noviembre 25, 2009

146. Entre Chávez y Uribe ¿rondan los fantasmas de Stalin y Mussolini?



Contra la guerra perpetua la unión pacífica y democrática, incluso de los contrarios
Por Juan Rubbini
juanrubbini@hotmail.com
www.lapazencolombia.blogspot.com


“Nuestra fuerza pública Constitucional, civilista, subordinada, sometida a la justicia ordinaria para el conocimiento de delitos de lesa humanidad, apoyada por el pueblo, con eficacia, tiene que mostrarle a los violentos que existe toda la determinación de contenerlos para que ellos entiendan el lenguaje del diálogo y la opción de la paz. De lo contrario seguiremos navegando en las aguas inciertas que pueden llevar a la división de la República, a la instauración de un imperio guerrillero en parte del territorio o de un régimen ilegítimo de autodefensas, todo lo cual constituiría motivo de vergüenza ante las nuevas generaciones y la comunidad democrática internacional”… “La inclusión de la reforma de la fuerza pública, como tema de discusión con la insurgencia, tiene su momento: mientras las FARC sean un movimiento insurgente no es lógico consultarles la reforma de la institución estatal encargada de contenerlas. Sólo una vez se acuerde la paz y se inicie su tránsito a la vida política, tendrían todo el derecho a que sus opiniones sean incorporadas en estas decisiones oficiales” (Álvaro Uribe, Homenaje a los Generales Rito Alejo del Río y Fernando Millán, Bogotá, 29 de abril de 1999. En el libro Del escritorio de Álvaro Uribe, 2002)


Las FARC vienen manifestando públicamente durante los siete años de Uribe que visualizan el ‘canje de prisioneros por rehenes’ como la llave que puede abrir un proceso de paz serio y definitivo. Aceptó ‘Cano’ recientemente que ellos sí han aprendido de la larga historia de intentos fallidos, incluido el Caguán. Este elemento no ha sido tomado en serio por el Gobierno que sigue adelante con su intención de acabar militarmente a las guerrillas. Admitamos que tanto en las manifestaciones de las FARC como en la actitud del Gobierno primen estrategias que hagan de las palabras solamente palabras desvinculadas de los verdaderos propósitos.

Si esto último fuera cierto –al menos en tren de hipótesis- lo que no se entiende es porqué los candidatos y pre candidatos presidenciales no ponen sobre la mesa del debate nacional la cuestión humanitaria, pero también social y política, económica y geopolítica, cuyo eje central debiera situar un punto de equilibrio entre la voz de los fusiles y el diálogo civilizado y pacífico de las partes.

No faltan los ideólogos del uribismo que niegan la existencia de causas objetivas que expliquen la existencia de guerrillas en Colombia. Han ido avanzando sobre esta base hasta llegar a la conclusión de que no hay lugar a solución política negociada, mencionando que se trata de delincuencia desprovista de carácter político, que no constituye otra cosa que amenaza terrorista y narcotráfico. Se puede coincidir o no con este diagnóstico, pero donde no ha dejado de haber coincidencia es que ha sido la existencia de la guerrilla la que ha producido el efecto político denominado uribismo, así como desde unos cuantos años antes había producido otro efecto político denominado autodefensas que terminó constituyéndose en un particular estado de facto –o en un abigarrado archipiélago de mini-estados de facto- que impuso su propia ‘legalidad’, su bien pertrechada milicia y su hegemonía indisimulable y reconocida sobre buena parte del territorio nacional. Hasta el punto que fue este gobierno uribista el que aceptó una negociación política con las autodefensas, si bien acabó por desnaturalizarla, reducirla a una cuestión judicial y finalmente romper todos los acuerdos unilateralmente y extraditar a 14 de los dirigentes máximos que propiciaron, coordinaron y produjeron la desmovilización de más de 30.000combatientes.

La pregunta obvia que se plantea la comunidad internacional es por qué se inició una negociación política con las autodefensas y también con el ELN pero se ha evitado sentarse a conversar cara a cara con las FARC. ¿Son contradicciones internas del ‘uribismo’?, ¿son intereses políticos que se interponen?, ¿o realmente el Gobierno encontró que su legitimidad y prolongación en el tiempo –lleva dos períodos pero pretende al menos tres en cabeza de Uribe- depende más de prolongar el conflicto armado que de acabar con él por el único camino que racionalmente existe que es el de la negociación política?

Uribe ha hecho de la ‘seguridad democrática’ un gran negocio para su prestigio y favorabilidad, pero al costo humanitario y social, económico y geopolítico, de renunciar a la búsqueda de acuerdos políticos con los actores armados ilegales, ninguno de los cuales ha renunciado a la búsqueda de solucionar políticamente el conflicto. Esto genera una notable confusión en el mundo y comienza a generar dudas en Colombia que ni Uribe ni su gobierno están en condiciones de medir cuánto erosionará su credibilidad y capital político. Por eso los aspirantes a suceder a Uribe en la Presidencia de Colombia debieran reflexionar si tras el Caguán y Ralito no comienzan a madurar las condiciones objetivas y subjetivas para instalar nuevamente en la agenda política y en sus propias agendas la Paz como Política de Estado.

Los ideólogos del uribismo están empeñados en una campaña de erradicar de las mentes la posibilidad de estudiar siquiera la vía del diálogo y la búsqueda de consensos con guerrillas y autodefensas que permita ponerle fin al conflicto armado. Están empeñados en negar las causas, satanizar a los ilegales alzados en armas y no aceptar siquiera la existencia del conflicto armado. Detrás de esta visión extremista y maniquea anida el fantasma de la guerra perpetua, de la aniquilación física y espiritual del adversario, la pretensión de generar un unanimismo totalitario que constituye un peligro de cercenamiento fatal y progresivo de las libertades.

Ante esta perspectiva que pretende hacer de Uribe un instrumento de guerra, una máquina de muerte, cuesta creer que no se alcen voces uribistas que logren hacerle ver y entrar en razones que eviten la hecatombe que se está gestando y de la que finalmente Uribe lejos de sacar provecho acabará por ser crucificado en un estado de encrucijada permanente hasta descubrir azorado que ingresó a un laberinto cuya salida no le será posible ni tolerada por sus ensoberbecidos carceleros que acabarán por hacerlo responsable y culpable de todos los males y desgracias que se habrán cernido sobre Colombia y su gente desde la mala hora en que le hicieron creer que su poder no debía tener límite ni contrapeso alguno.

No se trata de unir a las guerrillas y las autodefensas, la oposición armada y la desarmada, los jueces y los fiscales, los medios y la sociedad civil, la izquierda y la derecha en un ‘Todos contra Uribe’ pero sí de hacer todos los esfuerzos al interior de cada componente de la sociedad que evite que la guerra se instale como política de Estado.

Se equivocan quienes piensan que con tal de evitar la reelección de Uribe todo vale. Es la misma equivocación que cometen aquellos que sostienen que con tal de hacer posible la reelección de Uribe todo vale.

Por el contrario, la coyuntura nacional e internacional, abre la posibilidad inédita de trabajar desde distintos ángulos y posiciones políticas en el común propósito de renunciar definitivamente a la guerra como remedio de nuestros males. No olvidemos que Uribe aceptó negociar con los ‘paras’ –aunque luego, por razones que seguimos sin entender se echó para atrás-, aceptó abrir diálogos con el ELN –aunque luego buscó todos los pretextos para clausurar el diálogo-, invitó a Chávez y Piedad para que tendieran puentes con las FARC –aunque luego desbarató lo andado con las peores maneras y arrebatos.

Sigo pensando que Uribe es todavía rescatable como hacedor de paz, pero cada vez es más notorio que se tiende sobre él una nube de áulica sinrazón que pretende utilizar sus ‘carnitas’, su ‘verbo encendido’ y sus votos, para lo más inhumano: la guerra como apocalipsis de mentes enfermizas que en su delirio han convertido a Colombia en carne de cañón, en holocausto que no debemos invocar ni en la peor pesadilla ni en la mejor borrachera.

Así la veo yo.


Los 145 artículos que componen la serie publicada –iniciada en de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com




También encontrarán allí los artículos de la serie PARADERO 2010 iniciada en diciembre de 2008.

3 comentarios:

  1. Este señor vive en marte o su ideología le impide ver la historia, tal como ha transcurrido durante los últimos 30 años. El Presidente Betancur abrió las puertas del diálogo con las Farc. Secretamente sus comandantes asumieron el plan estratégico para la toma del poder en la 7a conferencia realizada en l.982. Extendieron su poder sobre la cordillera oriental para bloquear y estrangular a Bogotá. Luego mataron al maestro Chucho Bejarano, en la propia universidad nacional. El había diseñado una ruta para las conversacionbes de paz de Tlaxcala y Caracas. Todo fallido porque las arc creen que van a llegar al poder por la vía armada. Así lo señaló el Mono Jojoy en una charla con todos los comandantes: Nuestra lucha es por la toma del poder para el pueblo y ustedes comandantes son los que van a gobernar. Luego con Samper, hicieron intercambio de prisioneros pero nada mas. Con Pastrana les dieron todas las garantías, pero les interesaba mas el secuestro, el chantaje y la coca que la paz. Después de tres años infructuosos el gobierno se vió obligado a levantar la zona de distensión, convertida por las Farc en refugio de milicianos, escondite de secuestrados, centro de entrenamiebnto y punto de difusión de su pensamiento, con la publicidad que se les dió y con la apertura de ejes temáticos que resultaron un fiasco dada la pobreza intelectual que
    demostró Iván Ríos. Luego con doña Piedad han buscado un gobierno de transición, pero no la paz.

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  2. Si de incumplimientos y agendas dobles se trata las Farc no son las únicas que pusieron conejo, todos los gobiernos incluido el de Belisario -ni se diga Uribe con los paras- tuvieron que soportar sabotajes militares y empresariales, políticos y diplomáticos de sectores recalcitrantes que prefieren la guerra a la paz. Comparto buena parte de lo que dice el comentarista pero la conclusión no puede ser que entonces como siempre hubo conejos y trampas sigamos en guerra indefinidamente, porque la guerra es el peor negocio no para los gobiernos ni siquiera para los alzados en armas, sino para la población civil, los campesinos y más humildes de este país que son los que mueren y padecen directamente el fuego cruzado, las minas y todas las desgracias

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  3. Salvatore Mancuso, de la forma más respetuosa que puedo hacerlo me dirijo a ud con sólo una intensión: convencerlo de que sapee al presidente Uribe. si ud en realidad está comprometido con el desarrollo del país y la reparación de las víctimas de sus actos sapee a ese tipo!! por favor!! quiere enmendar sus cagadas? quiere redimirse?...HERMANO, SAPEE A ESE TIPO, CARAJO!
    muchas gracias por su atención.

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