septiembre 17, 2009

16. ¿Quién le pone el cascabel al gato?



PARADERO 2010

Juan Manuel Santos, primus inter pares, tiene la palabra

Por Rubiño
juanrubbini@hotmail.com
www.lapazencolombia.blogspot.com




“Desde hacía mucho tiempo, los ratones que vivían en la cocina del granjero no tenían qué comer. Cada vez que asomaban la cabeza fuera de la cueva, el enorme gato gris se abalanzaba sobre ellos. Por fin, se sintieron demasiado asustados para aventurarse a salir, ni aun en busca de alimento, y su situación se hizo lamentable. Estaban flaquísimos y con la piel colgándoles sobre las costillas. El hambre iba a acabar con ellos. Había que hacer algo. Y convocaron una conferencia para decidir qué harían.

“Se pronunciaron muchos discursos, pero la mayoría de ellos sólo fueron lamentos y acusaciones contra el gato, en vez de ofrecer soluciones al problema. Por fin, uno de les ratones más jóvenes propuso un brillante plan.

“—Colguemos un cascabel al cuello del gato -sugirió, meneando con excitación la cola—. Su sonido delatará su presencia y nos dará tiempo de ponernos a cubierto.

“Los demás ratones vitorearon a su compañero, porque se trataba, a todas luces, de una idea excelente. Se sometió a votación y se decidió, por unanimidad, que eso sería lo que se haría. Pero cuando se hubo extinguido el estrépito de los aplausos, habló ei más viejo de los ratones. . , y por ser más viejo que todos los demás, sus opiniones se escuchaban siempre con respeto.

“—El plan es excelente —dijo —. Y me enorgullece pensar que se le ha ocurrido a este joven amigo que está aquí presente.

“Al oírlo, el ratón joven frunció la nariz y se rascó la oreja, con aire confuso.

“—Pero... —continuó el ratón viejo—, ¿quién será el encargado de ponerle el cascabel al gato?

“Al oír esto, los ratoncitos se quedaron repentinamente callados, muy callados, porque no podían contestar a aquella pregunta. Y corrieron de nuevo a sus cuevas, hambrientos y tristes.

(Fábula atribuida a Esopo, S. VII aC)



No son pocos quienes atribuyen la persistencia de la voluntad reeleccionista de Uribe a un fuerte temor que el Presidente estaría albergando sobre su seguridad jurídica en el caso de no ser reelegido. No sería entonces la seguridad democrática la que se quiere preservar sino la mismísima libertad del Presidente.

Me inclino a pensar que la famosa ‘encrucijada en el alma’ que afronta Uribe tiene más que ver con el amor propio lastimado que con el miedo a los tribunales. Uribe sabe, mejor que nadie, que el conflicto armado y el narcotráfico se le han salido de las manos, las relaciones con sus vecinos también y sobre Obama sigue sin entender su juego y menos sus intenciones. No acierta el Gobierno a definir el camino que le permita consolidar en términos de paz y seguridad, los éxitos militares sobre las FARC, así como avanzar en el desmonte del paramilitarismo y el narcotráfico más allá de los logros que le sirvieron en bandeja los líderes de las autodefensas hasta cuando fueron abruptamente apartados de la Mesa de negociaciones, encarcelados y extraditados. No se nos olvide que las autodefensas desmovilizadas hacía años que se habían independizado política y económicamente de las directivas del paramilitarismo de Estado, el cual como la culebra de la subversión sigue vivo, debilitado por la desmovilización de sus antiguos ‘primos’, pero supérstite y envalentonado, porque ni Uribe ha podido con él. Y esto sí que es preocupante para la salud de la democracia y también para la credibilidad del Gobierno.

La encrucijada del alma del Presidente yo la veo más relacionada con el no querer atender el reclamo nacional e internacional por la solución política y los acuerdos de paz que pongan fin al conflicto armado que con la reelección. Lo que se deriva de la terquedad en querer acabar el conflicto por la vía militar y represiva que con toda seguridad lo terminará enredando en la CPI, no tanto por lo hecho hasta aquí que se puede resolver en el marco de un proceso de paz que ponga fin al conflicto por las buenas, sino por lo que falta recorrer si se empeña en seguir por donde va, es decir por las malas. La guerra política, irregular y terrorista, que plantean las guerrillas y las sediciones que alientan los paramilitares independizados de sus lazos con el Estado es irresoluble dentro de los límites del DIH y solo se puede neutralizar con acuerdos de paz, jamás militarmente. Peor todavía si como los ‘falsos positivos’, las ‘ejecuciones extrajudiciales’ y las ‘chuzadas’ señalan el paramilitarismo de Estado sigue siendo moneda corriente y la asignatura de su desmonte sigue pendiente al no tener continuidad lo propuesto por las autodefensas en Ralito que hubiese legitimado el Estado en estas materias y que fue el propósito central de sentarse en la Mesa, no solo para acabar con las autodefensas sediciosas sino con todo paramilitarismo, estatal y privado.

Si Uribe no quiere reanudar el diálogo suspendido con las desmovilizadas autodefensas es porque no quiere admitir que se equivocó con ellos, al no creer en ellos, en su voluntad y determinación de abandonar toda ilegalidad tras la firma de los acuerdos. Un Gobierno que no quiere dialogar porque no quiere dar el brazo a torcer y hacer aquello que pueda recrear la confianza deteriorada y malherida por los incumplimientos, y que el País entendería es un Gobierno cuya reelección es un grave problema no solo para el País sino también para sus propios integrantes sobre cuyo comportamiento la Comunidad internacional no puede ni debe ser indiferente.

Así las cosas los temores que pudiera albergar el Presidente acerca de su futuro son realistas y terminarán convirtiéndose en profecías autocumplidas, a menos que esté dispuesto a dar el gran viraje que lo lleve a abandonar las guerras en desarrollo y abrazar la causa de la paz, universalmente aceptada y facilitada por la coyuntura de las desmovilizadas y expectantes autodefensas y la mano tendida por Chávez y Correa –también Lula- y la Iglesia siempre dispuesta a pacificar los ánimos y ponerle fin a los resentimientos heredados y las retaliaciones interminables.

Como finalmente la construcción de paz es un producto de la política alguien de peso tendrá que tomar suficiente aliento en el rebaño uribista y ponerle el cascabel al gato. Y ponerle el cascabel al gato en este caso, es poner a Uribe en su lugar. Es decirle con respeto pero resueltamente y en la cara que no tiene derecho a jugar con su prestigio ni poner en grave riesgo la salud del país insistiendo en forzar una segunda reelección inmediata.

La oposición de Uribe reclama pero no alcanza. Son los que aspiran a suceder a Uribe dentro de su coalición de Gobierno –precisamente porque le hablan al oído y el Presidente los escucha- quienes tienen la responsabilidad mayor –con el País y con el Presidente- de tomar el toro por los cuernos y ‘ponerle el ‘cascabel democrático al gato reeleccionista’ que encarnó en Uribe.

Si Vargas y Noemí, por diferentes caminos, han tomado distancia de Uribe, no se sabe que sea por cuestiones de la guerra y de la paz, aunque no es de descartar tratándose de políticos avezados que saben a los riesgos que se exponen si siguen la senda de Uribe.

Uno se ve tentado a preguntarse ¿por qué Juan Manuel Santos –el primus inter pares- no lo hace? ¿Por qué no le plantea al País y a Uribe, que el camino re-releecionista de Uribe lo lleva al peor de los mundos, al mundo de la total degradación del conflicto, la narcoestatización de la economía, la paramilitarización rampante, la guerra con los vecinos y el repudio del mundo democrático? ¿Y toda esta calamidad nacional, esta auténtica hecatombe anunciada solo por no dar el brazo a torcer?,

¿Sólo por no darle razón a Piedad Córdoba ni siquiera cuando acierta?, ¿Por no darle satisfacción y reconocimiento de luchadores políticos a ‘Cano’ y ‘Gabino’ y sentarse a negociar el final del conflicto? ¿Y todo esto por no firmar acuerdos de paz y reconciliación con los Mancuso, Tovar y Rendón que tomaron distancia de todo paramilitarismo? ¿Y todo esto por no integrarse al espíritu soberano, democráticamente renovador y socialmente justo que recorre América desde Alaska a Tierra del Fuego?

La oposición se queja y Uribe hace como que no escucha. UNASUR se irrita y Uribe redobla su apuesta. Obama calla y Uribe está convencido que lo interpreta. Chávez vocifera y Uribe capitaliza esos gritos en las encuestas. Noemí se escandaliza por el mercado persa que acompaña la segunda reelección y Uribe inmutable.

Si Juan Manuel Santos no enciende las alarmas y prende los motores de su propia campaña su liderazgo palidecerá y el de Uribe avanzará unos cuantos metros más hacia el despeñadero. El Apocalipsis now estará a la vuelta de la esquina y todos lamentaremos no haber sabido disuadir a tiempo al adicto-presidente-candidato.

Puede que entonces, ciertamente, si los juanmanueles y noemís fracasan en su intento, la estrella del Partido Liberal señale el rumbo ancho y profundo del arco iris y colorín colorado, con el cascabel y con el gato, esta columna se ha acabado.


No sin antes evocar de José Hernández, en el Martín Fierro, aquello de que:


Hay hombres que de su cencia
tienen la cabeza llena,

hay sabios de todas menas,

más digo sin ser muy ducho

es mejor que aprender mucho

el aprender cosas buenas.


Es la memoria un gran don

cualidad muy meritoria

y aquellos que en esta historia

sospechen que les doy palo

sepan que olvidar lo malo

también es tener memoria.


Mas naides se crea ofendido

pues a ninguno incomodo

y si opino de este modo,

por encontrarlo oportuno,

no es para mal de ninguno

sino para bien de todos.




Así la veo yo.



Los 16 artículos que componen la serie publicada –iniciada en diciembre de 2008- de PARADERO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com
También encontrarán allí los artículos que integran la serie ASÍ LA VEO YO iniciada en MARZO de 2005 y dedicada al proceso de paz con las autodefensas.

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