octubre 26, 2009

143. FARC y Autodefensas: ¡no den papaya!

Urgen nuevas mayorías que construyan la solución política y negociada

Por Juan Rubbini
juanrubbini@hotmail.com
www.lapazencolombia.blogspot.com


“Pero cuando el nudo social comienza a aflojarse y el Estado a debilitarse, cuando los intereses particulares comienzan a hacerse oír y a influir las pequeñas sociedades sobre la grande, se altera el interés común y comienza a encontrar adversarios; la unanimidad deja de reinar en las voces; la voluntad general deja de ser la voluntad de todos… ¿Se sigue de ello que la voluntad general sea aniquilada o corrompida? No; ella siempre es constante, inalterable y pura; pero es subordinada a otras que ganan ventaja sobre ella. Cada uno, al divorciar su interés del interés común, percibe bien que no puede proceder a escindirlo; pero su parte de mal público no le parece nada comparada con el bien exclusivo que pretende apropiarse” (Rousseau, Contrato Social)




El Gobierno intenta con su influencia en la cadena de medios posicionar la idea que las FARC y Chávez constituyen hoy la gran amenaza nacional. Sus triunfos electorales han sido sobre la premisa de derrotar a las FARC y siente el cosquilleo perturbador de razonar algo así como que “si las FARC no existieran habría que reinventarlas”. No se trata de anclarse en tales extremos de simplificación pero, tampoco, se puede minimizar la estrategia del gobierno de alojar en la mente de los ciudadanos la semilla del odio mortal a las guerrillas y sus amigos, así como a las autodefensas y los narcotraficantes. Esto ha producido réditos al gobierno en los años recientes pero ¿repetir la receta seguirá beneficiándolo? El gobierno ha logrado afianzar la idea de que vamos en el camino correcto y que hace falta más tiempo -¿cuatro, ocho, doce años? Privilegia una agenda mediática que predica a diario que la “culebra está viva y merece morir”. Solo recorriendo el camino andado –sin piedad ni contemplaciones- se la podrá aplastar definitivamente.

Curioso que el gobierno pudiera estar razonando que el electorado compró in aeternum la idea de que no hay otro camino que el recorrido hasta aquí para superar el narcotráfico y sus secuelas más o menos directas: las guerrillas, las autodefensas y el paramilitarismo. Curioso, porque no es ético ni cristiano, que sembrando odio se coseche amor, y tampoco que la legitimidad del Estado se obtenga de la guerra fratricida que se alienta en los discursos oficiales y se reproduce en la cadena de medios, hoy tan inclinada hacia el conflicto armado –del lado del Estado- como en tiempos de Pastrana estaba del lado de la idílica paz perpetua.

La opinión podría estar comenzando a impulsar el péndulo del discurso maniqueo hacia la orilla del diálogo, la solución política y la reconciliación. Finalmente son hijos de ciudadanos quienes mueren a raíz de la ausencia de paz, y también quienes delinquen en cualquiera de las ofertas del macabro y variado menú del conflicto armado. Unos consumen droga, otros la producen, hay quienes la comercializan, hay quien se arma de guerrillero y no falta tampoco para completar el cuadro quien juega en alguno de los equipos paramilitares. Todos ellos matan y mueren, por causas subjetivas y objetivas, razonables o no, políticas o no, encadenados por una tragedia que no iniciaron ni saben ni cómo ni por qué el Gobierno colombiano, el Estado colombiano, el Establecimiento colombiano -¿y los Estados Unidos?- no resuelven de una vez y para siempre, en vez de darle largas al asunto como si una inconfesable razón los atara –a ellos, a los poderosos de esta tierra- a la continuación de la guerra. Es aquí, en este otro extremo del hilo del razonamiento donde la opinión podría estar cambiando de bando. No me refiero a que del “culto por Uribe” se esté pasando a la simpatía por los que enfrentan o reemplazan, y finalmente desnudan y ridiculizan al Estado. Sino que la marea humana –carne de cañón y victimizada por unos y por otros- se esté comenzando a cuestionar: ¿no será que hemos perdido el camino correcto cuando celebramos con alivio el rompimiento del Caguán? ¿Será que lo volvimos a perder –el camino correcto- cuando celebramos que a los Mancuso y Cuarenta los encarcelaran y extraditaran, y que a los Castaño los asesinaran? ¿Será que acabar con los procesos de paz y estigmatizar a sus actores en vez de representar la dignidad nacional ha evidenciado la quintaesencia del cinismo de los verdaderos señores de la guerra, aquellos que están juramentados en que no se conozca nunca la verdad que nos liberaría de la guerra y de los guerreristas?

¿Por qué no creerle a los extraditados cuando afirman que lo fueron para que con ellos se extraditara la verdad? ¿Por qué no creerles a las FARC cuando a través de ‘Cano’ insisten que ellos sí están interesados en construir la Paz de verdad, no la de mentiritas ni la del tapen tapen?

Soy de los que cree que prolongar la guerra es el interés de quienes se lucran del narcotráfico, pero no solo ni sobre todo de quienes coyunturalmente operan el negocio sino de quienes, estructuralmente, sienten en sus bolsillos y capitales -de todo tipo- que también se acumulan los ‘beneficios colaterales’ de que el narcotráfico siga existiendo, ilegal y reprimido, por supuesto, porque allí está el secreto a voces, que lo hace tan económicamente lucrativo. No solo de adicción a los narcóticos vive el hombre, sino también de adicción al poder, de cualquier tipo, pero poder al fin.

Hay quienes se han inventado el verbo ‘caguanizar’ para satanizar la paz y la reconciliación. No estoy con ellos. Hay quienes predican el verbo ‘extraditar’ porque saben que mientras haya puertas giratorias, los actores del conflicto seguirán entrando y saliendo, mutando, cuando no muriendo, pero el espectáculo continuará, y con él las taquillas jugosas que financian ambiciones y desmesuras.

Por esto y muchas cosas más, recomiendo hacer de la necesidad virtud. Y a quienes extraditan que digan allá la verdad, toda la verdad, que aquí el gobierno no ha querido que se conozca. A quienes esperan en el monte, marxistas o chavistas, cristianos o paracos, una nueva oportunidad de paz que la sigan construyendo, no dando papaya, a quienes esperan de sus actos terroristas para alimentar la guerra sin final. No es ético, pero tampoco es tiempo de incendiar el país para demostrar la fuerza y supervivencia de una idea de país y de sociedad. Si el curso y discurso de la guerra siguieran solo en poder de quienes se lucran política y económicamente de ello, los ciudadanos de a pie tendrían más razones para creer que la Paz es posible y el diálogo y la reconciliación también.


Así la veo yo.


Los 143 artículos que componen la serie publicada –iniciada en de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en
www.lapazencolombia.blogspot.com
También encontrarán allí los artículos de la serie PARADERO 2010 iniciada en diciembre de 2008.

1 comentario:

  1. mientras el dinero y el poder del narcotrafico exixta, y no se tenga en cuenta los problemas de los más debiles para apoyarlos con programas de educación y sensiblización, para alcanzar metas que ayuden a salir del hoyo en que nos encontramos de la seguridad, continuaran habiendo muertes de personas inocentes y familias desgarradas por el sufirmiento siendo ajenos a los problemas en que nos mete la politiqueria de unos y de otros. cuando me refiero a poplitiqueria lo hago en general.
    es pues aconcejable que se maneje mucha prudencia y mucha inteligencia a la hora de hablar y definir situacione, porque cada vez más nos equivocamos, equivpocaciones que utiliza el emnemigo como carnada para hacernos caer ante las demas naciones del mundo.
    luchemos por darle mejores beneficios a los pobres, ya que son estos los que encumbran con sus votos benficios a quienes nos representan ante un senado, congreso, y demas posisiones del estado, creyendo en ellos y las posibles soluciones a los problemas que aqueja a nuestro querido pais Colombia.
    amo a mi colombia. que bueno ser colombiano

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