noviembre 03, 2009

19. Ante la Obsesión U por la guerra urge Obsesión ciudadana por la Paz

PARADERO 2010

En pos de la convergencia futura impulsemos la transversalidad presente

Por Rubiño
juanrubbini@hotmail.com
www.lapazencolombia.blogspot.com

Audio e Imágenes:
Mercedes Sosa, a su memoria
http://letras.terra.com.br/mercedes-sosa/63324/














Sólo le pido a Dios
Que el dolor no me sea indiferente,
Que la reseca muerte no me encuentre
Vacío y solo sin haber hecho lo suficiente.
Sólo le pido a Dios
Que lo injusto no me sea indiferente,
Que no me abofeteen la otra mejilla
Después que una garra me arañó esta suerte.
Sólo le pido a Dios
Que la guerra no me sea indiferente,
Es un monstruo grande y pisa fuerte
Toda la pobre inocencia de la gente.
Sólo le pido a Dios
Que el engaño no me sea indiferente
Si un traidor puede más que unos cuantos,
Que esos cuantos no lo olviden fácilmente.
Sólo le pido a Dios
Que el futuro no me sea indiferente,
Desahuciado está el que tiene que marchar
A vivir una cultura diferente.

(León Gieco, Sólo le pido a Dios)



Aunque Usted no lo crea la Copa de la Paz tiene a varios equipos –en guerra y desmovilizados- estudiando participar. El de Presidencia –autoexcluido por decisión de Uribe- se niega rotundamente aduciendo que le ha ido mejor –en encuestas y urnas- al descalificar y estigmatizar, combatir y reciclar, marginar y excluir, judicializar y extraditar a los jugadores rivales. Triste porque, para la paz, como para el amor, hacen faltan al menos dos, pero con uno que se niegue no hay paz posible, ni amor tampoco.

Me preguntan por qué no votaré por Uribe en 2010, si se trata de expectativas frustradas o algo más complejo. Tomé la decisión de abstenerme si hay referendo pero no escogí candidato presidencial. No votaré por Uribe, ni Santos ni Arias. No tengo dudas que Pardo honraría el cargo de Presidente y valoro a Fajardo como excelente candidato. Noemí representaría muy bien a Colombia -incluso como Presidenta. Lo que no me suena es que en la coyuntura actual el péndulo pase de Uribe a Petro. Aunque no le vendría nada mal a Colombia un Presidente desmovilizado. En cuanto a Vargas lo veo más sumando a un Gobierno de Pardo que encabezando el propio. Aunque no faltan quienes piensen que la cosa será precisamente al revés. No veo a Mockus en el podio presidencial pero sí me gustaría su presencia en el Gobierno.

Desde donde me ha tocado vivir este partido –los pasillos vecinos al camerino de uno de los equipos que aspiraba –y todavía aspira- ganar para Colombia la Copa de la Paz esperé mucho de Uribe en 2002, bastante menos cuatro años más tarde y ahora solo espero que no pase del 7 de agosto su permanencia en el poder. ¡No más tiempo de reposición, ni más tiempos suplementarios, juez!

Destaco lo de la paz porque le adjudico propiedades socialmente sanadoras y reconstituyentes que exceden en mucho la mera ausencia de guerra. “Es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente”. Increíble pero cierto que los Castaño y Mancuso, muertos y extraditados en el intento de construir paz lo entendieran –como antes Navarro y Petro- y aplicaran a su entero riesgo y que los Uribe y ‘Cano’ sigan en las mismas, aunque, a decir verdad, en esto me resulta más inexplicable lo de Uribe que lo de Cano, incluso más éticamente imperdonable lo de un Presidente por aquello que Uribe si quiere puede, pero ‘Cano’ aunque quiera siempre le costará mucho más desde la clandestina ilegalidad y perseguido y acorralado. Con el fantasma de ser acusado por traición a la causa que siempre acecha a los revolucionarios que escogen el camino de la solución política negociada.
La paz no es el resultado final de la guerra, ni la guerra la gran partera de la Historia. La paz –ya se ha dicho- no es la meta, sino el camino que conduce al fin de la guerra. La paz debe instalarse hoy, sin demora. Podrá convivir con la guerra pero nunca tolerarla. La paz es construcción, no demolición, goza con la vida, no se congratula con la muerte, ni con la propia –esto se entiende- ni con la del enemigo –esto no se advierte en el lenguaje del Presidente ni en el de sus subordinados en la cadena de mando. ¿Amainará la obsesión de este Gobierno por la muerte –es decir, por la guerra- a partir de la competencia plena de la Corte Penal Internacional, bienvenida y sin salvedad ninguna a partir del 1 de noviembre? No creo, porque no entiende ni quiere entender en su terquedad, que su guerra nunca tuvo futuro y, además, la Justicia internacional le ha comenzado a roer el presente. Y para colmo de males está convencido este Gobierno que la Justicia es juez y parte de una “guerra jurídica”, nada menos.

Esto de empecinarse en el camino de la guerra –es decir, más y más víctimas, como si las habidas no fueran suficientes- es grave, muy grave, porque revela que tras siete años de tomar partido por la guerra, el Presidente sigue en las mismas. Hay quienes lo justifican diciendo que la guerra es para presionar una negociación, un maquiavelismo del tipo que el fin justifica los medios. Igualitico a las FARC en esto, aunque hoy son las FARC las que intuyen que si Uribe no continúa en la Presidencia la presión por lanzar propuestas serias y conducentes de paz les vendrá incluso desde su izquierda amiga, continental y vecina, norteamericana y europea también, a la cual no tendrán cómo decirle que no.

El conflicto armado ha atravesado experiencias fracasadas de procesos de paz, no cabe duda, es historia patria. Pero esto no es argumento válido para no insistir en propiciar procesos de paz, sino que obliga a perfeccionar y corregir la búsqueda, a proceder con ponderación en la crítica y autocrítica del porqué de los fracasos. Perseverar en el error es una estupidez –esto también se ha dicho- pero aquí y ahora en Colombia de lo que se trata es de dilucidar dónde radica el error. Si el error radica en buscar ya la paz desde las entrañas de la misma guerra y sus actores, o por el contrario, al insistir en pretender la paz como consecuencia de la victoria en la guerra, donde se imponga la rendición del enemigo y se decrete la paz, no como fruto de una negociación sino consecuencia de una rendición. Esto último es lo que piensa este Gobierno, y no hay indicios de que vaya a cambiar ni hoy, ni mañana ni nunca.

Es por estas diferencias abismales sobre cuál es el camino hacia la paz, por lo que me resisto a que el final del mandato de Uribe se prolongue un solo día más tras el 7 de agosto de 2010. Estoy convencido que el camino de la guerra no lleva a ninguna paz, y como es la paz de Colombia y del mundo mi razón de vivir, dejo claro a quien pudiera pensar diferente que no he sido, no soy ni seré nunca antiuribista.

No hay en esta posición nada personal, ningún rencor por esto o por aquello, no cabe y no sería honesto con quienes me leen. Si yo he logrado ubicarme en las graderías, tras algunos forcejeos intelectuales, al frente del círculo central, al Presidente le ha tocado por esas cosas de la vida –no lo envidio, más bien lo compadezco- ubicarse en un extremo y desde la ‘barra brava’. Desde donde él asiste al partido es más sencillo contagiarse del fanatismo que del respeto por el rival, lanzar el grito insultante que no la frase mesurada, incitar a la violencia que no el fair play, el puño dirigido a la cara del adversario que la mano tendida en son de paz.

Pensándolo un poco más, con solo cambiar algunos articulitos del reglamento el fútbol se podría transformar en boxeo, o el ring en plaza de toros. Y que la sangre decida y la muerte entre y escoja el vencedor.

Si de encrucijadas del alma se trata hace años resolví la mía: estoy dispuesto a morir por mis ideas pero matar para imponer las mías, jamás.

Y esto obliga -en Paz, Reconciliación, Justicia, Verdad y Reparación- también al Estado.

¡Ni más faltaba!


Así la veo yo.


Los 19 artículos que componen la serie publicada –iniciada en diciembre de 2008- de PARADERO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com
También encontrarán allí los artículos que integran la ASÍ LA VEO YO iniciada en MARZO de 2005 y dedicada al proceso de paz con las autodefensas.

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