septiembre 24, 2009

1. Historia y Contexto: Autodefensas y Paramilitares, actores del conflicto armado y de la paz

1. Idea general, comentarios, selección de textos y resúmenes a cargo de Juan Rubbini (2009)


La magnitud inédita en la historia del conflicto armado colombiano alcanzada por la desmovilización de más de treinta mil integrantes de las extintas AUC y los desarrollos posteriores en los Tribunales de Justicia y Paz, en el marco de un proceso de paz aún incierto e inconcluso, signado por las contradicciones, las dudas y las estigmatizaciones, así como la extradición de trece de los máximos comandantes y el asesinato de miles de sus ex combatientes y familiares -incluidos los controvertidos hermanos Carlos y Vicente Castaño, fundadores de las Autodefensas Unidas de Colombia-, abre un interrogante histórico sobre la realidad subyacente y concomitante al fenómeno de este actor armado ilegal, de carácter antisubversivo, cuyos orígenes , desarrollo y desmovilización entre 2003 y 2006, en la cima de su poderío militar y económico, genera más interrogantes que respuestas entre analistas, académicos e historiadores.

En los capítulos de la historia colombiana que comenzamos a resumir aquí pretendemos acercar elementos de contexto que ayudarán en lo sucesivo a delinear un panorama donde el fenómeno de las autodefensas y paramilitares vaya adquiriendo un perfil menos caricaturesco y más aproximado a su real dimensión e influencia en la historia del conflicto armado, así como en la elaboración de material de apoyo a las negociaciones de paz y reconciliación que se adelanten en el futuro con participación de todos los actores que han protagonizado las hostilidades y siguen enfrentados en el territorio nacional alimentados en sus finanzas por los dineros de las narcoeconomías y los impuestos y contribuciones -incluso pago de secuestros y extorsiones- que costean los ciudadanos y empresas.

El orden de los sucesivos capítulos no es cronológico sino que a modo de collage se irán presentando los distintos componentes en un mosaico de autores y opiniones que busca objetivizar en un cuerpo complejo y abarcador la mayor cantidad de acopio histórico que facilite la comprensión del entramado del conflicto social, económico, político y militar en el actual las autodefensas colombianas se distinguen de los paramilitarismos clásicos para adoptar una caracterización que hace de su conformación como tercer actor del conflicto -ni guerrillas ni Estado, ni revolucionarios ni solamente contrarrevolucionarios- ilegales pero también representativos de conglomerados sociales, opuestos al izquierdismo armado, desconfiados en general de la izquierda democrática -fatal presa de la combinación de todas las formas de lucha, pregonadas y practicadas no solo por la izquierda comunista sino también por la derecha armada y recalcitrante.

Comenzamos esta serie con el esbozo de unas líneas sobre el gobierno de Belisario Betancur (1982-1986) y sus iniciativas de paz dentro y fuera de Colombia, así como sobre aspectos de la descentralización del poder y la elección popular de alcaldes. De una u otra manera la historia de las autodefensas y paramilitares en Colombia está relacionada con los intentos de concretar procesos de paz con las guerrillas, los cuales eran vistos con recelo y enorme desconfianza por parte de sectores de las fuerzas armadas y de seguridad así como por integrantes del Establecimiento nacional y regional y de las clases políticas asociadas. Estos procesos de paz y políticos no explican en su totalidad el nacimiento de los grupos de autodefensa pero ofrecen una pista acerca de los nexos iniciales que están inextricablemente unidos a los orígenes del fenómeno donde lo ideológico y lo territorial no siempre han estado claros. Lo mismo puede decirse del empoderamiento regional asociado a los dineros que comenzaban a fluir por parte de las actividades de narcotráfico, básicamente marihuana en los '60 y '70 y luego cocaína a partir de los '70 y '80. Cuando estos dineros comenzaron a producir lo que ha dado en llamarse la "contrarreforma agraria" el círculo vicioso del conflicto armado comenzó a cerrarse creando las condiciones de reproducción y crecimiento de la violencia que se aceleró notablemente a partir del fracaso del proceso de paz entre el Gobierno Betancur y las FARC, lo que trajo como consecuencia la catástrofe de la Unión Patriótica y el desborde criminal de los Rodríguez Gacha y Escobar, a cargo de quienes se multiplicó la violencia antiizquierdista e indiscriminada que favoreció el rearme de todas las fuerzas legales e ilegales enfrentadas.


Gobierno de Belisario Betancur (1982-1986)
Por Juan Camilo Restrepo
Nueva Historia de Colombia
Editorial Planeta 1989, r. 1998


Su espíritu tolerante le permitió a Betancur trazar un marco de perspectivas amplias a su política de paz, que infortunadamente no se vio coronada de los éxitos que presagiaba la generosidad con que fue formulada en su discurso de posesión.

Hubo hechos exógenos que determinaron, para bien o para mal, muchas de las principales políticas que puso en marcha su gobierno. El endurecimiento de la administración Reagan con relación a Nicaragua y al gobierno sandinista determinaría gran parte de la gestión mediadora del grupo de Contadora, que terminó convirtiéndose en uno de los pilares de la política internacional de la administración Betancur.

Elegido por 3.134.962 votos (sobre su inmediato rival Alfonso López Michelsen quien obtuvo 2.658.691 sufragios), Betancur llega a la presidencia con un amplio e incuestionable mandato para desarrollar su programa de gobierno. El tema de la paz ocupa lugar principalísimo.

El país acababa de salir de una administración, la de Julio César Turbay Ayala, que se caracterizó por usar una mano extremadamente dura, apoyado en frecuentes estados de excepción para manejar el tema del orden público.

En su discurso de posesión Belisario Betancur expuso su gran llamado a la paz:

"Levanto una bandera blanca de paz para ofrecerla a todos mis compatriotas. Tiendo mi mano a los alzados en armas para que se incorporen al ejercicio pleno de sus derechos, en el amplio marco de la decisión que tomen las cámaras. Les declaro la paz a mis conciudadanos sin distinción alguna: ¡a esa tarea prioritaria me consagro, porque necesitamos esa paz colombiana para cuidarla como se cuida al árbol que convocará bajo sus gajos abiertos a toda la familia nacional!"

La administración Betancur se inicia con la ley 35 de noviembre 19 de 1982, expedida a dos escasos meses de iniciado el gobierno, por medio de la cual se otorgaba una amnistía a "los autores, cómplices o encubridores de los hechos constitutivos de delitos políticos, cometidos antes de la vigencia de la presente ley". La política de paz comienza entonces con una ley de amnistía, votada mayoritariamente por las cámaras y, obviamente, con la aquiescencia de los partidos mayoritarios.

Después se ha criticado al gobierno Betancur de haber llevado una política caprichosa en materia de paz, de espaldas al querer mayoritario del país. Eso no es cierto. Su implementación pudo haber sido desafortunada y desordenada, pero nunca caprichosa, puesto que parte de la legitimidad de una ley de amnistía que votaron favorable y mayoritariamente las cámaras legislativas.

Por decreto 2711 de 1982 se creó la primera comisión de paz presidida por el ex presidente Carlos Lleras Restrepo inicialmente, y posteriormente por Otto Morales Benítez. Más tarde se designó otra comisión, de verificación de los acuerdos de tregua y cesación de fuego que se suscribieron con las FARC, el M-19, el EPL, y ADO (Autodefensa Obrera), el 28 de marzo de 1984 y el 24 de agosto del mismo año. Uno de los problemas que se enfrentaron fue la multiplicidad de comisiones y, por tanto, la dispersión de responsabilidades.

Alfredo Vásquez Carrizosa dice al respecto: "En términos generales, los acuerdos de tregua y cesación del fuego eran una recompensa al presidente Betancur por su esfuerzo a favor de la pacificación y, con todos sus defectos, daban una perspectiva distinta de la que ofrecía la aplicación continuada del estado de sitio. El mecanismo para aplicarlos se tornó excesivamente complejo con la multiplicación de las comisiones, que se aumentaban casi hasta el infinito. A la primera comisión de paz de 1982 se le añadió la comisión de verificación, con otros cuarenta miembros, en 1984, y también en ese año la comisión de diálogo y negociación, con otros cuarenta y, por fin, las diez subcomisiones de estudios de temas para el "diálogo nacional", lo que dio en total, más de cuatrocientos asesores presidenciales.

Hablamos entonces, en la prensa, del fenómeno de la "comisionitis", porque no hay problema que resista el tratamiento de una torre de babel".

Desde un comienzo se hizo notoria la diferente perspectiva con que miraban sus ámbitos de competencias las fuerzas armadas y la comisión de paz. Las primeras insistían en que las responsabilidades de la comisión eran simplemente las de proponer vías de reinserción de los alzados en armas a la vida civil, mientras que la comisión consideraba que sus tareas llegaban más lejos, e incluían, por supuesto, los diálogos con las fuerzas subversivas, cosa que los mandos militares nunca vieron con buenos ojos.

El 25 de mayo de 1983, Otto Morales renunció a la presidencia de la comisión, denunciando la existencia de "enemigos de la paz y de la rehabilitación, que están agazapados por fuera y por dentro del gobierno".

(Continúa...)

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