febrero 23, 2009

128. ¡Preservar la vida de 'Cano' y reanudar los diálogos con las Autodefensas!

23 de febrero de 2009

ASÍ LA VEO YO

128. ¡Preservar la vida de ‘Cano’ y reanudar los diálogos con las Autodefensas!
Más dañan los ‘bloqueos intelectuales’ que los 'bloques intelectuales' si los hubiera

Por Juan Rubbini
http://www.lapazencolombia.blogspot.com/


La matanza de los indígenas awá masacrados por las FARC es asaz más grave que un ‘tropiezo’ como precipitadamente lo calificara Piedad Córdoba obviamente sacudida por la desmesura ética y humanitaria del Secretariado.

Quiero enfocar esta reflexión sobre el tamaño de las contradicciones internas del alto mando de las FARC que estallan sobre el cuerpo social de la Nación. No comparto la conclusión que sacan quienes enfatizan en la perversidad inexorable de las FARC, ni en su inevitable y cínico doble juego.

Quienes analizan sin sesgo el proceso de paz con las autodefensas advierten que la sola decisión de su Estado Mayor de iniciar en 2002 acercamientos de paz con Uribe produjo tremenda crisis interna producto de la cual han muerto más comandantes de las AUC que en el entero desarrollo de su guerra antisubversiva.

Quienes desde dentro de cada grupo armado ilegal –y también del oficialismo uribista- pretenden encaminar los esfuerzos en dirección de la solución política negociada fatalmente reciben de inmediato el embate de quienes en su interior y por los lados descreen de cualquier posibilidad de obtener satisfacción a su razón de ser al margen de la victoria sobre el enemigo.

‘Cano’ y los camaradas que aprueban su estrategia político-militar como el único modo realista –no utópico- de superar las condiciones de ‘sinsalida’ que impone la prolongación de la guerra no han logrado consolidar suficientemente su influencia interna de tal manera que las FARC cesen de inmediato con cualquier victimización de la población civil.

A un altísimo precio personal Carlos y Vicente Castaño, Salvatore Mancuso y el Estado Mayor de las autodefensas hicieron la diferencia que resultaba imprescindible en dirección del desarme por sobre el escepticismo y la oposición de no pocos e influyentes sectores de la organización. Su trabajo de persuasión sobre los distintos bloques de la confederación en armas lo reconocería positivamente cualquier profesional de la política colombiana si uno solo de ellos –sin esconderse detrás de hipocresías cobardes y arribistas, bajo las faldas de variopintos rabos de paja- estuviese hoy haciendo siquiera el uno por ciento del esfuerzo que está haciendo Piedad Córdoba por mantener vivo el esfuerzo titánico de ‘Cano’ y algunos camaradas en dirección de la solución política negociada.

Carlos Castaño está muerto, Vicente Castaño desaparecido, Mancuso vivo y entero para seguir construyendo la Paz y Reconciliación de Colombia, pero preso y extraditado por supuestos incumplimientos a su palabra de honor de ex comandante antisubversivo que jamás le serán probados por Justicia alguna, porque jamás existieron tales incumplimientos.

No le deseo a ‘Cano’ –por su bien y el de Colombia- el mismo destino, ni el mismo ‘vía crucis’, ni su destierro de la Patria. Preservar la vida de ‘Cano’ debiera ser razón de Estado colombiano y decisión unánime del Secretariado. Si he valorado positivamente el sacrificio de los Castaño y los Mancuso por jugarse su vida y rectificar el rumbo al abrir trocha desde la guerra hacia la paz, no me perdonaría mi conciencia no alentar ni acompañar cualquier iniciativa humanitaria, cualquier ‘desbloqueo intelectual’ que abra las compuertas de un proceso de paz con todos los actores del conflicto armado.

No podemos los colombianos y colombianas -que trabajamos por la Paz- revestir con más ambigüedades ni sectarismos el derecho de vivir en armonía con los seres humanos y la naturaleza que habitan el suelo patrio, y que con su diversidad y libertad de criterio comparten el respeto por la Constitución y las leyes, privilegiando la soberanía popular por sobre los egoísmos y las ambiciones de sectores –que siempre existirán y serán repudiados- más inclinados en aprovecharse del prójimo que en dignificar su vida, seducidos por pequeñeces y desprovistos de grandeza.

Incumplimientos los ha habido en la Mesa de Ralito de parte y parte, unos explicables, otros injustificables, pero todos, absolutamente todos perdonables. De todos los incumplimientos la sociedad colombiana y el mundo necesitan saber en qué consistieron y cómo se remedian. Pero para ello urge restablecer las medidas de confianza minadas por los errores de las partes. Si ello no sucede pronto –y el Gobierno luce en su abulia como el único responsable de no querer reanudar el diálogo interrumpido abruptamente por ‘razones de Estado’- la señal que se le estará enviando a quienes dentro de las FARC y desde la sociedad civil y política trabajan en dirección de ‘parar’ la guerra es que los incumplimientos del Gobierno para con los desmovilizados ex jefes de las autodefensas no es apenas un ‘tropiezo’ en el camino de la paz sino pura dinamita dirigida a minar cualquier salida del conflicto armado hasta que sea el nuevo Presidente o Presidenta de Colombia quien decida cómo conducir estas cuestiones de la guerra y la paz –de la vida y la muerte- que Uribe por quién sabe qué extraño designio habrá escogido dejar en manos de quien lo suceda en la Casa de Nariño a partir del 8 de agosto de 2010.

Está en su derecho el Presidente de ejercer plenamente su mandato. Humanos desaciertos quitan lustre pero no ocultan méritos que aprobamos quienes creemos en su buena voluntad, en su honestidad intelectual y carácter por hacer de Colombia un país honorable, una democracia mejor cimentada.

Quienes deliran por ver a Uribe sometido a la Corte Penal Internacional están literalmente jugando con fuego. Ni ‘Cano’ ni los constructores de paz, ni los demócratas de Venezuela, ni los excomandantes de las autodefensas desmovilizadas, ni ‘rearmados paras’, deberán prestarse a tamaña insensatez, que incendiaría el País y lo consumiría en una guerra civil a gran escala y ad portas de una dictadura opresora de las libertades que tendrá mucho de derecha y nada de izquierda ni de revolucionaria.

¡Por Dios oficialistas y opositores, que no habrá triunfadores en el País de las cenizas!

Urge el ‘desbloqueo intelectual’ de aquellas mentalidades que por derecha y por izquierda obstruyen la confluencia de energías en contra de la guerra y persisten en el bloqueo de la libre circulación por todas las vías que conducen al entendimiento entre todas las partes del conflicto armado.

Los amigos del ‘acuerdo humanitario’ –o de la instrumentalización dogmática de la ‘seguridad democrática’- no pueden pretender imponer un único camino con uno, o dos de los actores del conflicto armado, dejando por fuera otros actores insoslayables: ‘autodefensas rearmadas’ y ‘bandas emergentes’.

Por loables que sean, por ejemplo, iniciativas como las de Piedad Córdoba e Iván Cepeda son vistas en la coyuntura actual –injustamente, hay que decirlo- con desconfianza y recelo por la gran mayoría de la sociedad que hoy les devuelve como búmerang los palos en la rueda –a Piedad y compañía- que estigmatizaron como de proceso de ‘yo con yo’ los acercamientos en Ralito entre autodefensas y el Gobierno.

Hoy aquello del ‘yo con yo’ –tan ‘políticamente imbécil’- adosado a Ralito se devuelve inclemente ¡oh paradoja! sobre quienes ayer acuñaron tal eslogan en cuerpo ajeno y hoy lo padecen en carne propia como cuenta de cobro que les pasa la opinión pública por tamaño ‘infantilismo de izquierda’.

Lo hecho, hecho está. No sigamos llorando sobre la ‘mala leche’ derramada.

Urge sanar viejas heridas entre izquierdas y derechas democráticas, reabrir el diálogo entre Gobierno y Autodefensas desmovilizadas, habilitar medidas de confianza que animen voluntades de paz y no las desalienten, tender puentes hacia las FARC, preservar la vida de ‘Cano’, insistir en la liberación sanos y salvos de todos los secuestrados.

Y también, 'at last but not least' sobre lo que cabe insistir, con prudencia, paciencia y persistencia:


Determinar el qué, el cómo y el cuándo la Ley de Justicia y Paz necesita ser ampliada, fortalecida y 'aterrizada' por el Congreso sobre una perspectiva histórica que, sin disminuir un ápice el derecho de todas las víctimas, promueva la participación de la sociedad civil, la clase política y el estamento militar del Estado en la reconstrucción de la Verdad histórica, no parcelada, no criminalizada –asentada sobre cada territorio involucrado de la Nación y sus Regiones- más orientada hacia la reparación y la reconciliación de la entera sociedad consigo misma, que de unos actores del conflicto con otros, más dispuesta a alentar el valor y los argumentos en favor de abandonar el conflicto que a modernizar con eufemismos la 'ley del Talión' lo que nos condenaría sin remedio a la perpetuación de las guerras en Colombia.


Nuestro País lo arreglamos entre todos, o no lo arregla nadie.

Así la veo yo.


Los 128 artículos que componen la serie completa –iniciada en marzo de 2005- de Así la veo yo están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

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