agosto 06, 2009

137. Ni un voto más para la guerra, todos los votos para la Paz




ASÍ LA VEO YO

Uribe debe ser derrotado en las urnas, no en los pasillos del Congreso

Por Juan Rubbini

juanrubbini@hotmail.com
www.lapazencolombia.blogspot.com


La mayoría de los estudios sobre la violencia colombiana, especialmente los escritos durante las últimas dos décadas, tratan de explicar su supuesta omnipresencia (o continuidad). Algunos estudios postulan conexiones entre las muchas guerras y conflictos de nuestra historia. Otros precisan varios mecanismos de reproducción de las conductas y prácticas criminales. En general, la mayoría de estos estudios pueden considerarse como variaciones sobre un mismo tema dominante: la violencia engendra violencia. O la violencia del pasado alienta y sostiene la violencia del presente.

(Alejandro Gaviria, Prólogo al libro Las cuentas de la violencia, de Fabio Sánchez, 2006)


Insólita la mendicante gira internacional de Uribe en su vano intento de explicar lo que no necesita explicarse, cuando toda América sabe que las verdades de Uribe son verdades a medias y sus silencios más elocuentes que cualesquiera de sus palabras. Uribe pretende involucrar a los Estados Unidos en un conflicto armado interno donde solo Chávez –por su influencia en las FARC- y Uribe –por haberlas golpeado como nadie y tener a medio camino su negociación con las autodefensas- tienen las llaves de la solución política negociada, y donde Uribe mejor haría por Colombia invitando a los presidentes del área –también a los de Estados Unidos, Venezuela y Ecuador- a ayudarnos a los colombianos a alcanzar la paz con los alzados en armas en vez de sembrar vientos que no podrán sino cosechar tempestades.

Si la desconcertante actitud de Uribe frente a los caminos de solución del conflicto armado es nefasta para la paz de Colombia y pone en riesgo la de por sí demorada integración continental, su afán de manipular a los Estados Unidos debiera merecer la inmediata toma de distancia de la administración Obama si éste y Hillary no quieren quedar atrapados en las telarañas diplomáticas que generaría una tercera presidencia Uribe la cual constituiría una provocación insensata y a todas luces innecesaria que costará caro al avance de la democracia en la región.

El favoritismo de los ciudadanos por Uribe en las urnas está por verse y hasta sería bueno que pudiese verse en los hechos. Sería lo aconsejable si pudiera lograrse sin violentar la Constitución vigente. Nada más legítimo para el próximo presidente de Colombia que derrotar a Uribe en las urnas: estoy convencido que Colombia puede hacerlo, es más, creo que es el único camino legítimo y legitimador del gobierno que asuma el 7 de agosto de 2010. Ni Chávez ni Uribe, eso está claro para quien esto escribe. Pero también está claro que a ambos hay que derrotarlos en las urnas, no en los editoriales ni en conciliábulos a puertas cerradas. De eso se ocuparán los pueblos de Colombia y de Venezuela que no nacieron para ser mandados por nadie ni mucho menos para ser cautivos de ambiciones personalistas y populistas a las que hay que sepultar en los anaqueles de la historia si queremos liberarnos de toda estupidez, de toda complacencia con egos desmesurados y ridículos.

Uribe y Chávez deben ser exigidos, puestos a prueba, pero no enfrentándolos el uno con el otro, sino evidenciando sus complicidades, sus similitudes, su asociación litigante que los vincula más que los separa, sociedad de vanidades inconveniente para el presente y futuro de la democracia en la región.

La oposición a Uribe ha ido ganando terreno y lo ha hecho por fuera pero también por dentro de quienes han sido ‘uribistas’ estos últimos siete años. Las encuestas merecen ser puestas a prueba, y también candidatos como Santos y Arias que no pueden seguir jugando con que sí son candidatos pero no lo serían si Uribe lo fuese. Por eso me gustan Vargas Lleras, Petro y Fajardo: porque tienen carácter renovador y talante suficiente y se le miden a derrotar a Uribe en el terreno donde merece ser derrotado, sin temerle ni hacerle reverencias al ‘caballo favorito’ ni a los ‘caballos del comisario’. Si algo no me agrada de Santos y Arias son sus supuestas ‘lealtades’ subordinadas a las decisiones de Uribe, porque eso sabe a que su Presidencia sería la de Virreyes, o algo peor: la de traidores, que una vez en el poder le hacen conejo a Uribe devuelto al llano.

Quienes siguen mis columnas saben –o intuyen- que prefiero que Uribe sea derrotado en las urnas, no en los pasillos del Congreso. Que sea derrotado donde ganan o pierden los políticos de raza, en el recuento de los votos. Es lo mismo que auguro para Chávez: que sea el mismo Pueblo que lo elevó a su condición actual quien le impida –voto a voto- seguir polarizando las Américas entre falsas disyuntivas. El dilema a resolver aquí y ahora en las Américas es qué hacemos con el rol de los Estados Unidos y con lo que ha dado en llamarse el “socialismo del siglo XXI”. Me gusta el desafío que implica la existencia de tesis y de antítesis políticas, pero más me satisface que a partir de ellas se construya la síntesis que enhebra en la misma aguja del diseño político lo conveniente y oportuno que anida en los unos y en los otros.

Ni la hegemonía de los unos ni el “revolucionarismo” de los otros me seducen pero tampoco me asustan. Ciertamente no son ángeles pero tampoco son demonios. Son producto de la Historia humana, que comenzó hace milenios y proseguirá a no dudarlo unos cuantos milenios más. Tiempo es lo que nos sobra como Humanidad, lo que nos falta es paciencia, y a veces prudencia y tino.

Claro que hay prioridades y hay urgencias: Las Américas deben apostar por la Paz en cada país y en toda la Región, de Alaska hasta Tierra del Fuego. También por la república, la democracia y el cumplimiento de las leyes, la libertad de conciencia y de acción, la educación y la sanidad, la vivienda y el trabajo, la prosperidad y la solidaridad, la cultura del diálogo y el compromiso social, la cultura de los derechos humanos y el respeto por las creencias religiosas y espirituales.

No existen hasta hoy paraísos sobre la Tierra, pero debemos proponernos construir al menos uno en este siglo y debe ser América.

Ni un solo voto más para la guerra, todos los votos para la Paz.


Así la veo yo.


Los 137 artículos que componen la serie publicada –iniciada en de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en
www.lapazencolombia.blogspot.com

También encontrarán allí los artículos de la serie PARADERO 2010 iniciada en diciembre de 2008.

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