agosto 13, 2009

14. Aquí el problema central no es Uribe, lo imperdonable es el conflicto y la exclusión




PARADERO 2010

SÍ al referendo reeleccionista, NO a Uribe guerrerista, sectario y excluyente

Por Rubiño

juanrubbini@hotmail.com
www.lapazencolombia.blogspot.com


“El poder estaba encarnado en el príncipe, y por lo tanto daba a la sociedad un cuerpo. Y a causa de esto, un conocimiento latente pero efectivo de lo que uno significaba para el otro existía en el conjunto social. Este modelo muestra el rasgo revolucionario y sin precedentes de la democracia. El lugar del poder se convierte en un lugar vacío (…). El ejercicio del poder está sujeto a procedimientos de redistribuciones periódicas (…). El fenómeno implica una institucionalización del conflicto (…). En mi opinión, el punto importante es que la democracia es institucionalizada y sostenida por la disolución de los indicadores de la certeza. Inaugura una historia en que la gente experimenta una indeterminación fundamental en cuanto a la base del poder, la ley y el conocimiento, y en cuanto a las bases de las relaciones entre el yo y el otro, en todos los niveles de la vida social.” (Claude Lefort, “The question of democracy” en Democracy and Political Theory, Minneapolis, University of Minnessota, 1988)


Así como defiendo el derecho de los ciudadanos de exigirle al Congreso que tramite el referéndum reeleccionista y habilite las reformas a que haya lugar para que se pueda votar por Uribe en 2010, también manifiesto que una tercera presidencia consecutiva de Uribe es tan nociva para la democracia como innecesaria para el País.

Pero hay algo más que a mi modo de ver es medular en este asunto. Si Uribe no es vencido en las urnas su fantasma sobrevolará la gobernabilidad durante 2010-2014, años que Colombia requiere para avanzar en cuestiones políticas, económicas e institucionales.

Y no solo eso, sino que hay dos cuestiones fundamentales que deben ser resueltas con Uribe, sin Uribe, o incluso, a pesar de Uribe. Colombia debe alcanzar en el próximo decenio dos objetivos simultáneos: cero conflicto armado y cero exclusión social. Y esto no será factible de resolver si no se avanza desde 2010 hacia un gobierno de unidad nacional, de consenso político sobre lo fundamental, de punto final a los cultivos ilícitos y solución política negociada de la guerra entre Estado y Estados de facto.

Banalizar la década del bicentenario de la Independencia convirtiendo la gesta libertadora en mero simbolismo caballista y folclore retro es una afrenta imperdonable a la significación que adquiere el desafío de la época: acabar con la exclusión y acabar con la guerra. Es decir, independizar a Colombia del monopolio de las clases políticas sobre los hechos políticos que conciernen a las grandes mayorías nacionales, así como liberar los territorios patrios que permanecen sometidos a la violencia y el crimen, por el abandono estatal y la corrupción de sus funcionarios.

Los uribistas tienen derecho de votar una y mil veces por Uribe, pero quienes no somos uribistas tenemos el mismo derecho de evitar dictaduras y populismos, así como guerras y conflictos que pueden y deben ser resueltos políticamente, apelando a todos los recursos que ofrecen las mediaciones internacionales y las agendas que privilegian los acuerdos por sobre las imposiciones, la flexibilidad por sobre los inamovibles.

Colombia padece la guerra y la exclusión, sin embargo el problema mayor sigue siendo que ganan elecciones quienes promueven ambos flagelos apelando a eufemismos y retóricas que echan mano de abstracciones tales como “guerra al terrorismo” o “guerra al narcotráfico” que no buscan el final de los conflictos armados a través de la solución política negociada sino a través de victorias pírricas o sencillamente imposibles que postergan sine die, a un futuro inalcanzable, lo que hay que construir hoy a partir del ejercicio de la política, a partir de la argumentación y el debate, y principalmente a partir del reconocimiento del otro a pensar y soñar distinto, a buscar por otros caminos la concreción de sus ideales sociales.

¿Bajo qué condiciones votaría por Uribe en 2010? El problema central de Colombia no es Uribe, ni son las FARC, ni las Autodefensas, tampoco lo son los narcotraficantes. Más bien todos ellos, incluido Uribe, son partes del mismo problema sistémico, del mismo entramado de cosas políticas –finalmente sociales y económicas, también culturales- que han evitado poner sobre el escenario de discusión y resolución aquello que constituye la raíz principal de la tragedia nacional: la exclusión social y el conflicto armado. Ambos fenómenos se vienen reproduciendo desde hace más de medio siglo sin que las clases políticas ni los presidentes que se han sucedido desde finales de los ’40 hayan tomado el toro por los cuernos.

Con exclusión social rampante, endémica y fatalmente aceptada no solo no hay mercado interno ni economía viable sino que tampoco hay democracia vital y auténtica. Uribe, popular y todo, no ha sido elegido por más del 25 % de la población habilitada para votar.

Con conflicto armado institucionalizado y pandémico que reduce la presencia del Estado social de derecho a menos de la mitad del territorio nacional la lucha ya no es entre legales e ilegales, sino entre legalidades diferentes, unas estatales y otras guerrilleras, paracas o sencillamente “cosa nostra” cada cual queriendo imponer su propia legalidad a las otras.

Las dos presidencias de Uribe han logrado correr las fronteras del conflicto interno unos cuantos kilómetros pero ello no cambia en absoluto la relación de fuerzas existentes entre legalidades enfrentadas sino que concentra y dispersa a la vez energías que debieran concentrarse en diseñar la salida del conflicto y el final de la exclusión en vez de perpetuar la búsqueda de soluciones que a poco de andar se convierten en nuevos problemas. Porque claro, las fronteras internas que se han corrido de lugar han producido un quiebre en las relaciones internacionales de Colombia con Venezuela y Ecuador. A un punto tal que nadie puede asegurar que sean los vecinos los expansionistas cuando son colombianos de unos y otros bandos quienes cruzan las fronteras y se instalan y delinquen en los países vecinos.

A Uribe no le alcanzaron siete años para resolver los problemas heredados, pero le sobraron para multiplicarlos. Y ahora quiere cuatro años más no para resolver problemas sino para incrementarlos desinstitucionalizando lo que prometió reinstitucionalizar y no ha logrado. Por respeto al pueblo uribista defiendo el derecho de que puedan volver a elegirlo presidente, pero por respeto a las convicciones democráticas, pacíficas y de inclusión social, que son patrimonio de la mayoría de los pueblos de América, incluidos naturalmente los colombianos y colombianas, llamaré a votar en 2010, al Congreso y la Presidencia, solo aquellos candidatos y candidatas que hagan de la paz y la reconciliación, y la inclusión social, las banderas principales que jalonen todas las demás iniciativas que hagan de Colombia, el territorio que soñaron los héroes de la Independencia y la Libertad, en aras de alcanzar progresivamente la Patria Grande Latinoamericana que todavía nos debemos y a la cual no hemos renunciado ni renunciaremos jamás.


Así la veo yo.


Los 14 artículos que componen la serie publicada –iniciada en diciembre de 2008- de PARADERO 2010 están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

También encontrarán allí los artículos que integran la serie ASÍ LA VEO YO iniciada en MARZO de 2005 y dedicada al proceso de paz con las autodefensas.

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