mayo 08, 2009

CARTA ABIERTA DE RODRIGO TOVAR PUPO: ¡Ahora sí podemos y tenemos con quién!


Washington D.C.
1 de mayo de 2009


Con sorpresa y grandes esperanzas he leído en el periódico El Tiempo, del día 20 de marzo de 2009, de la nueva posición política oficial del Gobierno de los Estados Unidos –expresada a través de su embajador en Colombia, William R. Brownfield- acerca de la solución del conflicto en mi País.


La sorpresa no es por el pedido de extradición para más colombianos. No, eso nos sigue recordando que en nuestro país existe negación de justicia. La sorpresa es por la esperanza de un mejor futuro no lejano, que produce las recomendaciones del señor Embajador William R. Brownfield, al expresar recientemente en charla organizada por el Brookings Institute y el Diálogo Interamericano, en Washington D.C., las prioridades que debería definir Colombia en su agenda bilateral con los Estados Unidos. Entre ellas están, lo que él llamó, “consolidación de zonas estratégicas”. El embajador textualmente enfatizó cinco puntos propuestos, el segundo de los cuales lo fundamentó “en la necesidad de avanzar de una vez por todas hacia la resolución negociada del conflicto con las FARC y otros grupos armados”. Esto si la traducción del periodista resultó fiel y precisa a las ‘tejanas’ palabras del Embajador Brownfield.

¡Qué gran sorpresa esperanzadora para mi pueblo! En el pasado quedaron los nefastos años que disfrazaron la realidad del conflicto y nos llevó a sumarnos a un lenguaje guerrerista, mientras el país clamaba por la paz. Durante muchos años se presentó nuestra historia eterna de guerras civiles, como el ataque bandolero o terrorista de unos pocos contra la población civil. Discurso que sólo reconocen los “mamertos” de la derecha ortodoxa que siguen siendo los únicos espectadores leales que aplauden dentro del gran circo en el que han querido cimentar la guerra y la paz en nuestro país, en estos últimos 7 años.

Incluir el tema de la resolución negociada del conflicto como la segunda prioridad en la que se debe concentrar el Gobierno, y más que éste, el pueblo Colombiano, no significa cosa diferente que el reconocimiento estadounidense de la existencia en el tiempo de nuestro conflicto y su preocupación por las consecuencias de su continuidad. Conflicto tantas veces negado por el gobernante de turno y sus coro de ventrílocuos que demuestran ser los únicos que viven en Colombia a espaldas de nuestras propias realidades. Sería una falta de amor a la patria si algún día los Colombianos llegamos a dilucidar que hizo parte solo de un discurso, que perseguía mantenerlo activado, porque representaba réditos políticos que le permitían aferrarse al poder.

La nueva posición del Gobierno estadounidense que, llamativamente, ha pasado inadvertida para quienes hoy se llaman generadores de opinión como para quienes trabajan en la construcción de propuestas a favor de la paz, conlleva inevitablemente a que el tema de la resolución negociada del conflicto en Colombia vuelva a ser incluido como punto prioritario en la agenda política nacional y se incluya dentro de la propuesta de gobierno que se pondrá a consideración de los Colombianos, por parte de los diferentes candidatos presidenciales que aspiran a gobernarnos a partir del 7 de agosto de 2010. Es decir, volvimos al dilema que teníamos el 7 de agosto de 1998, y que seguimos teniendo cuatro años después en 2002, sin desconocer que hoy algo sustancial ha mejorado, con el aporte unilateral a favor de la paz, hecho por la confederación de autodefensas con su desarme y desmovilización. Aporte unilateral de las Autodefensas que el Gobierno ha manipulado y desvirtuado pretendiendo convertirlo en un ‘logro positivo’ de su política de seguridad democrática.

El clamor porque finalice la guerra fue escuchado por quienes son fundamentales para ayudar y acompañar a silenciar definitivamente el ruido de las armas y cambiar el grito de auxilio por el grito de esperanza, que da el pensar que sí podremos pasar la página de la guerra y dedicarnos a aportar todos a la construcción de un escenario superior que garantice un país independiente, con sus provincias unidas y sus regiones reivindicadas, donde impere la autoridad, el orden y la justicia social, digno, incluyente, un pueblo soberano, progresista, libre y en paz. Un país de todos y a favor de todos.

Presentar el tema como una prioridad para las relaciones entre Estados Unidos y Colombia –por primera vez por encima de los intereses económicos-, redefine las nuevas realidades políticas y la importancia que tiene, para la nueva administración del señor Presidente Obama, la resolución del conflicto colombiano, como primer paso para hacer posible el avance de los demás temas que siguen en la lista de espera en la agenda de intereses mutuos. Lográndolo pasaremos a participar activamente de una sola América de las Américas, donde la seguridad, libertad y justicia no sean incompatibles. Pero, además, significaría que, por fin, llegó a Colombia un gobierno que dejó de ser ciego, sordo y retomó el lenguaje indicado para expresar las palabras correctas, para ayudarnos realmente a resolver nuestro principal problema desde antaño, nuestra guerra civil interna, y garantizar en una mesa de negociación política el cumplimiento de lo acordado a todos los actores armados que se sienten en ella, siempre y cuando se le ponga fin al conflicto nacional sin dilaciones.

Esta nueva realidad política antes inexistente, fuerte pero garantista, debe ser valorada muy bien y rápido por todos los grupos armados que hoy insisten en la combinación de todas las formas de lucha y a quienes no ha podido acabar la seguridad democrática: FARC, Autodefensas Campesinas del Casanare, Autodefensas Gaitanistas, Autodefensas del Llano y demás federaciones de autodefensas, ELN, disidencias del ERP y del EPL; además el narcotráfico que, siendo una tragedia, es hora de reconocer como alguien escribió, que “produce actores políticos y financia a todos incluyendo sus propias fuerzas de ataque y defensa”, el cual ha acabado con los valores de toda una sociedad, ha corrompido todo, empezando por la institucionalidad y degenerando al ser humano en el mundo.

Con este nuevo acompañamiento y con esta nueva garantía real, ya no hay excusa para seguir confundiendo los tiempos políticos y prolongar la violencia en contravía del gran anhelo nacional. Ya no hay argumentos válidos de derecha ni de izquierda, sólo excusas dilatorias y anacrónicas, para no acoger la recomendación que han hecho los Estados Unidos. Hoy existe una nueva visión geopolítica y una nueva posición política que lidera y defiende su gobernante y que no nos excluyó a los colombianos. Ya no hay excusa para no responder y sentarnos todos en una mesa única que permita avanzar, de una vez por todas, hacia la resolución negociada del conflicto nacional, como lo recomendó el Embajador Brownfield, a nombre de su Gobierno. Eso sí, sin engaños, sin estrategias diferentes a dejar las armas definitivamente y cambiarlas por la prédica democrática y el ejemplo civilista, cada quien persiguiendo su País soñado pero en paz, gobernando las mayorías, con los votos de las mayorías, en función de los intereses de las mayorías con el respeto y los espacios debidos a las minorías.

Ya no estarán sentados los actores del conflicto en una mesa sólo con el Gobierno nacional ni acompañados por convidados de piedra, ya no estarán expuestos al engaño, al incumplimiento y a la traición por intereses y conveniencias políticas internas o externas. La llegada a la presidencia de los Estados Unidos de América del señor Presidente Obama, abre una nueva luz de esperanza para el sueño de los colombianos de vivir en paz. Su concepción política de ayudar a que los países del mundo resuelvan sus conflictos internos, como punto de partida hacia el fortalecimiento democrático y el desarrollo, ha dado sus primeros pasos en nuestro país. Su visión de asociación y no de injerencia, de contribución y no de intromisión, abre nuevos escenarios hacia lo posible y lo deseable. Eso sí es real politik. Ahora tienen la palabra todos los colombianos, incluyendo quienes participamos en la guerra e hicimos y estamos prontos a seguir haciendo grandes aportes a la paz.

Esta nueva esperanza, que recomienda con audacia el Gobierno de los Estados Unidos al pueblo colombiano, debería despertarnos de la anestesia en que nos han mantenido los discursos de quienes hablan de la victoria en la guerra, de que no se ganará la paz sino militarmente y los discursos de aquellos a quienes les quedó grande administrar política y judicialmente la voluntad de paz de la Confederación de Autodefensas. Ellos legislaron y fallaron en favor de mantener al país en el mismo espiral de violencia en que vivimos desde hace 60 años, pues cambiaron todas las reglas de lo acordado en la mesa de negociación, empujando nuevamente a muchos de nuestros ex compañeros a optar por la vía armada como única alternativa para expresar oposición política. Es que el monopolio de la oposición no lo tiene la izquierda democrática, ni la izquierda armada. Quienes hemos pertenecido a la Confederación de Autodefensas también somos opositores de todo aquello que este Gobierno ha hecho mal en asuntos de paz y en otros asuntos sociales y económicos cuyos resultados son pobres o inexistentes. Tan opositores somos que también nos cerraron toda las vías democráticas, escenario acordado con el Gobierno para continuar nuestra lucha y defender nuestra concepción de Estado ideal.

Es hora de despertar, para que quienes de verdad sueñan como soñamos nosotros con la paz como única opción de futuro y quieran contribuir en su construcción, podamos empezar a diseñar, un verdadero camino que nos lleve a detener la guerra, y nos permita cimentar las verdaderas bases de una paz duradera y sostenible. No es hora de quedarnos a esperar a que el Gobierno colombiano sea el que ordene, como si Colombia fuese un cuartel. Al Gobierno con nuestro desarme y desmovilización, le entregamos las llaves para que mostrara que no le quedaba grande ni la guerra ni la paz y no pudo hacer bien ni una cosa ni la otra; por eso hay que recordarle todos los días al gobernante de turno, que el gobernante no puede irse en contra de la voluntad del pueblo que representa, pues éste es soberano.

Es hora de hacer valer nuestra voluntad y anhelo de paz. Es hora de que nos unamos todos los que soñamos con mejores tiempos para todos. Propusimos en la mesa de negociación en Ralito y lo debatimos con el Gobierno, la realización de un referendo para que fuera el pueblo Colombiano quien avalara y sellara el fin de la guerra con todos los armados. Se nos objetó, porque parece que para ellos el diálogo y la paz no son el camino hacia el fin de los conflictos sino fines lejanos a los que solo se llega a través de una guerra interminable de exterminio del adversario. Sin embargo, hoy vemos que el mecanismo del referendo que no quisieron para acercar la paz lo utilizan hasta para cambiar las reglas de nuestra democracia con el único fin de perpetuarse en el poder, aprovechándose de la anestesia que ha producido el discurso guerrerista y de que ni la mitad de colombianos aptos para votar son los que acuden a las urnas, mientras la abstención sigue siendo mayoritaria y los verdaderos problemas siguen sin solución.

Es hora de que despierten todos los colombianos, pero sobre todo, la juventud. Nadie hará por ustedes más de lo que ustedes mismos no sean capaces de hacer. Lo dije en el encuentro de Universitarios por la Paz, realizado en Santa Fe de Ralito, cuando hablé ante los mil estudiantes que, acompañados por profesores de diferentes universidades del país, estuvieron reunidos durante tres días con la Confederación de Autodefensas. La juventud ha sido determinante para los cambios en nuestro país, y tiene que seguir siéndolo, pues el futuro les pertenece y tendrán que pensar, trabajar y esforzarse mucho para no recibir la violencia como herencia de quienes los antecedimos, como nos tocó recibirla a los de mi generación de quienes nos precedieron, por la incapacidad, indiferencia y la falta de compromiso con el País y con el prójimo que nos terminan convirtiendo en partes del problema y no en partes de la solución como anhelamos las grandes mayorías nacionales.

La marcha liderada a través del FaceBook por quienes la denominaron “un millón de voces contra la FARC”, el 4 de febrero del 2008, fue hito fundamental para la paz del país, así como otro hito lo constituyó el desarme y desmovilización de la Confederación de Autodefensas. Si los líderes de la Marcha siguen siendo independientes, qué bueno sería que lideraran al lado de quienes se quieran sumar, en esta nueva ocasión y que han hablado de una nueva propuesta de paz. Dios lo permita, como la Comisión de Conciliación Nacional, que lidera el padre Darío Echeverri a nombre de la iglesia, quien volvió a enarbolar la bandera blanca y los ramos de olivo por medio del presidente de la confederación episcopal Monseñor Rubén Salazar. Como también el grupo Sainville convocado por Monseñor Nel Beltrán, ojalá se sume el grupo liderado por Jorge Rojas de Codhes y también el Movimiento de Colombianas y Colombianos por la Paz, que lidera la Senadora Piedad Córdoba, aunque este sigue siendo excluyente tanto en su conformación como en su objetivo.

¡Qué bueno que todos unidos puedan liderar, en un gran y único movimiento, una nueva convocatoria nacional por el fin de la guerra! y que pase nuestras fronteras para que su resultado nos represente verdaderamente a todos los Colombianos y Colombianas que soñamos con la paz, y que exijamos -en un tiempo determinado- la culminación del conflicto nacional mediante una negociación política con todos los actores armados que generan violencia y que la verdad y la reconciliación, sean garantía de mejores tiempos para todos. Ante esa voluntad expresa, nada podrá hacer el Gobierno diferente a cumplir la voluntad del pueblo y si es verdad que los actores que persisten en armas piensan y luchan por una Colombia en donde quepamos todos, no les quedará otro camino que sentarse en la mesa de negociación para hablar solamente de la continuidad de la lucha política en los espacios democráticos, sin las armas.

El entonces Senador Demócrata Barack Obama escribió: “en la mayoría de países del mundo, la democracia ha surgido a partir de un despertar local”.

El Gobierno americano ya lo entendió y por eso se pronunció y nos acompañará. Lástima que haya sido después de 60 años y después de habernos motivado a empuñar las armas como medio político de lucha contra el comunismo para después dejarnos solos y quedarse viendo a los colombianos desde la distancia, acabarse entre sí. Ya era hora de que entendieran que es la única vía posible para parar la guerra entre colombianos, para acabar con la producción y exportación de narcóticos que la retroalimenta, que corrompe y que ha degenerado al mundo por generaciones; que se entienda que es hora de atacar la corrupción para poder darle paso al bienestar de las mayorías y abrir los espacios políticos, cerrados por quienes han vuelto nada los partidos tradicionales. Nos asiste el derecho de dar vida a una nueva expresión política Social Demócrata en Colombia. Nunca es tarde para llegar ni para acompañar, mucho menos para empezar. Pero hagámoslo ya.

El embajador Brownfield representando el Gobierno americano, y jugando de pitcher, lanzó la primera bola para que los colombianos reaccionáramos y la bateáramos, para poder llegar con firmeza a esa primera base y lograr avances con seguridad en esa difícil carrera que queremos anotar los colombianos a favor de parar la confrontación armada y poder dedicarnos a elaborar los instrumentos que permitan ir erradicando las causas que han generado nuestra violencia individual o colectiva: la injusticia y la opresión, la ignorancia y la miseria, la intolerancia y la discriminación.

Colombianos y Colombianas, si no aprovechamos estas nuevas realidades políticas acogiendo estas recomendaciones y aceptando el acompañamiento, no habrá espacio en el tiempo para culpar a nadie diferente por nuestro desamor a Colombia y nuestra falta de compromiso con un futuro sin violencia, sin narcotráfico y sin exclusión. No habrá a quién ponerle el espejo retrovisor en la historia para culpar a otros porque el bumerán se nos devolverá a señalarnos.

Llegó la hora de sumar nuestras voces en un solo coro de esperanza que acoja las recomendaciones del Gobierno de los Estados Unidos y que nos conduzca a una mesa de negociación política para resolver, de una vez por todas, nuestro eterno conflicto civil. Llegó el momento de darle la bienvenida a quienes desempeñan a su pesar, y al costo enorme de tantísimas vidas de su Pueblo, el papel de policías del mundo, a sus recomendaciones, a su acompañamiento y a su garantía a favor de todos mis compatriotas. Llegó la hora de hacer de la paz una política de Estado enraizada en nuestro Pueblo. Llegó la hora de darnos una gran oportunidad hacia la Paz y Reconciliación, si de verdad pensamos en una Colombia en donde quepamos todos.

Colombianos y Colombianas, llegó la hora de movernos con la mayor audacia para que nuestra actitud y nuestros actos nos generen la gran esperanza de que ahora sí es posible concretar el gran sueño de las mayorías de vivir libres, en paz y con justicia social. Esperanza y determinación hacia la Paz frente a las dificultades que se nos presentarán. Esperanza y determinación frente a las incertidumbres que deberemos vencer. Esperanza y determinación para hacer posible lo que hasta hoy fue un imposible. Colombianos y Colombianas, que nadie diga de nosotros que el reto de la Paz nos quedó grande. Nos llegó la hora de creer firmemente que nos espera a todos un futuro mejor y de comenzar a hacerlo realidad.

Ahora, sí se puede. Ahora sí podemos. Con la bendición de Dios, y la ayuda de todos los hombres y mujeres de buena voluntad que soñamos que todas Las Américas avancemos en este siglo XXI hacia nuestro destino manifiesto de ser todos los americanos ciudadanos de la misma América, de sur a norte, de este a oeste, desde Alaska hasta la Tierra del Fuego.

Rodrigo Tovar Pupo

5 comentarios:

  1. BAstardo asesino!!! Pena de muerte se merece este cobarde canalla asesino de civiles, niños incluidos. En el infierno arderas vellaco.

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  2. Dios sea teniendo misericordia de tu vida y de los tuyos. Dios permitio que te llevaras la vida de mi padre cuando yo tenia 19 anos. Dejaste cuatro guerfanas y una viuda y nueva nietos sin abuelo. Despues que estudiastes con una de mis hermanas.

    Mil bendiciones

    Karen (de la misma edad de Silvia)

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  3. Por favor a el y al hombre con tanta sangre en sus manos al maton de Uribe... they both need to be tried at the Hague for crimes against humanity.

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  4. Cobarde, ladron, quien mata a ninos y campesinos analfabetas solo un cobarde sin guevos.. Eres el ladron mas grande de Colombia junto al HP de Uribe- n\merecen ambos la silla electrica... Dios los mira.. Como se pueden ustedes mirar al espejo? Que vez lo mismo que vemos nosotros? El DIABLO!! HP Tus sobrinos estan en Francia.... El mundo es tan pequenos, si los hijos de Maria Che!

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