noviembre 20, 2009

20. Sin la una, la otra guerra no tiene presente ni futuro



PARADERO 2010

La era está pariendo un corazón: defendamos su vida y su libertad



Por Rubiño
juanrubbini@hotmail.com
www.lapazencolombia.blogspot.com

Audio y video:
http://www.youtube.com/watch?v=7bN_O4nDHrs



“El periodo revolucionario en el que hemos entrado puede ser superado con fuerzas más profundas que las de la retórica, literaria o ideológica –eso se pone a prueba en nuestra sustancia. Es la hora de descubrir las cartas y mostrar lo que uno es. En una situación de griterío y de engaño, el pensamiento se hace peligroso por el simple hecho de ser justo, y los espíritus que poseen el sentido de la justa medida actúan como espejos que desvelan la nulidad del mundo de las sombras. Un pensamiento lógico, un verso límpido, una noble acción, y también el no participar en la bajeza, son hoy cosas que se yerguen como armas amenazadoras y que resultan tanto más punzantes cuanto menos se refieren al tiempo presente” (Ernst Jünger, Carta a su hermano Friedrich-George, 1934)

“Resultará imposible sentir respeto por quienes no hayan tenido ni corazón ni ojos para lo que ocurría en esos sitios” (Ernst Jünger, La paz, 1944)


Mi tesis es que la gravedad de la situación geopolítica incubada entre los gobiernos de Colombia y Venezuela constituye un riesgo cierto de conflicto armado, no ciertamente convencional sino protagonizado en una primera fase de incierta duración por paramilitares de uno y otro signo ideológico, consustanciados con los intereses políticos y estratégicos de ambos gobiernos enfrentados que preferirán no cargar con una orden de detención emanada por la CPI ni tampoco el sambenito de agresor mientras alientan que por otros medios la sangre sí llegue al río.

Ante estas circunstancias tanto las FARC, como el ELN y las cúpulas de las autodefensas rearmadas -y los desmovilizados que se encuentran recluidos en las cárceles de Colombia y los Estados Unidos- debieran hacer un esfuerzo perceptible, contundente y humanitario que revele que no se dejarán manipular ni están tomando partido por ninguna guerra entre países hermanos ni consienten que el conflicto armado y social interno sea exportado desde Colombia ni importado desde Venezuela por ninguno de los dos gobiernos que disponen de todos los medios diplomáticos –y deben utilizarlos sin dilaciones- para que no sean las poblaciones fronterizas, hermanadas por la geografía y la tradición, así como por el comercio y los lazos de afecto y vecindad existentes desde los tiempos de las luchas por la Independencia que los acercaron y los mantienen históricamente más afines y culturalmente hermanados que con cada uno de sus propios gobiernos, más interesados en defender sus prestigios políticos que las comunidades tan alejadas –y desamparadas- desde Bogotá y Caracas.

Guerrillas y ex autodefensas, enfrentados en los tiempos de la guerra interna, pero hermanados en su carácter de colombianos no deben perder esta magnífica ocasión de tender puentes hacia el diálogo que facilite e impulse el llamamiento a encontrar a través de la solución política negociada el elemento por excelencia que pueden poner a disposición de la paz amenazada hoy entre Colombia y Venezuela. Si para ello hay que hacer un llamamiento al Estado colombiano en sus diferentes expresiones políticas y jurídicas al efecto de reconsiderar la puesta en marcha de los recientes acuerdos entre EEUU y Colombia sobre las bases militares en territorio colombiano, tamaño gesto no sería desdeñado en ninguno de los países del continente preocupados por esta señal equívoca que seguramente ni Obama ni Uribe ni Chávez querrán desencadene un conflicto internacional de imprevisibles consecuencias en esta parte del mundo.

Colombia está ingresando al proceso electoral que definirá el nuevo Congreso y el nuevo Presidente en 2010, también Venezuela se prepara para escoger su representación política que llegará al Parlamento el año próximo. La tentación de utilizar las tensiones y hostilidades en la frontera para llevar agua al propio molino de las legítimas aspiraciones políticas no puede significar jugar con la vida y la muerte de comunidades fronterizas y lazos históricos entre pueblos hermanos. Tamaña irresponsabilidad no debe ser alentada por los ciudadanos de a pie de ninguno de los dos países, pero tampoco por quienes protagonizan o han protagonizado un conflicto armado desde ideales de justicia social, libertad y dignidad nacional. Si hoy estamos en las que estamos es porque la solución política al conflicto armado se ha venido demorando en Colombia por exagerado tiempo. Desde los años de Belisario Betancur hasta el presente han pasado más de dos décadas y medio. Un cuarto de siglo donde se pretendió de lado y lado, sabotear y esterilizar los caminos de solución política negociada, e imponer al adversario todo el peso de las armas, donde las voces que clamaron por hallar una solución política fueron acalladas, o menospreciadas, para que solo se escucharan las arengas militaristas y los partes de victoria con sus proclamas e incitaciones a proseguir la guerra, caiga quien caiga y cueste lo que cueste. Por esa senda hemos llegado hasta aquí y si no faltan quienes quieren extender el conflicto armado e internacionalizarlo, llevando sus consecuencias y derivaciones más allá de las fronteras, no debieran los actores ilegales –o los que han sido alguna vez- del conflicto armado dejar pasar la ocasión para utilizar en favor de la paz en América del Sur su cuota de valentía y coraje para convertirse en hacedores de paz y justicia social, dentro y fuera de Colombia, comenzando por proponer la creación de un cordón humanitario que a modo de cordón umbilical facilite que del cuerpo dolido de la guerra colombiana de más de cincuenta años nazca la vida que nos merecemos en un clima de diálogo y reconciliación que desde las fronteras traiga a las capitales los vientos de paz.

Dos personas, como Piedad Córdoba y Mancuso, que por distintas vías se han involucrado en la solución política del conflicto armado y social colombiano, y suscitan sentimientos tan duros de rechazo –que pretenden estigmatizar el camino del diálogo y los procesos de paz- según sea el círculo donde se mencione su nombre y trayectoria, han hecho llamamientos públicos y por separado, en los últimos días, sobre la necesidad de unir esfuerzos con la sociedad y los Gobiernos para acabar la guerra, para evitar que nuevas víctimas se sumen a esta cadena de tragedias que se abate hace tantos años y ahora comienza a desbordarse hacia países vecinos y hermanos.

Ahora más que nunca, la libertad de los secuestrados debe convertirse en el primer paso de un proceso de diálogo hacia la paz. El símbolo viviente de unos actores armados dispuestos a liberar a sus rehenes y liberarse a sí mismos de las cadenas de la guerra debe ocupar las páginas de los principales medios informativos del mundo. Uribe podrá o no ser candidato presidencial, pero tampoco puede constituirse en una talanquera que impida que los rehenes recuperen de inmediato su libertad, y Colombia se libere de la guerra.

No de una, sino de dos guerras, porque sin la una la otra no tiene presente ni futuro.

Así la veo yo.


Los 20 artículos que componen la serie publicada –iniciada en diciembre de 2008- de PARADERO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com
También encontrarán allí los artículos que integran la ASÍ LA VEO YO iniciada en MARZO de 2005 y dedicada al proceso de paz con las autodefensas.

1 comentario:

  1. Liberarnos no de una si no de dos guerras, eso si que sería maravilloso, algo así como alimentar dos pájaros con la misma mazorca... Sin embargo que distante se percibe este desenlace, cuando las voluntades políticas parecieran ir en rumbo contrario...

    Que irresponsable y que poco ético querer lucrarse de una situación tan grave que amenaza la poca estabilidad de la región, con ánimo electorero.

    Como están las cosas, de cualquier lado podría esperarse que "se lanzara la piedra y se escondiera la mano" y eso que llaman sociedad civil de lado y lado, perdida, como un concepto vago, integrada por sujetos sin los elementos quizás, para hacer lecturas diferentes, que trasciendan las que entregan los medios de comunicación...


    Ayudar a que el corazón que está pariendo la era en medio de tanta sangre, logre asomar a la luz con opciones nuevas que rompan este círculo vicioso que pareciera no tener fin es repsonsabilidad de todos, si no lo asumimos de este modo, será imposible al decir de Jünger, ser dignos del primer respeto báscio que sería el que nos debemos a nosotros mismos, por no "baber tenido ni corazón ni ojos para lo que ocurría ( y ocurre) en esos (y en estos) sitios.

    Bienvenida entonces la creación de ese cordón umbilical humanitario que propone y que soplen vientos de paz

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