agosto 26, 2009

139. "El Dorado" ético en tiempos de conflicto

Donde ayer fue el oro hoy es la ‘narcoeconomía’ del conflicto

Por Juan Rubbini

juanrubbini@hotmail.com
www.lapazencolombia.blogspot.com


“Turba su mente el colosal tesoro y en los oleajes de la fronda gualda, el sol incendia la Leyenda de Oro”
(Javier del Granado, Poema La leyenda de El Dorado)



Cuando indagamos acerca de la guerra y la paz, a lo largo de la Historia, advertimos que la vida nos habla desde los sitios y personajes más inesperados. En Colombia todo el “aluvión” desatado sobre lo que unos llaman ‘conflicto armado y social’, y otros relativizan como ‘amenazas terroristas’, o ‘puro narcotráfico’, constituye un continuo que sólo dispersa sabidurías e ignorancias en los laberintos de la confusión humana.

Resulta imperioso avanzar en la búsqueda de claves que faciliten las búsquedas presentes y futuras, así como la reelaboración de los elementos vislumbrados. Posamos la mirada sobre el pasado como instintivo reflejo de preparar el salto inevitable, desde el mítico pasado hacia el inescrutable porvenir. La continuidad descubierta vuelve estériles las vanas contradicciones entre lo que “fue” y lo que “será”, siendo que el “hacerse” del presente inasible resulta un proceso fascinante que excede las categorías del tiempo lineal.

Urge hallar respuestas tanto como formular preguntas: albergamos dudas sobre si la Ética es conocimiento a construir o ley de naturaleza espiritual cuya búsqueda tiene tanto que ver con la filosofía como con la arqueología del alma humana. ¿Existe la Ética en algún espacio ‘platónico’ o sólo es dable que existan elementos dispersos cuya reunión tiene que ver con la particular intención y habilidad del estudioso?

La leyenda del Dorado: donde ayer fue el oro hoy es la ‘narcoeconomía’ del conflicto. El interrogante de fondo alude al necesario discernimiento sobre si resulta utópico programar la elaboración metódica del “Dorado Ético”. ¿Es accesible a la limitación humana el acceso a los confines que delimitan la Ética?

El dilema está planteado en mínima escala y su sola existencia revela hasta qué punto el desconcierto impregna esta aventura incipiente tiñendo la aproximación al discurso ético con mucho más de interrogante que respuesta. Los sustentos del razonamiento sobre la necesidad de disponer de una Ética, como “ciencia de la virtud” aplicada al conflicto –y los múltiples por qué de su narco-financiación- alude a tragedias que sacuden el tejido social del mundo globalizado.

La presencia de un cándido voluntarismo, encendiendo la chispa del pensamiento resulta inevitable constancia de la relación existente entre la huella que se imprime al vivir el conflicto y la mirada que permanece absorta y meditabunda en el contexto acuciante que nos convoca y exige, también desde el reclamo de la educación para la paz. Abordar el todo continuo donde se insinúa el cuerpo de una Ética fundadora y fecunda, invita no detenerse a cavilar, ni quedar inmóviles, anclados ante tal o cual premisa ideológica.

Esto no implica desconocer el valor de la sistematización metódica ni de la construcción ordenada y secuencial de una red dialéctica de pensamientos. Es el reconocimiento de la urgencia de iniciar el camino hacia el cese de la guerra y de las guerras, lo que vuelve atractiva la inclinación hacia la praxis, que estimula a soltar amarras y partir, intuyendo que sólo será andando como nos será dado ir descubriendo el hilo conductor donde contradicciones y analogías, paradojas y divergencias, irán articulando la trama donde se abrirán los espacios del análisis, la crítica y la síntesis.

Una ética de la paz no podrá sino resultar múltiple y transversal. Urge pensar y repensar los modos que asume el conflicto armado, los que participan –en su aprehensión desde el sujeto investigador– de esa característica inicial de indefinición y ambigüedad, sobre cuyo rostro enigmático y plural, cabe tallar la construcción ¿o el hallazgo? del “Dorado Ético”. Si no llegase a ser percibido así por el viajero de la experiencia, a la vez maestro y aprendiz, resultaría una aventura intelectual atractiva pero ajena del matiz esencial, entre seductor y romántico, que enciende la multiplicación de itinerantes estrellas sobre las que sobrevuelan mínimas claves que nos corresponderá descifrar durante el proceso de aprendizaje y enseñanza.

El aquí y ahora del conflicto armado colombiano es el acertijo mayor: nos ha escogido y determinado en el papel de ciudadanos de una república que aspira ser democrática y justa, porque no lo es y lo quiere ser, sobre todo el territorio, desde sus centros dispersos hasta el confín de sus periferias múltiples. Es sobre estos territorios, a la vez geográficos y mentales, donde somos el objeto y sujeto de conflictos, que no son tales porque los contemplemos a diario, sino porque a diario son esos conflictos quienes golpean nuestras sienes, con la secreta esperanza de que no falten respuestas inteligentes y tampoco preguntas acertadas desde el “Dorado Ético” de la creatividad y la academia.

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