julio 16, 2009

Del CDC - Colectivo Desmovilizados Colombia al Foro DDR y Medios de Comunicación

AL OBSERVATORIO DDR DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL Y ASISTENTES AL FORO
EL PAPEL DE LOS MEDIOS EN LOS PROCESOS DE DDR

www.desmovilizadoscolombia.org


Audio y Video:

http://www.desmovilizadoscolombia.org/video_fredyrendon_p01.php
http://www.desmovilizadoscolombia.org/video_fredyrendon_p02.php
http://www.desmovilizadoscolombia.org/video_fredyrendon_p03.php


En primer lugar, permítanme a mí, Fredy Rendón Herrera, desmovilizado en 2006, del Bloque Élmer Cárdenas, de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, agradecer en nombre del CDC - Colectivo Desmovilizados Colombia, la oportunidad que nos brinda el Observatorio al invitarnos a participar del Conversatorio académico que aplaudimos por su aporte al propósito común de construcción de paz y reconciliación que nos ocupa.

Nuestra intervención en este conversatorio se propone lo siguiente:

1º. La presentación de nuestro Colectivo.
2º. Una breve reflexión sobre la verdad como necesidad humana fundamental, con algunas observaciones sobre los Medios de Comunicación en el contexto del proceso de DDR.


CDC - COLECTIVO DESMOVILIZADOS COLOMBIA

Miembros Fundadores:

RENDÓN HERRERA, FREDY
PÉREZ ALZATE, RODRIGO
DUQUE IVÁN, ROBERTO
HASBÚN MENDOZA, RAUL EMILIO
LA VERDE, JORGE IVÁN
MAECHA TRIANA, ARNUBIO
COBOS TÉLLEZ, EDWAR
CIFUENTES, LUIS EDUARDO
ISAZA ARANGO, RAMÓN MARÍA
JIMÉNEZ NARANJO, CARLOS MARIO
LINARES, JOSÉ BALDOMERO
MANCUSO GÓMEZ, SALVATORE
MEJÍA MÚNERA, MIGUEL ÁNGEL
PIRABÁN, MANUEL DE JESÚS
TOVAR PUPO, RODRIGO
MURILLO BEJARANO, DIEGO


VERDAD, MEDIOS Y PROCESOS DE DDR.

En el proceso de construcción de paz en el que se enmarcan los procesos de DDR que se adelantan en Colombia, confluyen diversos actores con calidades, orígenes y proyectos diferentes, incluso antagónicos, lo cual no es extraño ni debe preocupar sino, por el contrario, la diversidad enriquece los procesos sociales y políticos, cuando la misma se manifiesta en el seno de la democracia y con respeto a la Constitución y la ley. Estos procesos no se adelantan en escenarios platónicos y asépticos, sino en el contexto de una realidad compleja donde se acumulan contradicciones y recelos producto del modo en que la historia se ha ido tejiendo en este País. En nuestros procesos subyacen componentes políticos con intereses partidistas, componentes económicos con intereses particulares, se adelantan en medio de un conflicto armado que permanece vivo pese a los esfuerzos de la sociedad y el Estado, y se ve afectado por los actuales procesos económicos recesivos regionales y globales. Las perspectivas personales son tan diversas como diverso el origen que tuvieron los grupos armados, y la reintegración se mira con más escepticismo que esperanza por parte de comunidades y colectivos de víctimas sin cuya participación activa no es posible llegar a buen puerto. Al interior de colectivos de víctimas o de desmovilizados, se presentan diferencias de percepción, de forma y de motivación. Y ni qué decir de las organizaciones que desde lo empresarial, lo académico o los entes de cooperación internacional intervienen en estos procesos. Sin embargo, esta diversidad de actores e intereses no hace imposible afrontar el desafío, sino que estimula el trabajo solidario e interdisciplinario, pese a las dificultades, hacia la reintegración. El objetivo de la misma no es masificarnos y perder nuestra individualidad, sino ser, hacer y crecer, con el prójimo, con el ciudadano, urbano y campesino, a pesar de las diferencias, generando comunes denominadores, como colombianos y colombianas, que somos parte integrante y funcional de este proyecto intergeneracional que aspira construir la Sociedad, libre, digna, justa y próspera, del Siglo 21.


Cuando se concilia, se hace desde la diferencia, partiendo de acuerdos mínimos sobre temas fundamentales, e identificando intereses comunes. De la misma manera, partiendo de acuerdos sobre temas fundamentales llegamos a ser un Colectivo de Desmovilizados a pesar de provenir de diferentes grupos e ideologías. En nuestro caso hemos identificado la Verdad como un interés común, no sólo de quienes afrontamos procesos judiciales en la legislación de Justicia y Paz o en la Justicia Ordinaria, sino también de quienes no son responsabilizados por delitos de lesa humanidad. Y ustedes se preguntarán: ¿es posible que para los ex comandantes, o para cualquier procesado en Justicia y Paz, la verdad sea la llave para la pena alternativa (y aún esto se pone en duda), pero ¿cómo puede ser la verdad el interés de un desmovilizado que está en su casa gozando de una amnistía o una cesación de procedimiento?


Sucede, para sorpresa de algunos desprevenidos, que el proceso de reintegración no es un jardín de rosas para cerca de 50.000 desmovilizados que hay en Colombia. Para "consuelo" de algunos que ven en ellos el objeto de una venganza, ellos viven el miedo, viven la soledad, viven el rechazo y la discriminación por haber sido actores del conflicto armado. Para "satisfacción" de algunos que nunca han creído en ellos, los desmovilizados viven día a día la dualidad de la pobreza y las oportunidades de ganancia fácil que nuestra sociedad ofrece. Para "tranquilidad" de algunos que quisieran ignorar que ellos existen, viven la violencia que en los cuatro años de proceso de desmovilización de las autodefensas deja más de mil desmovilizados muertos y a muchos más alejados de los programas de reintegración por físico miedo.


Para estos hechos podemos ofrecer explicaciones para todos los gustos, pero lo que en su conjunto nos muestran, es que para el Colectivo de Desmovilizados la reintegración tiene graves problemas, como igualmente los tiene, y acaso mayores para las víctimas o para las comunidades en las que se vienen adelantando las propuestas de reintegración.


Los excombatientes no sólo dejamos las armas. Ellas eran ante todo un símbolo: el de un ejercicio de poder violento. Legítimo o no, un fusil es un pedazo de poder, y se necesitan razones, convicciones y valentía para renunciar a él. Y en el momento de la desmovilización y el desarme, entramos en una categoría nueva, inclusive difícil de definir, y empezamos a vivir problemas muy serios que al victimizarnos nos hacen sentir más solidarios que nunca con el dolor de todas las víctimas que el conflicto armado ha producido y sigue produciendo. Por eso, la encrucijada de un desmovilizado no es antes, sino después de la desmovilización. Cuando regresamos a la sociedad y nuevamente el conflicto irresuelto nos pone en la disyuntiva de escoger entre ser víctimas, victimarios o exiliarnos fuera de nuestro terruño, o incluso del País. Frente a este "estado de cosas" sí nos toca rebelarnos con sana y democrática rebeldía, porque el DDR no tiene sentido ni futuro si es sólo una escala hacia el reciclaje del viejo conflicto que sigue sin solución.


Pero, volviendo a la verdad, sobre ella es mucho lo que se ha hablado, y a la vez, muy poco lo que se ha dicho. La exigen unos, la temen otros, la manipulan con fines de lucro los de más allá, pero sigue estando ahí, porque es un derecho y un imperativo de la humanidad, es decir, derecho y mandato de seis mil millones de personas, entre los que se cuentan los cincuenta mil desmovilizados que hemos sido hasta ahora en Colombia. Paradójicamente, es un derecho y también una obligación para aquellos que dicen, y tal vez hasta creen honestamente, que Colombia no soportaría toda la verdad.


La verdad sobre el conflicto colombiano no es patrimonio excluyente de las minorías, sean unas pocas prestigiosas ONG o algunos masivos medios de comunicación, como no es exclusiva de los procesados judicialmente o de las víctimas. La verdad es patrimonio incluyente de las mayorías nacionales porque compromete el ser nacional, el destino de un Pueblo que quiere saber, y tiene todo el derecho, de qué se trata el conflicto armado y cómo se resuelve por las buenas, porque por las malas solo perpetuaremos el conflicto que nació con la Violencia del los años ‘40, prosiguió durante la Guerra Fría hasta comienzos de los '90 y hoy, bien entrados en el siglo 21 se recicla con formas nuevas igualmente dolorosas y trágicas para los más pobres y humildes, que son quienes integran todos los ejércitos legales e ilegales que existen en nuestro País. Qué harto que ante esta tragedia de más de seis décadas ya, sean las minorías -satanizando y estigmatizando a diestra y siniestra- las que persistan en su manipulación de instrumentar los medios de comunicación y dictar desde ellos -como antes se abusó desde púlpitos religiosos y sectarios- qué es la verdad y qué la mentira. Miremos entonces cómo la reconstruimos y la socializamos entre todos, y decimos reconstruimos, porque consideramos que la verdad es la adecuación entre las palabras y los hechos, que como la misma palabra lo dice, ya están hechos. Hechos que cabe interpretar, incluso polemizar sobre ellos, pero no administrarlos y dosificarlos en beneficio propio o de intereses minoritarios y excluyentes.


Vivimos en la sociedad de la información, y aún más, prácticamente en un "estado de opinión", donde, como decía alguien hace poco, "la verdad es todo lo que uno sea capaz de hacer creer", y, para bien o para mal, nos guste o no, el piso de esa sociedad y ese estado son los medios de comunicación.


Es en este punto donde confluyen los intereses sobre la verdad, una verdad que necesita salir adelante, y cuya posibilidad, nos guste o no, pasa en muy buena medida por las manos de los medios de comunicación, donde tenemos que admitirlo suele suceder que el interés de la empresa periodística prima sobre el interés general de la sociedad que tiene el derecho de ser informada con veracidad, ecuanimidad y sin sesgos. Conciliar la objetividad con la subjetividad bien difícil que es, pero son medios objetivos y veraces los que harán de los procesos de DDR éxitos en términos de sociedad o fracasos sociales empresarialmente exitosos.


Que nada teman de los desmovilizados los tan valiosos profesores de ética en las facultades de comunicación social, ni los editores socialmente responsables o los valientes defensores de los lectores en los grandes medios, que no estamos queriendo moverles el piso con estas humildes y sentidas reflexiones. Son ellos, y no nosotros, quienes tienen a diario, en el ejercicio de sus labores, la histórica misión de reflexionar ante amplios públicos sobre el papel de los medios en los procesos de paz, y concretamente en los procesos de Desmovilización, Desarme y Reintegración.


Desde nuestras casas o nuestras celdas, algunos incluso desterrados por la extradición con la que se ha pretendido sin éxito acallar nuestra verdad, vemos como los medios se limitan tantas veces a reproducir acríticamente información sin profundizar o buscar más allá de lo visible, o si lo hacen, revisten su acción de ánimo prejuiciado y maniqueo. De igual manera, en los últimos años hemos visto cómo la dictadura del rating hace que los medios se tasen en virtud de quién destape más escándalos, lo que abre el boquete a un alto grado de irresponsabilidad editorial, dejando todo en cabeza de la "fuente" sin tratar siquiera de ver qué intereses mueven a cada loco que aparece con la última revelación escandalosa bajo el brazo.


Creemos que si bien, las diferentes miradas a los hechos pueden ser válidas y necesitan su espacio, y de hecho, la opinión se enriquece con la pluralidad de enfoques, con todo el espectro de tipos de información, es necesario revisar los marcos de referencia en función del interés social, a partir de los cuales se deciden y asumen los contenidos de los medios.


Por eso, para terminar, desde nuestra perspectiva, con humildad académica y respeto por sus profesiones, pero también con la autoridad moral que nos da el haber dejado las armas y el ser protagonistas, así sea tal vez en el papel de los "malos de la película", en este proceso colectivo de construcción social de la Paz y la Reconciliación, queremos invitarlos a reflexionar conjuntamente, a partir de hoy y en adelante, sobre el papel que han venido cumpliendo los medios, a partir de una pregunta:


¿Tienen los medios una perspectiva clara y comprometida del papel que deben jugar en la búsqueda de la Paz y la Reconciliación?


Virginia Woolf, de nacionalidad inglesa, destacada escritora y crítica literaria del siglo pasado, decía que "ninguna cosa sucede realmente hasta que alguien la describe". En este poder de describir lo que sucede en el País reside el poder de los medios, el cuarto poder de las democracias modernas, que precisamente por ese poder que ostenta en el mundo, y Colombia no es la excepción, tiene tamaña responsabilidad en el tránsito de la guerra hacia la paz en la cual el CDC - Colectivo Desmovilizados Colombia está comprometido para honrar nuestra palabra de nunca más la guerra: todas las manos, todas las voces, todos los esfuerzos para la Paz de Colombia y la Reconciliación de su Pueblo.


Muchas gracias.

Fredy Rendón
CDC - Colectivo Desmovilizados Colombia

1 comentario:

  1. necesito una charla con el desparamilitarizados juan esteban ramirez gomez e adriam kalet escobar henao para poder hacer una manisfestacion encontra de los derechos humanos race

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