septiembre 01, 2009

15. ¿Está Colombia madura para la paz?

PARADERO 2010

Uribe y FARC deben sentarse a diseñar el fin del conflicto armado



Por Rubiño
juanrubbini@hotmail.com
http://www.lapazencolombia.blogspot.com/



¿ESTÁ COLOMBIA MADURA PARA LA PAZ?





“La filosofía comienza cuando alguien hace una pregunta general, y así es con la ciencia” (Bertrand Rusell)














“Las preguntas que un país hace son la medida de su desarrollo político. A menudo el fracaso de un país se debe a que nunca se hizo la pregunta correcta” (Jawaharlal Nehru)







¿Está madura Colombia para alcanzar la paz?

No pareciera.

Mientras la demanda social no sea exigente sobre urgir a los políticos a construir la paz, la oferta política seguirá girando sobre cómo ganar la guerra, es decir, cómo sobrevivir en medio de las hostilidades. Con Uribe o sin Uribe, pero en guerra.
Si la sociedad no exige de sus políticos soluciones políticas al conflicto, el conflicto se seguirá regando, traspasando incluso las fronteras como ya es dable observarlo.

La oferta política alrededor de candidaturas al Congreso y la Presidencia continúa centrada en la segunda reelección de Uribe. Unos quieren favorecerla, otros impedirla, pero no se encuentran sino escasas voces reclamando superar este nivel de confrontación en que nos tiene sumidos el uribismo vs. antiuribismo. Como si la democracia se agotara entre estar a favor o en contra de Uribe.

La cumbre de UNASUR en Bariloche revela hasta qué punto Sudamérica sigue sin saber qué hacer con los EEUU y generando contradicciones insolubles alrededor de ello. Aunque para Uribe eso parece estar muy claro, y también para Chávez, porque ambos representan polos igualmente maniqueos, igualmente satanizadores de lo que se les opone, que han hecho de la confrontación su capital político por excelencia. Uno contra las FARC, el otro contra los EEUU.

Mientras Chávez vea en los EEUU un riesgo casi personal, de vida o muerte, y Uribe sienta que luchar contra las FARC es su garantía de reinar políticamente, nada podremos esperar colombianos y venezolanos distinto a ‘abrazos del oso’ o ‘vientos de guerra’ entre los dos presidentes. Desde esta perspectiva ni Uribe ni Chávez parecen maduros para la paz. Aunque sorpresas da la vida y podemos estar cerca de alguna grande tras las fintas y discreta esgrima de Bariloche.

Si por distintas vertientes ambos presidentes nos arrastran al estado de conflicto permanente, y los pueblos de Colombia y Venezuela no multiplican su demanda de paz, los riesgos de incendiar la región serán cada día más probables y cercanos. Esto puede que alegre a quienes hacen de la guerra un festín, un cálculo político o un negocio pero los pueblos maduros no anhelan la guerra ni la propician. Ni mucho menos eternizan en el poder a quienes no proponen la paz sino la guerra.

Una clave para superar la coyuntura está en la unión de los contrarios. Que Uribe y Chávez se pongan serios e inviten a la mesa de la paz a las FARC y los Estados Unidos. Pero que lo hagan con generosidad de anfitriones no con mezquindad de avaros.

No descarto que los grandes guerreristas de hoy aspiren también al Nobel de la Paz. Perfecto, lo pueden lograr de la mano, asumiendo personalmente y en conjunto la iniciativa de la paz. Así sería más creíble el futuro de UNASUR y la unión de los pueblos de Sudamérica que logre poner a los EEUU en su lugar de ‘país-continente’, algo geográficamente distinto y separado de Sudamérica, otro ‘país-continente’ que ya es hora que asuma su mayoría de edad y se comporte como tal.

Las venas aún abiertas de América Latina no resisten bases extranjeras en la región ni tampoco las necesitan. La diplomacia de las cañoneras no se condice con los vientos de democracia e inclusión, de equidad y consenso que UNASUR se propone encaminar hacia la paz no hacia la guerra. En esto los colombianos sentimos que Uribe se aparta del sentir profundo de nuestro pueblo por razones de conveniencia política, estrategia lícita pero no compartida cuyo costo político para Uribe está todavía por verse.

Las FARC deben comenzar a pensar seriamente si no es mejor negocio para ellas subirse al tren de la paz y la solución política –con el apoyo de Uribe y Chávez, de EEUU y UNASUR- que continuar sobreviviendo a duras penas en un mar de cocaína e impopularidad, vistas como un problema para sus propios amigos que ahora gobiernan países y se proponen influir en los destinos de la naciente comunidad sudamericana independiente sin tener que pagar el altísimo costo político de ser calificados como ‘colaboradores de organizaciones terroristas y narcotraficantes’. No digo que las FARC lo sean, pero así son vistas. Y ya se sabe, “hazte la fama y échate a dormir”.

Uribe mejor haría en sumar a Obama a la construcción de paz que intentar ganarse su buena voluntad ofreciéndole espacios locativos en las bases militares. Chávez mejor haría en sumar a las FARC y al ELN a la construcción de paz que ofreciendo su cobertura y apoyo para proseguir su guerra revolucionaria. Pero lo mejor de todo sería que Uribe y Chávez tomaran ya la iniciativa de alumbrar la paz de Colombia, y con ello ofrecer garantías de paz a la región entera. Si se cuenta con la bendición de Lula y la sombrilla de Brasil, lo imperdonable para Uribe y Chávez es que no perciban que este es el exacto momento y el preciso lugar de ocupar un puesto de honor en la Historia del Continente.

Colombia ha vivido los últimos años más preocupada por cerrarle la puerta de su inclusión a los actores armados que en abrirle ventanas por donde se puedan construir medidas de confianza, reconocimiento al fundamento político de su accionar de décadas, que ni las FARC ni el ELN han abandonado sino profundizado, y que las autodefensas desmovilizadas reivindican para sí –no sin buenas razones y desarme voluntario- desde las cárceles de Colombia y los Estados Unidos. El conflicto armado lejos de despolitizar a los actores los ha vuelto más políticos y geopolíticos que nunca, incluso a las autodefensas desmovilizadas que han sabido incorporar a su bagaje inicial guerrerista la argumentación y el proyecto político con el cual tomaron primero la decisión de desmovilizarse y después de asumir la defensa política aún en el contexto de Justicia y Paz. Suele confundirse financiación con acción político-militar pero no se sobrevive en la guerra sin saber armonizar lo financiero con lo político y lo militar. Precisamente por esto no se puede sino asumir que la paz debe ser prioridad nacional, incluso, sobre el deseo de unos y otros de ganar la guerra.

Superado el escollo al referendo en el Congreso, no porque no hayan existido vicios de forma y hasta de fondo, sino porque primó en los legisladores el reconocimiento a la voluntad popular, y mientras esperamos que la Corte Constitucional dé su veredicto, bien podría esperarse –y exigirse- que se redoblen los esfuerzos por parte de todos aquellos que no vemos en la solución política del conflicto una claudicación sino una victoria de las mayorías pacíficas sobre las minorías violentas, una acción unitaria, frentista, coalicionista, o como se quiera llamar, para difundir el mensaje nacional e internacional, sobre que la PAZ DE COLOMBIA ES NECESARIA, ES URGENTE Y ES POSIBLE.

Porque será sobre la Paz de Colombia donde podrá asentarse la unidad de Sudamérica, y también su independencia y soberanía políticas.

No se trata de propiciar ningún intervencionismo en la región sino de convencer a Uribe y FARC –y los aliados de ambos- que no tienen otro camino que hacer las paces y con ello hacer posible que UNASUR asuma su rol ante el resto del mundo sin más demoras ni piedras en el camino.

No creo que los Estados Unidos quieran ser vistos como quienes bregan por impedir la consolidación de UNASUR y el ascenso de Brasil en el área. Tampoco creo que los Estados Unidos estén hablando por boca de Uribe. Mucho menos que los Estados Unidos no estén tentados de hacer de la Paz de Colombia su as en la manga en la región.

Hace ocho años para esta época del año, inmediatamente antes del S-11, nadie pronosticaba que Pastrana rompería los diálogos con las FARC. Sin embargo, a los pocos meses tomó la decisión de rectificar y con ello le abrió el camino a la estrategia de Uribe.

Hoy nadie apuesta en Colombia un céntimo a que Uribe inicie diálogos con las FARC en los próximos meses. Sin embargo, yo pienso que esa posibilidad existe y no está tan alejada.

Se acercan decisiones estratégicas desde el lado de las FARC y ante ellas –y con el apoyo de Chávez y Correa- Uribe podría estar dispuesto a allanar el camino hacia el inicio de conversaciones de paz.

Si las Torres Gemelas fueron decisivas para romper el Caguán, un guiño de Obama a favor de la paz de Colombia aceleraría el regreso a la mesa de negociaciones por parte de Uribe.

Algo importante habremos avanzado entonces de 2001 a 2008, no porque retrocedamos a los tiempos del Caguán sino porque a partir de Ralito la ecuación del conflicto ya no es la misma.

Las autodefensas hicieron su apuesta y la mantienen. Solo falta que Uribe y FARC jueguen sus cartas y que Chávez y Obama hagan valer las suyas, no para la guerra como hasta hoy sino para la paz.


Así la veo yo.

Los 15 artículos que componen la serie publicada –iniciada en diciembre de 2008- de PARADERO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

También encontrarán allí los artículos que integran la serie ASÍ LA VEO YO iniciada en MARZO de 2005 y dedicada al proceso de paz con las autodefensas.

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