agosto 19, 2009

138. El 'conejo' de Uribe a los 'paras' comienza a pasar factura

ASÍ LA VEO YO

El trío Vargas, Fajardo y Petro suena más afinado que cualquier quinteto

Por Juan Rubbini
juanrubbini@hotmail.com
http://www.lapazencolombia.blogspot.com/




“En general, no hay nada más importante en la vida que establecer de forma exacta el punto de vista desde el cual deben juzgarse y considerarse las cosas y mantenerlo luego, porque solo podemos comprender el conjunto de acontecimientos en su unidad, desde un punto de vista, y solo manteniendo estrictamente este punto de vista podemos evitar caer en la inconsecuencia (…). Que el punto de vista político debiera cesar por completo en sus funciones cuando comienza la guerra solo sería concebible si las guerras fueran luchas de vida o muerte, originadas en el odio puro. Tal como son las guerras en realidad, solo constituyen manifestaciones de la política misma. La subordinación del punto de vista político al militar sería irrazonable, porque la política ha creado la guerra; la política es la facultad inteligente, la guerra es solo el instrumento y no a la inversa. La subordinación del punto de vista militar al político es, en consecuencia, lo único posible.”

(Karl von Clausewitz, (1780-1831), De la guerra)




Si Uribe piensa que con el ofrecimiento de las bases encolumnará a los Estados Unidos tras su reelección los invito a pensar qué tal si los norteamericanos están pensando otra cosa: que bienvenido todo lo que Uribe les ofrezca gratis en su último año de mandato, porque así le evitarán al sucesor –que ya tienen in pectore y seguramente no es Uribe- que asuma en 2010 el costo que Uribe habrá pagado de su menguante caudal electoral pensando en allanar su reelección, cuando en realidad le está facilitando el camino a quien lo suceda. Finalmente, “nadie sabe para quién trabaja…” y más si lo único que hace en la vida es trabajar, trabajar y trabajar.

De los tres grandes actores del conflicto armado colombiano, en la década de los ’90, solo las extintas Autodefensas Unidas de Colombia supieron privilegiar con su desmovilización lo político por sobre lo militar, lo cual las ha colocado estratégicamente, a estas horas, en desventaja judicial y de derechos, pero superado el escollo de Justicia y Paz –extradición incluida- su ventaja política en las regiones ‘desinstitucionalizadas’ por la falta, desinterés o corrupción del Estado, se hará evidente, y esto nadie lo ignora en Colombia, ni siquiera en las grandes capitales, incluida Bogotá donde el mismo Congreso es y seguirá siendo mientras subsista el conflicto, una auténtica Caja de Pandora.

Entre tanto, Uribe no ha sabido transformar internacionalmente su favorable relación de fuerzas militares en credibilidad y legitimidad del Estado y democracia colombiana, así como las FARC no han logrado sobrellevar indemnes la acometida militar de Uribe, ni han sabido capitalizar políticamente el extremismo militarista de Uribe, que desafecto a politizar la solución pacífica, concluirá su mandato sin haber concretado la victoria militar ni ganado la paz como su superioridad militar le hubiese posibilitado. Por eso insisto, los ex comandantes de autodefensas están mal pero van en el buen camino, mientras que Uribe está muy bien pero va muy mal, y las FARC ni están bien ni van bien, salvo que estén por sentar sus reales y radicarse en algún país vecino dispuesto a recibirlas.

¿En qué momento se jodió el camino de la tercera presidencia de Uribe? Nadie me podrá quitar de la cabeza que en el momento en que Uribe decidió ponerle “conejo” a las autodefensas desmovilizadas y encarcelar a su contraparte en la mesa de negociaciones –no bien asegurada su reelección en 2006 y apenas desmovilizado el último bastión ‘para’ de esa generación, Fredy Rendón, apodado ‘el Alemán’- una parte decisiva de su caudal electoral y de su ‘angelismo’ político se perdió para siempre. La injusticia es injusta, más aún si la produce el Poder Presidencial en un País Presidencialista sobre la indefensión de sus propios invitados a la mesa de la paz… y desde que el hombre es hombre, “no hay deuda que no se pague, ni plazo que no se cumpla”.

Soy de los que piensa que Uribe puede que logre ser candidato presidencial en 2010, pero no logrará ganar esas elecciones. Tal vez gane la primera vuelta pero según la veo yo perderá en la segunda. Y si esto sucede, es decir, si logra sacar el referendo adelante, y si pierde en elecciones limpias, será lo mejor para el futuro de Colombia.

Las encuestas que se conocen parecen contradecir mis opiniones al respecto, pero me reservo el derecho de imaginar un devenir diferente de aquel que tendencialmente marcan hoy las encuestas. No se nos olvide que Uribe viene siendo candidato desde 2001 mientras que Vargas Lleras, Fajardo y Petro no cargan con el peso de la fatiga del metal –ni del cansancio del público- y sus aspiraciones alientan la esperanza del cambio. La intensidad de Uribe, su predisposición a producir crispación, tiene a Colombia al borde del ataque de nervios y eso estresa a cualquiera. O dicho de otra manera, se puede haber sido ‘uribista’ en algún tiempo, o ser aun hoy ‘uribista’ en algunas cuestiones, pero eso de ser uribista todo el tiempo y en todas las cuestiones, no solo no suena democrático sino que tampoco condice con el talante colombiano.

El mismo público que adhiere a Uribe en las encuestas, lo hace en muy respetable proporción, decidido a votar distinto a Uribe en 2010. Los liberales comienzan a ver a Vargas Lleras como el candidato de sus reivindicaciones, al tiempo que conservadores, independientes e izquierdistas están pensando que con Fajardo o con Petro pueden hacer que su voto decida la renovación no uribista del País hastiado de la guerra, de la corrupción y del crimen asociado a la política.

Si como analista me detengo en la contradicción principal de la sociedad colombiana, de inclusión o exclusión social, debo admitir que Uribe es totalmente indiferente al tema. En cambio ni Vargas como liberal de estirpe, ni Fajardo como académico inteligente y maduro, ni Petro con su pasado guerrillero y su discurso de izquierda “aggiornada” son ajenos a que Colombia más que ganar la guerra debe dedicar todos sus esfuerzos a ganar la paz. Y no precisamente la paz de los cementerios tan del gusto de Uribe sino la paz del conflicto asumido como etapa del crecimiento, como condición limitante que debe ser superada con soluciones políticas consensuadas, no echando bala e incendiando la propia casa y la de los vecinos.

Me diferencio tajantemente de aquellos que por temer a perder las elecciones con Uribe están dispuestos a politizar la Justicia –o judicializar la política- con tal de impedir que el presidente se salga con la suya. No se trata de impedir el triunfo ajeno sino de derrotar al adversario con la validez y efectividad de la propia acción y persuasión política. No se debe abusar de la fuerza de las armas y el chantaje del miedo –como hacen Uribe y las FARC- cuando se poseen argumentos y talante suficiente para sumar a los colombianos a sus huestes. No veo ni a Vargas ni a Fajardo ni a Petro en ésas, por eso la democracia colombiana tiene buenas razones para ver a 2010 con optimismo y confianza en las propias fuerzas, moralmente superiores a las de cualquier adversario por poderoso que luzca en las encuestas.

Uribe pagará un alto precio por no haber sabido utilizar sus victorias militares como semillas de paz y reconciliación. Uribe se equivoca cuando confía más en el ‘engañapichanga’ coyuntural, en el descubrimiento del ‘agua tibia’ de la seguridad democrática –remedo de la ‘seguridad nacional’ de las dictaduras de los ’70- que en la vocación pacífica, alegre y ‘por las buenas’ de los colombianos que no por obligados a convivir con la violencia se han enamorado jamás de ella. Tampoco creo que sea Uribe quien se equivoque por su instinto natural y espontáneo, sino por los artificios de aprendices de brujos y alquimistas sin corazón, quienes le han hablado al oído en estos años y lo han vuelto prisionero de sus ambiciones, rehén de sus temores de volver al llano. Lo han vuelto a Uribe temeroso de su propio pueblo, más ocupado en recitar su discurso que en auscultar las profundidades del sentimiento nacional.

Quien llegue después de Uribe heredará seguramente un País mejor que el que recibió Uribe de Pastrana. Y esto habla bien de su Gobierno en términos relativos si lo comparamos con gobiernos anteriores. Esto nadie lo discute hoy en Colombia. Mucho menos lo cuestionan Vargas, Fajardo y Petro.

Los problemas de hoy no son los mismos que los de 2002 y 2006, pero son igualmente serios y desafían la imaginación y la creatividad, exigen sangre nueva, mentes abiertas al futuro, no más de lo mismo, ni la mirada en la nuca regodeándose el ego con lo ya alcanzado.

Ni mucho menos el sicariato moral e inquisidor de aquellos que han hecho de su uribismo y el culto de la personalidad del líder su coartada para evitar lo que inevitablemente llegará con el 7 de agosto de 2010: la verdad verdadera sobre el proceso inconcluso con las autodefensas y los meandros de la extradición, la reparación de las víctimas que la seguridad democrática no supo ahorrarle a los colombianos y la justicia que cojea pero llega, no por revanchismo ni cobrando viejas deudas, sino porque la paz que anhelamos para Colombia ni se escuda en la impunidad ni reescribe la Historia en favor de los próceres de turno.


Así la veo yo.


Los 138 artículos que componen la serie publicada –iniciada en de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en

www.lapazencolombia.blogspot.com

También encontrarán allí los artículos de la serie PARADERO 2010 iniciada en diciembre de 2008.

1 comentario:

  1. señor le doy toda la razon.hay que sacarle la pus al pais a ver si empieza a sanar la herida.

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