano




Las autodefensas han cometido gruesos errores en la guerra, y también durante el proceso de paz. Sin embargo, las autocríticas de los ex comandantes no se han hecho públicas. Esta es una omisión que merece ser reparada a partir de 2009. La verdad de su condición de actores del conflicto social y armado no debe limitarse al marco judicial, ni quedar circunscripta a las estrategias de defensa en Colombia y Estados Unidos. El país está en mora de conocer las razones militares de ciertas tácticas de guerra, así como las razones sociales y políticas de fondo que originaron el cese de hostilidades y las posteriores negociaciones de paz.

Repasando los sugestivos e ilustrativos escritos que hicieron públicos a finales de los 90’ y comienzos de este siglo, principalmente Carlos Castaño, Salvatore Mancuso e Iván Roberto Duque –pero también Rodrigo Tovar Pupo entre otros- se hallan claves de interpretación que para nada explican la inopia en que cayeron durante 2007 y 2008 los propósitos de legitimación política y refundación del Estado que concibieron los ´paraestrategas´. La fauna periodística bautizó la criatura ‘parapolítica’ -parida en el monte sin anestesia- olvidándose de ahondar en la vida y obra del ‘personaje’ alojado en el laberinto judicial y su casuística kafkiana.

Proyecto político que urge completar, enriquecer y divulgar para que las autodefensas desmovilizadas perfeccionen su ingreso a la democracia, circunstancia que más temprano que tarde habrá de producirse no por mero voluntarismo ni determinismo fatal, sino porque está en la naturaleza de las cosas y en las derivaciones obvias del posconflicto que el próximo gobierno habrá de vislumbrar después de la ceguera uribista que no entrevé -tras seis años de ‘inseguridad democrática'- ni el conflicto armado que no quiere reconocer ni mucho menos su solución política que deja librada a los designios de Dios o el azar de las armas –como si no fuera responsabilidad de los civiles que conducen el Estado y razón suprema del propio Estado.

La asimetría entre guerrilleros y autodefensas no es tanta ni tan esencial como quisieran algunos ‘narcileninistas’, ni su equivalencia tan terrorista y narcotraficante como quisieran algunos ‘narcicolumnistas del Establecimiento’. No saldremos del añejo conflicto sin abrirle una salida política a las izquierdas y derechas enfrentadas en la guerra. Enfrentadas parte y contraparte entre sí y también, ambas, victimizando la población civil, como no podía ser de otra manera, porque así son las guerras, y no idílicos combates que solo recrea la imaginación de quienes nunca las han padecido en carne propia.

Se comprende que sus enemigos y el Gobierno uribista hayan preferido el facilista camino del reduccionismo estigmatizador de las autodefensas como criminales patológicos, paramilitares carentes de ideología, o narcotraficantes de puro interés mercantilista. Pero resulta pueril, insuficiente, cuando no rayano en el moralismo más simplón e inútil esta visión, caricaturesca y parcializada, a los efectos del análisis político y la previsión del futuro de los ex comandantes como hombres públicos y actores de la historia nacional.

Una nueva generación de autodefensas ha hecho irrupción en el conflicto armado a partir de lo que ellos llaman ‘incumplimientos’ del Gobierno en la mesa de paz de Santa Fe de Ralito. Nadie sabe a ciencia cierta en qué consistieron exactamente esos incumplimientos, pero nadie que pretenda ser objetivo en estas cuestiones puede dejar de anotar que incumplimientos seguramente hubo y de magnitud considerable para que personas de la significación y el liderazgo de Vicente Castaño hayan dado marcha atrás hacia el monte y se hayan rearmado cuando fueron gestores principalísimos de las negociaciones de paz. Que hoy Vicente Castaño esté vivo o esté muerto no cambia la realidad de su rearme en 2006, ni calla el grito en el cielo que puso en su momento y que todas las autodefensas –desmovilizadas o no- registraron en su memoria histórica.

No descarto tampoco –a modo de hipótesis- que tras los asesinatos de Carlos y Vicente Castaño hayan estado los largos brazos del mismo ‘estado de cosas’ y sus intereses inconfesables que le temen y le huyen tanto al conocimiento de la verdad como a la finalización y esclarecimiento de las razones últimas de la persistencia del conflicto armado. Carlos y Vicente Castaño –si es que están muertos- se han llevado con ellos parte irrecuperable de la Verdad histórica que Colombia necesitaba conocer, así como del otro lado las muertes de ‘Marulanda’ y ‘Reyes’ se llevaron al otro mundo buena parte de la otra mitad de esa misma Verdad que ya nunca conoceremos.

Esos mismos intereses espurios presionaron por la extradición de los paras y mantienen cerrados los caminos de los diálogos políticos con FARC, ELN y Autodefensas rearmadas, así como han hecho imposible negociar con penas alternativas en Colombia a narcos que han tenido y tienen en sus manos las llaves del fin del narcotráfico en nuestro país. Colombia no resiste más mentiras sobre sus problemas más graves, y el mundo no puede seguir siendo cómplice del ‘reclinatorio’ servil de los presidentes de Colombia en los escenarios internacionales. Hacia el futuro, y desde 2009 cabe esperar y exigir mucho de los candidatos presidenciales y sus propuestas de gobierno para 2010-2014 así como se abren las mejores perspectivas para Colombia y el continente latinoamericano con Obama presidente y líder del cambio que allá y acá, y en todo el mundo necesita la Humanidad si quiere torcer su destino de sometimiento y vergüenza.

Que las autodefensas que hoy están en pie de guerra recurran al narcotráfico, como lo hacen sus enemigos guerrilleros –o los señores de la guerra en Afganistán, o los mismos talibanes- no cambia la matriz del conflicto. Los recursos para vencer o morir deben salir de algún lado, y si no provienen de los impuestos o de los apoyos de gobiernos extranjeros –caso del Estado colombiano- provienen de lo que la tierra da y los mercados demandan -en el caso de quienes, desde su ilegalidad, no pueden recurrir a los impuestos ni a la ayuda internacional. Si la guerra mata muchos inocentes, el simplismo de algunos políticos y columnistas nos está matando la inteligencia. Y sin inteligencia no acabaremos con el conflicto ni construiremos la solución pacífica. No podemos reducir la inteligencia social a la inteligencia puramente militar o policiva, ni dejarla librada únicamente al humor de los humoristas.

2009 debe convertirse –me auguro- en el año de la racionalización y comprensión ciudadana del conflicto social y armado. El hundimiento de la reelección de Uribe vuelve promisorio el camino de los foros y los debates, la confrontación razonable y los consensos democráticos, así como reabre a la consideración política –en un año preelectoral de resultados iniciertos para 2010- la discusión renovada de la vieja temática de la guerra y de la paz.

Los analistas de izquierda tendrán que revisar algunos de sus conceptos arraigados en tiempos de ‘guerra fría’ sobre la naturaleza actual –aquí y ahora- de guerrillas y autodefensas, y ser proactivos en la búsqueda de encontrarle 'la comba al palo' del cese del fuego y las hostilidades dispuestos a análisis concretos de situaciones concretas a partir de ‘presupuestos base cero’.

Los comentaristas de derecha ojalá se acerquen a la mesa de las posibles soluciones sin recaer en el facilismo frívolo de estigmatizar a los Mancuso y los Castaño, o los ‘Cano’ y los ‘Gabino’ por sus métodos de guerra y de financiación, que todos sabemos que las guerras no se hacen sin víctimas, sin muertos inocentes, sin horrores de parte y parte. Y las guerras no se hacen, sobre todo, sin financiación; que sea del narcotráfico es lo normal en Colombia, porque –gracias a su ilegalización- es lo que más produce, lo que más rápido asegura el retorno de cualquier capital. Y el conflicto armado colombiano ha llegado a ser lo que es –no lo que desearíamos que fuera- por la existencia del narcotráfico que ni se lo inventaron las autodefensas ni las guerrillas.

Uno quisiera que las autodefensas que están otra vez en el monte fueran más claras al momento de transmitir las razones de su rearme y el propósito de sus acciones. Las guerras modernas son de cara a la opinión pública, y socializadas por los mass-media, y quien pretenda ignorar esto pagará un alto precio que ningún actor armado, legal o ilegal, está en condiciones de solventar dentro o fuera de Colombia.

También quisiera uno que FARC y ELN tuviesen un poco más de respeto por sus fundadores y dejaran de ser rehenes en manos de estadistas tipo Chávez o relacionistas públicos marca Piedad, que uno nunca sabe qué partido están jugando ni en qué equipo lo están haciendo, porque me resisto a creer que FARC y ELN golpeadas y todo hayan caído tan bajo en sus decibeles revolucionarios como para ponerse en manos del venezolano y su fiel admiradora. Colombia tiene derecho a esperar otra cosa de revolucionarios probados y conceptualmente sólidos, como ‘Cano’ y ‘Antonio García’. Finalmente, ambos aspiran a gobernarnos, y podrían comenzar por respetarnos desde ahora mismo, así van asegurando su ‘gobernabilidad’ desde el monte, como hicieron el Che y Fidel en tiempos que hoy lucen a la vez 'prehistóricos' y románticos en su descolorido tono sepia, color nostalgia de primaveras del alma idas, y que no regresarán.

De esta coalición de gobierno y presidente, no espero nada más alejado de los referendos reeleccionistas durante 2009 que el hecho de dedicarse exclusivamente a gobernar haciendo justicia a los más débiles y humildes. Ha perdido este gobierno una oportunidad histórica de legitimar el Estado y la democracia, al despreciar altivos y soberbios la mano tendida por los hermanos Castaño y Salvatore Mancuso, en nombre y representación de millares de autodefensas y sus familias y simpatizantes que creyeron y siguen creyendo en su vocación política, al altísimo precio de su muerte y sacrificio personal.

Rabos de paja y ambiciones desmedidas de perpetuarse en el poder devolverán este Gobierno al llano sin haber ganado la guerra ni alcanzado la paz. Allá ellos, sus razones tendrán, ya no creo le interesen a nadie. No hay nada más viejo que un periódico de ayer. La hoja de esta etapa de la historia habrá que darla vuelta con tedio, resignación y alivio por la no reelección. Alegrémonos, que perder es ganar un poco, Maturana dixit.

Finalmente, de los ex comandantes de las autodefensas, ayer desmovilizados, hoy presos y extraditados, libres interiormente y vivos para vivir una nueva vida, espero que 2009 los encuentre con el ánimo dispuesto a triunfar en el desafío pendiente de construir la Paz de los colombianos, desde la Verdad histórica y el Perdón a las víctimas, desde la autocrítica pública y la reflexión humanitaria, desde la visión de Nación integrada y Unidad nacional, desde la Región reivindicada y próspera, desde la convicción profunda y sentida que el NUNCA MÁS A LA GUERRA es definitivo y el propósito de RECONCILIACIÓN IRRENUNCIABLE.

Y a propósito de los cientos de Job asesinados en los últimos meses: las miles de víctimas de la Unión Patriótica seguramente comprenden, mejor que nadie, y se solidarizan –todavía en silencio- con el dolor de los cientos de víctimas entre desmovilizados de autodefensas, a quienes no solo matan sus asesinos sino la indiferencia cómplice de quienes hoy como ayer prefieren mirar hacia otra parte para que nada ni nadie les dañe el festín de ‘minorías dizque virtuosas e incontaminadas’, ni los vaya a salpicar la sangre de sus hermanos y hermanas colombianos que siguen muriendo año tras año sin solución, para los cuales ni hubo antes ‘seguridad nacional’ ni existe hoy ‘seguridad democrática’ que los proteja.

Todavía no el amor, pero sí el espanto une hoy en el llanto a los hombres y mujeres del pueblo, que nacieron con el conflicto para acabar con el conflicto… y no los dejaron ni vivir ni morir en paz.

Pese a todo y con la frente en alto: ¡Felices Fiestas de Navidad y Año Nuevo, a diestra y siniestra!

Revolucionarios y contrarrevolucionarios del mundo, a unirnos, a construir síntesis nuevas, que la sociedad entera padece y está incompleta si sus brazos derecho e izquierdo no protegen y consienten el mismo cuerpo social que los reúne y los alienta.

Moraleja decembrina: la izquierda y derecha unidas jamás serán vencidas.

Así la veo yo.

Los 124 artículos que componen la serie completa –iniciada en marzo de 2005- de Así la veo yo están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com