octubre 09, 2009

142. Para Obama el Nobel, para Colombia la Paz












Ojo Uribe, que proseguir la guerra es reencauchar el paramilitarismo de Estado



Por Juan Rubbini
juanrubbini@hotmail.com
www.lapazencolombia.blogspot.com



“Hay un vaciarse que se da en la conducción grupal. Quien dirige un grupo, una reunión u organización deberá hacer pasar a segundo plano sus propios intereses, así como sus proyectos e ideas personales mientras dure esta tarea, e identificarse con los intereses del grupo. El que no puede vaciarse de sus intereses personales, utiliza al grupo para sus propios fines y traiciona así la confianza en él depositada. De ahí que Jesucristo diga que los apóstoles no deberán ser como reyes u otros soberanos, sino que los guías deben ser los servidores de todos (Lucas 22, 26). La misma situación se da para el conciliador. Cuando desea reconciliar dos grupos en pugna, el mediador se identifica con la posición y los intereses de un grupo y recurre al otro para tratar con éste en nombre del primero. Luego procede a la inversa. De esta manera, se vacía frente a ambos grupos para hacerse cargo del rencor de uno y otro. Muchos teólogos han descrito de esta manera el papel mediador de Cristo. Ha venido del Padre para hablar en su nombre. Por ello los hombres lo crucificaron. Del mismo modo se identificó con los hombres, y así es como se presenta ante el Padre para representarlos. En él, el Padre vio todos los pecados de la humanidad. De esta forma, Cristo se vacía doblemente y puede sembrar la paz.” (Franz Jalics, Ejercicios de contemplación)



El Gobierno Uribe se ha metido en camisa de once varas al escupir la mano tendida por las autodefensas en Ralito. Ni se diga al extraditar a 14 de sus máximos jefes. La claridad que los extraditados han hecho sobre la fallida negociación ha producido un impacto internacional cuyas consecuencias sobre el futuro del conflicto armado está por verse, y seguramente comenzará a ser percibido a partir de 2010.

Si las decisiones de paz asumidas por la IV conferencia de comandantes de las AUC, en noviembre de 2001, determinó en buena parte el florecimiento de la parapolítica por un lado, y la disminución de la violencia paramilitar de las autodefensas durante la campaña electoral que culminó entre marzo y mayo de 2002 con la coronación del ‘uribismo’ en el Congreso y la Presidencia, a ocho años de distancia el camino que tomen las FARC en los próximos meses habrá de evidenciar si las guerrillas promueven otro mandato de guerra para otro gobierno uribista o, por el contrario, abren el camino de la solución política negociada.

La inconclusa negociación con las autodefensas, abruptamente cercenado su componente político a mediados de 2006, abrió el camino de una renovación del paramilitarismo, esta vez no principalmente en manos ‘privadas’, como había terminado resultando con los hermanos Castaño, sino aglutinado nuevamente en los laberintos insondables del clásico paramilitarismo de Estado. Así había sucedido ya en el siglo pasado cuando al amparo de la guerra fría y las doctrinas de seguridad nacional fueron absorbidos por los largos brazos del Estado los espontáneos brotes de autodefensa civil que hundían sus raíces en la Violencia y en las primeras guerrillas comunistas de mediados de los ’60.

Fueron los dineros del narcotráfico los que produjeron a partir de mediados de los ochenta la privatización del paramilitarismo, proceso que se fue completando durante los noventa y determinaron en buena parte la rebelión de los comandantes que tomaron en sus manos la negociación de paz con Uribe, tras intentarlo vanamente con Pastrana, presidente que combinó astutamente el crecimiento de las AUC, el potenciamiento de las Fuerzas Militares con los diálogos del Caguán hasta su ruptura en febrero de 2002.

Pocos habían querido ver hasta el momento de la extradición de los jefes negociadores de las autodefensas que los huevos de la serpiente paramilitar estaban anidando nuevamente en el regazo estatal, dando por finalizada la etapa ‘privatizadora’ alentada desde los tiempos de César Gaviria a través de los Pepes y compañía.

Si a través del proceso de paz de las AUC con Uribe éstas pretendían legitimar el Estado y dar el primer paso hacia el desmonte de todos los paramilitarismos comenzando con el de los civiles financiados por el narcotráfico pero siguiendo necesariamente con aquellos otros nichos de paramilitarismo estatal y privados latentes que alentaban la expectativa de suceder a los desmovilizados Castaño y Mancuso, los hechos protagonizados por el Gobierno durante la fallida negociación con los ‘paras’ revelan algo bien diferente y que los ‘falsos positivos’ y ejecuciones extrajudiciales han venido a revelar sin que aún se haya llegado al meollo de la cuestión. Esto es lo preocupante y sobre lo que alertan las recientes cartas que han llegado desde las cárceles de los Estados Unidos donde los ex comandantes de las autodefensas llaman la atención de las Cortes y también de la Corte Penal Internacional y la CIDH de la OEA sobre las graves consecuencias de lo actuado como consecuencia de las decisiones políticas del Gobierno nacional. Consecuencias que se enfocan primordialmente sobre los perjuicios ocasionados hacia las víctimas y sobre el conocimiento de la verdad del conflicto armado.

La Ley de Justicia y Paz está demostrando ser una ley de imposible cumplimiento, además de ser una Ley que no cubre a los militares, a los políticos, a los empresarios y en general a la misma sociedad que han debido involucrarse en el conflicto armado desde uno o más de los actores protagonistas de las hostilidades vista la coacción y el ambiente de extrema vulnerabilidad que los hechos derivados de la guerra propician y de los cuales resulta imposible sustraerse.

Las autodefensas desmovilizadas, por distintos medios han invitado al Gobierno, pero también a las guerrillas, a las rearmadas autodefensas y a la sociedad nacional e internacional a producir acercamientos que reabran en Colombia la opción de la solución política negociada. Lo hacen conscientes de que el péndulo orientado en los últimos ocho años hacia el lado de la guerra ha comenzado a devolverse hacia el signo de la paz y que urge evitar a toda costa el fortalecimiento de una nueva versión de paramilitarismo de Estado que con el biombo de la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico logre el efecto contrario de perpetuar la guerra irregular y anidar los huevos de una serpiente que los colombianos ya conocemos y hemos querido acabar definitivamente a partir de Ralito. No se pudo concretar ese anhelo por la enorme incomprensión que rodeó ese proceso y que el Gobierno no creyó necesario afrontar, pero la tarea queda pendiente y las autodefensas desmovilizadas han renovado a través del pronunciamiento de sus ex comandantes que siguen adelante con ese propósito y alientan a perseverar en la prosecución de los caminos humanitarios, sociales y políticos que conduzcan a la solución política negociada con todos los actores y participantes del conflicto.

Bienvenido entonces el Premio Nobel de la Paz para el Presidente Obama, porque si Colombia puede contar con él y con los EEUU para la Paz de Colombia, no habrá Gobierno nacional que pueda seguir elucubrando sobre mandatos de guerra, ni guerrilla ni autodefensa civil que no esté dispuesta a sentarse nuevamente en la Mesa de la Reconciliación, con plenas garantías de que no habrá dobles agendas estatales ni propósitos inconfesables de utilizar las negociaciones de paz como estrategias de guerra.


Así la veo yo.


Los 142 artículos que componen la serie publicada –iniciada en de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en

www.lapazencolombia.blogspot.com

También encontrarán allí los artículos de la serie PARADERO 2010 iniciada en diciembre de 2008.

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