septiembre 23, 2009

141. Bienvenidos la Comisión de la Verdad y los Conciertos por la Paz y la Libertad


La verdad nos libera, la guerra nos esclaviza y nos condena a la mentira



Por Juan Rubbini
juanrubbini@hotmail.com
www.lapazencolombia.blogspot.com


“A los muertos, nuestros muertos. A más de 25 años de finalizada la guerra cruenta y salvaje de la década del ’70, nos ha quedado el triste saldo de muertos de las fuerzas legales y terroristas; de pacíficos y violentos; de hombres y mujeres; de derechistas e izquierdistas; de inocentes y culpables; de buenos y malos; de ancianos y niños; de ricos y pobres. Ellos tenían un denominador común: eran todos argentinos. Ellos son los muertos, nuestros muertos. Transcurrido este lapso, ya es hora de deponer la práctica ruin de sacar ventaja de los caídos, basada fundamentalmente en el homenaje a unos, y en el regocijo por la muerte de “los otros”. La Patria imperiosamente necesita una reconciliación. El eterno rencor a nada conduce, sólo a mantener vivo el odio y a fomentar que estas cosas vuelvan a suceder. Pero para la tan ansiada como nunca concretada reconciliación definitiva, es menester primeramente alcanzar una verdad superadora y supra ideológica. Para tal fin, es necesario dar a conocer la verdad en toda su extensión, que es la única verdad posible. Es sabido que quien dice la verdad a medias, miente dos veces. (Nicolás Márquez, La otra parte de la verdad, Mar del Plata, Argentina, 2004, r. 2007)














El concierto universal de Paz sin Fronteras en La Habana leído en clave colombiana lanzó un mandato claro: Primero la Paz, Segundo la Paz, Tercero la Paz, Siempre la Libertad. Si en Cuba se reunieron el domingo más de 1.000.000 de personas al son de la paz y también de la libertad ¿cuántos millones se reunirían de seguro en Colombia reclamándole Paz y Libertad no sólo a las FARC sino primero y fundamentalmente al Gobierno y al Estado? Y digo primero y fundamentalmente al Gobierno y al Estado porque los ciudadanos no podemos ni debemos renunciar a exigir del Gobierno y del Estado que respeten y hagan posible que la voluntad de los ciudadanos se cumpla. Y no está probado ni avalado en las urnas de ninguna manera que el pueblo colombiano esté pensando que se llegará a la Paz a través de la guerra, mucho menos que entre la opción de la Paz o de la Guerra haya preferido nunca la de la guerra, ni siquiera en 2002, cuando el entonces –y desde entonces- candidato Uribe prometía diálogo y conversaciones de paz con todos los actores del conflicto. Claro que aquellas promesas –hoy tristemente lo comprobamos- eran tácticas al servicio de una estrategia de guerra no de una estrategia de paz. De aquella confusión nació el proceso de sometimiento –no de paz- al que el Gobierno condenó a las autodefensas tras capitalizar su apoyo en las urnas y verificar que se hallaban desarmados confiados en la palabra del Presidente.

La guerra solo es la opción que han escogido el actual Gobierno y las FARC, porque ni el Estado en su conjunto ni la ciudadanía están de acuerdo con el militarismo que ambos extremos enfrentados –tal para cual- pregonan como solución a los problemas nacionales y sociales. Los integrantes del Poder Judicial siguen dando muestras más que evidentes que no se sienten a gusto con las tesis que esgrime el Gobierno y que lo han llevado privilegiar las vías de capitalizar como rédito político propio la prolongación del conflicto armado por encima de generar un clima de reconciliación. En cuanto al Congreso las bancadas opositoras, tanto el Liberalismo y la Izquierda revelan constantemente el desasosiego y la impotencia que invade a sus integrantes por no lograr instalar en la agenda nacional –ni tanto menos del Gobierno- la cuestión de la solución política negociada que ponga fin a la tragedia humanitaria persistente y para la cual la “seguridad democrática” se ha revelado insuficiente y crecientemente desbordada, cuando no una talanquera insuperable, un inamovible más que se interpone entre Colombia y la Paz.

Cuando la Corte Suprema de Justicia asume posiciones tan decorosas y valientes como la de manifestar sus reservas e inconformismo con las decisiones del Ejecutivo en materias como la extradición de líderes de las autodefensas –sometidos a Justicia y Paz- y más en general en todos aquellos casos en que se imposibilita con la extradición de actores del conflicto armado el debido conocimiento y juzgamiento de aquellos comportamientos delictivos, políticos o no, que han incidido tan notablemente en los padecimientos humanitarios que han victimizado a la sociedad colombiana en los últimos años, puede estar segura la Corte que interpreta a las grandes mayorías nacionales –uribistas o no- y alienta con ello la animadversión y el resentimiento de aquellas minorías nacionales –uribistas o no- que le temen y escapan a la verdad, y sobre todo a las consecuencias que el conocimiento de esa verdad tendrá sobre las políticas de Gobierno y de Estado que está exigiendo la sociedad se modifiquen sustancialmente para pasar de los tiempos de la guerra a los tiempos de la paz.

Pero la Corte Suprema va más allá y ha planteado en estos días la necesidad de establecer una Comisión de la Verdad donde con representación social y de los estamentos del Estado se habilite un escenario relevante, socialmente reconocido y legalmente instituido, que facilite las condiciones para que la verdad que subyace al fenómeno paramilitar se manifieste y esclarezca con el aporte de los ciudadanos y sus organizaciones, donde también la Justicia, el Gobierno y el Congreso digan lo suyo para afrontar lo sucedido durante décadas de conflicto armado comenzando por poner todos los elementos sobre la mesa de la discusión, procurando que la verdad prevalezca y se difunda. El ánimo del NUNCA MÁS debe primar sobre la política de los “chivos emisarios”, y el “tapen, tapen” que siguen alentando los “rabos de paja” que pretenden pasar de agache y que Colombia se hunda de hecatombe en hecatombe pero ellos acumulen fortunas, curules, ministerios y sobre todo prestigio y poder.

Más se tardó la Corte Suprema de Justicia en invocar la conveniencia nacional de la Comisión de la Verdad que lo que se demoraron las voces de aquellos que, casualmente gobiernistas, antes argumentaban que el país no resistiría la verdad, y hoy pregonan que las comisiones de la verdad solo tendrían cabida una vez finalizado el conflicto armado. Se equivocan de cabo a rabo, y no creo que se trate de una equivocación casual. Por el contrario, se trata de argumentaciones funcionales a la tesis de este Gobierno cuando insiste en que la victoria en la guerra es el camino hacia la paz. Y entonces alientan la verdad judicial de las autodefensas pero no la verdad verdadera del Gobierno, ni del Estado, ni del Establecimiento, ni de la sociedad, ni de las embajadas de los poderosos países involucrados directamente en la guerra fría, que alentaron doctrinas antiimperialistas y revolucionarias por un lado, o de seguridad nacional y guerra internacional contra el comunismo, por el otro. Triste y peligroso que este Gobierno pretenda arrastrar a sus funcionarios, civiles y militares, a una guerra interminable, sobre la cual –supuestamente según sus cálculos de guerra indefinida- nunca tendrán que asumir ni declarar verdades porque conciben la verdad como un punto de llegada al cabo de la guerra no como el punto de inicio de un camino de paz. Lo que en plata blanca significa creerse que la mentira gubernamental de hoy y de ayer quedará eternamente impune y pretender que la ciudadanía se trague entera la “verdad oficial” por los siglos de los siglos.

Me permito pronosticar que la posición de la Corte Suprema sobre la necesidad de una Comisión de la Verdad que separe la paja del trigo comenzando por la determinación de la verdad acerca del fenómeno paramilitar y sus ramificaciones privadas y estatales tomará cuerpo y terminará siendo asumida por las grandes mayorías nacionales, porque precisamente de la legitimación del Estado y no del monopolio de las armas nace la paz que ha de construirse entre todos nunca como imposición de unos sobre otros. Habrá entonces un espacio abierto para el perdón y la reparación, la justicia transicional y la reconciliación. Porque si algo han acumulado en su experiencia las Comisiones de la Verdad es que las amnistías y los indultos nunca más estarán al inicio de los procesos de paz, en cambio aparecerán como su consecuencia aceptada y conclusión exitosa y fraternal al cabo de la marcha de la guerra a la paz que a todos nos involucra y donde nadie puede permanecer ajeno.

El Gobierno está llamado a recapacitar sobre estos temas si no quiere acabar repudiado por sus actuaciones militaristas y manipulaciones de la verdad que, dándole las espaldas a los procesos de construcción de una solución política negociada acaben entronizando un nuevo paramilitarismo paraestatal como fruto amargo y doloroso de su empecinamiento en ganar guerras imposibles de ganar aun al costo de revitalizar metodologías deshumanizantes –los falsos positivos y las bandas emergentes son apenas la cuota inicial para adueñarse de ese mercado macabro que se lucra con la guerra- que los líderes históricos de las autodefensas se juramentaron en abandonar definitivamente no para que otros reciclen y capitalicen aquello en aras de congelar el estatus quo y sus mesías y redentores de cartón, sino para que se abrieran de par en par las condiciones de un proceso de paz integral con todos los actores del conflicto.

No temamos NUNCA MÁS la verdad que nos libera de la mentira que nos condena a la repetición del error, temamos en cambio vivir y padecer en la mentira que nos encadena a la guerra y nos niega el perdón y la reconciliación.

Acabemos de una vez y para siempre con el recurso de la guerra, con aquello que apena y victimiza, el legado funesto de ideologías materialistas de izquierda y derecha que se amangualan en contra de la vida.

Se mancilla el presente y se hace imposible el futuro si triunfan y gobiernan los que aplican que la sangre de Colombia es negocio que camina.


Así la veo yo.


Los 141 artículos que componen la serie publicada –iniciada en de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en

www.lapazencolombia.blogspot.com

También encontrarán allí los artículos de la serie PARADERO 2010 iniciada en diciembre de 2008.

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