enero 13, 2009

125. Las Autodefensas y los actores del conflicto armado

ASÍ LA VEO YO
125. Las Autodefensas y los actores del conflicto armado

La claridad es la cortesía del filósofo (José Ortega y Gasset)

Por Juan Rubbini
juanrubbini@hotmail.com

Propongo una lista actualizada de los actores del conflicto armado. No solamente los obvios. Primero, el Estado. Segundo, Estados Unidos: ejerce su hegemonía en esta parte del mundo y millones de norteamericanos financian a los actores armados ilegales con dólares del narcotráfico. Tercero, FARC y ELN: dos organizaciones de civiles en armas creadas para disputarle al Estado el monopolio de la fuerza e imponer su doctrina revolucionaria. Cuarto, Autodefensas: organizaciones de civiles en armas creadas para impedir que FARC y ELN logren sus propósitos revolucionarios. Quinto: los narcotraficantes son actores del conflicto, como financiadores de guerrillas o autodefensas –o de ambos al tiempo-, como ‘mecenas’ de funcionarios del Estado, o de actores políticos. Sexto, Hugo Chávez: actor del conflicto armado, en la medida que FARC y ELN, se prestan a ser sus ‘quintacolumnistas’ en el objetivo de poner pié en Colombia desde una perspectiva continentalista, romántica y revolucionaria.


FARC, Chávez y ELN se visualizan a sí mismos como el otro Polo, no solo el otro Polo de la política en el área latinoamericana y del Caribe respecto de los Estados Unidos, sino también el otro Polo de la democracia colombiana, en frente no solo de Liberales, Conservadores y Uribistas, sino también y lo que no es tan obvio: ‘el Polo emergente’ diferenciado del Polo Democrático Alternativo (PDA) a quienes no se le perdona ni tolera –en cabeza de Petro y Garzón- su propósito declarado de sentar las bases de una izquierda democrática colombiana, diferenciada de FARC y ELN, y también del proyecto totalitario y expansionista de Chávez. No es por azar que Piedad Córdoba haya sido escogida como la ‘punta de lanza’ que tanto FARC, como Chávez y ELN necesitan para deslegitimar al PDA y al Partido Liberal, y avanzar en su afán ‘bolivariano’ de aglutinar la auténtica oposición revolucionaria de Uribe.


Es por la realidad persistente del conflicto armado que resulta que tanto Petro como Lucho Garzón corren el riesgo de convertirse en el desabrido ‘ni chicha ni limoná’ que los hace el jamón del sánduche entre la coalición revolucionaria ‘emergente’ de FARC, Chávez, ELN y Piedad Córdoba, y los ‘uribistas’ –con Uribe o sin Uribe- en 2010.


Fue inevitable que el conflicto armado, por lo antiguo y por los intereses económicos inherentes, se haya convertido en un sistema de guerra atípico, pero consolidado, cuya influencia política y económica es notable, dado que el sistema democrático no solo choca con el conflicto armado sino que tiene con él demasiados puntos de intersección y convivencia más o menos estructurados y sólidos, de los cuales las pugnas internas en el PDA y la misma ‘parapolítica’ son dos evidencias irrefutables. Las evidencias de tal interdependencia, entre los sistemas ‘democrático’ y ‘de guerra’, asoma también cada vez que se reflota el asunto del ‘intercambio humanitario’, de los ‘diálogos de paz’ o, -desde tiempos más recientes-, del ‘rearme paramilitar’ y las ‘bandas emergentes’, que constituyen la punta del iceberg que revela que por el lado de las Autodefensas la historia no concluyó en Ralito, ni en Justicia y Paz, ni en las cárceles de Estados Unidos, sino que desarrolla alternativamente su propia dinámica entre desmovilizados y no desmovilizados de las AUC, en busca de generar espacios de actuación tanto en el sistema de guerra, como en el sistema democrático.


Hoy nadie discute y se aplaude que Petro y Navarro hayan cortado sus lazos con el sistema de guerra del que participó el M19, y mañana –si queremos ser justos y ecuánimes- habrá que aplaudir de la misma manera –y con las mismas garantías democráticas- que Salvatore Mancuso y Rodrigo Tovar Pupo ‘jalen’ hacia la democracia y el progreso de Colombia, a las Autodefensas desconfiadas del Estado, que han vuelto al monte o han ‘emergido’ de la matriz del conflicto armado poniendo en jaque los alcances territoriales de la ‘seguridad democrática’.


Las versiones libres en Colombia y Estados Unidos serán el escenario restringido pero conducente sobre cuyos márgenes inevitables de ‘interlocución social’ habrá de hacerse más visible en 2009 el ‘eslabón perdido’ que vincula la desmovilización de ayer con la actuación política futura de los sobrevivientes del ‘proceso de Ralito’ una vez completada la fase judicial.


Ex guerrilleros y ex autodefensas, confluirán entonces algún día de la próxima década en el corazón del sistema democrático, no ya para acabarlo ni minarlo, sino para fundarlo sobre bases más amplias e incluyentes, con el aporte de quienes habiendo sido actores de la guerra son insustituibles a la hora de construir la paz.


Así la veo yo.


Los 125 artículos que componen la serie completa –iniciada en marzo de 2005- de Así la veo yo están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

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