enero 28, 2010

148. Los 'fascismos criollos' y sus encrucijadas del alma

ASÍ LA VEO YO - Año 6

Voto por menos presidencialismo y más democracia

Por Juan Rubbini
juanrubbini@hotmail.com
www.lapazencolombia.blogspot.com



Audio:
http://www.youtube.com/watch?v=5yuoJr0Lxwc&feature=related



“Las penas y las vaquitas se van por la misma senda, las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas” (El arriero, Atahualpa Yupanqui)



El ‘régimen chavista’ puede estar ingresando en 2010 a la recta final que desemboque más adelante -¿2011, 2012?- en el ‘fin del fin’ del ‘socialismo del siglo XXI’ concebido como totalitarismo de Estado. ‘Chavismo’ como expresión política subsistirá quizás por unos cuantos años pero el riesgo del ‘fascismo criollo’ –tropicalismo izquierdoso- se habrá alejado. Algo parecido estaría pasando con el ‘uribismo’ que en 2010 parece destinado a transformarse en ‘Uismo’ de la mano de los Santos y compañía. La versión colombiana del ‘fascismo criollo’ –de estirpe derechista- se diluirá –no tan mansamente- ante el progresivo avance de la democracia social. Esto significa que la batalla por la ampliación de la democracia creará las condiciones para afrontar en los próximos años la solución política negociada del conflicto armado colombiano. Ni la perpetuación de las guerrillas como ‘proyecto revolucionario’ –ni su contracara de las autodefensas y paramilitarismos varios- contará ya con legitimación social, ni política, ni internacional, que le suministre el oxígeno ideológico sin el cual la violencia se transforma en puro bandidaje.

Colombia asistirá entonces al fenómeno inusual del necesario ensanchamiento y profundización de su sistema democrático –incluidas sus instituciones y poderes- donde quienes vienen de la guerra y sus comunidades adheridas querrán ocupar su sitio en el lugar donde se toman las decisiones. En esto hay que admitir que tanto el M 19 como las AUC han sido pioneras aunque el trato recibido ha sido bien diferente con las consecuencias conocidas. Unos en el Congreso –o de candidatos presidenciales- y los otros presos y extraditados, con la negación total de sus derechos políticos. Pero esta anomalía social –que el ‘uribismo’ pretende ‘congelar’ en vano- va a cambiar cuando el ‘fascismo criollo’ que ensayan Chávez y Uribe sea superado por los acontecimientos y la ‘realpolitik’. Ambos presidentes son productos de la historia –que es pasado, no lo olvidemos- y de la época, y la historia -se sabe- arrastra con todo aquello que pretende ponerle represas a la verdad, la libertad, la democratización y la justicia. Las épocas se han sucedido inevitablemente sin que ningún ser ‘providencial’ y pretendidamente insustituible en su vanidad las haya podido congelar.

La gesta democrática de los venezolanos contra el recorte de sus libertades es tan digna de aplauso como la rebelión cívica de quienes en Colombia se manifiestan crecientemente en contra de una nueva reelección de Uribe. Son señales que lanzan los pueblos y signos de los tiempos que ni las guerrillas ni las autodefensas rearmadas pueden darse el lujo de ignorar o menospreciar. Porque en esta toma de conciencia de las poblaciones sobre los límites a los poderes discrecionales de los Presidentes de turno se asienta la voluntad de encontrarle soluciones políticas a los conflictos sociales y armados que no pasen por la entronización de reyezuelos –y sus cortesanos- que utilizan ‘chivos emisarios’ para justificar su permanencia indefinida en el poder y la restricción de las libertades individuales y de asociación. Chávez ha pretendido hacer del fantasma de la ‘invasión gringa’ el ‘coco’ que justifique su propia invasión sobre los derechos ciudadanos y democráticos. Uribe hace ocho años que ni gana la guerra contra las FARC ni negocia políticamente con las guerrillas el fin del conflicto armado. Hace ocho años que está en campaña con el mismo argumento de la seguridad, lo cual es al menos un indicio que más que ocupado en acabar el conflicto está interesado en sacar de él su máximo provecho. Ni hablemos del narcotráfico como ‘narcoeconomía’ contra el cual ni se ha vencido ni se intenta negociar con lo cual el cáncer se extiende y no tan paradójicamente se beneficia económica y políticamente a quienes lo ‘combaten’ transformando en criminal un problema que finalmente es social y de salud pública.

Por esto de empoderar a los pueblos y los ciudadanos es que las guerrillas colombianas y las autodefensas más temprano que tarde tendrán que confluir, social, política y humanitariamente, en la búsqueda conjunta de espacios democráticos donde poner este ‘Estado de cosas’ oprobioso y corrupto, en un ‘Estado de conmoción’ de las conciencias justicieras y libertarias que libere a Colombia de la trampa mortal en que ha caído desde el asesinato de Gaitán en 1948, aunque ciertamente los males que afectan a los ‘desheredados de la tierra’ colombianos vienen de bastante antes y no han hecho sino empeorar. Las clases políticas han sido impotentes –cuando no decididas máquinas de impedir- para construir en los hechos el ‘Estado social de derecho’. No se trata de crucificar –ni siquiera simbólicamente- a todos los presidentes desde los años ’50 hasta el mismo Uribe, pero sí de asignarles a todos ellos –sin excepción- cuotas de responsabilidad y culpa, que en el marco de auténticos procesos sociales y legales de verdad, justicia y reparación, no pretendan seguir haciendo de guerrilleros, paras y narcos ‘enemigos públicos’ ni mucho menos ‘parias irredimibles’. Lo peor de todo es que se estigmatiza al ‘ilegal’ para esconder las propias culpas y miserias de los supuestos ‘legales’ de manera de inocular socialmente el virus del maniqueísmo y la satanización, arte del cual el gobierno Uribe ha sido adalid y promotor en ‘beneficio propio’.

Lo anterior no es solo un llamado a la responsabilidad social de los tantos Chávez y Uribe, presentes y pasados, sino también de todos los actores ilegales del conflicto armado –narcos incluidos- para que se preparen juiciosa y acuciosamente con el fin de ser partes de la solución, que no podrá sino ser política, negociada y avalada por la Comunidad internacional, y sin menoscabo de la verdad, la justicia y la reparación.

Así como la realidad del conflicto social, armado y político es incontrastable, la necesidad de trazar la hoja de ruta de la solución política que ponga fin al conflicto armado y las ‘narcoeconomías’ es tan insoslayable como cada día que pasa más urgente.

Así la veo yo.

2 comentarios:

  1. rUBINI COLABORE A LA GENTE DEL URABA Y DIGALE AL ALEMANY DIEGO QUE YA DEJEN DE ATROPELLARNOS MAS, LLEVAMOS MUCHOS AÑOS DE GUERRA Y ELOS SIGUEN CON MAS, EN EL TRES TURBO APARTADOMSIGUEN HACIENDO O QUE ELLOS QUIEREN Y DEJAN VENDER Y COMPRAR PLATANO AL QUE ELLOS QUIERAN Y SOLO ELLOS VENDEN EL BANANO

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