abril 06, 2010

155. No hago proselitismo pero tampoco oculto mis preferencias

ASÍ LA VEO YO - Año 6

Mis candidatos son Mockus y Fajardo pero mi voto es por Paz y Reconciliación

Por Juan Rubbini


juanrubbini@hotmail.com
www.lapazencolombia.blogspot.com


Cada día que pasa cuenta menos lo que piense Uribe y hay más interés por saber qué está tramando Santos. Todavía se oye hablar de ‘seguridad democrática’ pero hoy con menos atención que ayer, como si la liturgia hubiera reemplazado la devoción, y el hábito procurase disimular la insatisfacción. Hoy le toca a Santos –como sucedió con Serpa en 2002- descubrir azorado que cuando creyó haberse aprendido todas las respuestas, le comenzaron a cambiar todas las preguntas. Las dificultades de Juan Manuel serán crecientes durante la campaña porque tras el sueño ‘uribista’, está despertando Colombia y no acierta, aún entredormida y a tientas, a tomar conciencia precisa de si el sueño prosigue o el despertar resulta irreversible. Noemí en esto le ha cogido ventaja a Santos pero ahora duda sobre si agitar banderas del pasado uribista, o volver sobre sus pasos de independiente o más bien acaso creerse el cuento de que es la candidata de los conservadores. Conservadores que a su vez cavilan sobre si Santos o Noemí, o más bien Mockus y Fajardo, sin que esto último les suene a herejía o blasfemia. No nos digamos mentiras: así como no faltan muchos conservadores que votan a ojos cerrados por el partido azul tampoco son pocos los conservadores que hartos de seguir adorando al dios Uribe o atender los berrinches de Pastrana le apuestan a los independientes capitaneados por Mockus.

Vargas Lleras –tal vez el mejor candidato de todos- sigue sin poder subirse a ningún tren, entre otras cosas porque el tren al que él le tienta subir –el rojo liberal- no conduce hoy por hoy a ninguna parte, y al que él debiera intentar subirse –el de Santos- no lo seduce, no tanto porque no lo inviten sino porque no acierta a entender si el maquinista será Santos o Uribe. Porque si Santos realmente se quita de encima el lastre de Uribe y decide ser él mismo, Vargas Lleras podría convertirse en su socio de la victoria, no ya sobre la izquierda irrelevante de estos días sino sobre los viudos del poder uribista, los lambones que de tanta lambonería y derechismo estéril le hicieron extraviar el rumbo al presidente Uribe.

La candidatura Mockus-Fajardo sigue cuesta arriba sumando apoyos de opinión, no pocos votos que hubieran ido al Polo irán esta vez a los independientes. Doctos, mamertos, centristas, independientes y derechistas liberales y conservadores confluirán en la candidatura que muchos –me incluyo en lo personal- quisiéramos ver triunfar en mayo. Lo digo con esta claridad –lo de mi voto- porque si en 1998 preferí a Pastrana sobre Serpa, en 2002 a Uribe sobre Serpa, y en 2006 a Mockus sobre Uribe, hoy, en 2010, tras cuatro años más de Uribe, voto más pensando en mis hijos, en la Colombia que necesitamos ver aparecer, que en aquello del voto útil o el voto castigo. Sin embargo, no haré de mis columnas un intento de persuasión, mucho menos proselitismo, lo mío es el análisis, la reflexión, soy consciente de mis límites y mis libres elecciones sin más ataduras que un personal, cierto y afectuoso temor de Dios.

Así las cosas, si quiere triunfar –incluso en primera vuelta- Santos debiera concentrar sus esfuerzos en sumar a Vargas Lleras, al tiempo que atraer las bases liberales –no solo las que votaban a Uribe, sino también las del centro liberal e incluso izquierdas liberales. Y hacer esto incluso a riesgo que la derecha se case con Noemí, aunque esto realmente es más bien una oportunidad que un riesgo. Finalmente, si la U no debe convertirse en el reducto bastión de la derecha uribista, menos debiera serlo de la extrema derecha, que está mandada a recoger y no debe ser Santos quien la acolite ni mucho menos se convierta en su vocero. Más que esperar guiños del ex líder Uribe, es Santos, el nuevo líder, quien debe hacer como tal los guiños a uribistas, liberales y conservadores, y para esto nada mejor que subir a Cambio Radical a su campaña, pero no solamente a Cambio Radical.

Mal que les pese a los que se niegan a construir la Paz de Colombia, los signos positivos se siguen multiplicando y ya van definiendo una tendencia cada día más visible. El cardenal Castrillón –mientras adelanta convergencias paralelas- hace periódicos llamados públicos a tenerle confianza a quienes dentro de las FARC están dispuestos a darse la pela por una solución política negociada. Piedad Córdoba sigue adelante, dentro y fuera de Colombia, sumando voluntades para que el intercambio humanitario abra el camino de un proceso de paz. Los obispos de la Iglesia Católica movilizan a diario en Colombia los espíritus de todos aquellos que están dispuestos desde la política y la sociedad civil a jalarle al fin del conflicto armado mediante el diálogo y la concertación, llamando a encontrarse los unos y los otros en una sana dialéctica. Tampoco ahorran esfuerzos los obispos y sacerdotes en tender puentes con las bandas emergentes y autodefensas rearmadas para que no cesen de creer que es posible acabar con la violencia en Colombia sin que unos ganen y otros pierdan apocalípticas guerras de exterminio. Existen también valiosos esfuerzos asociativos como el de la Comisión de Notables de Medellín que insisten -poniéndole el pecho a las incomprensiones y los dardos envenenados de quienes dentro del Gobierno ni hacen ni dejan hacer- en impulsar las treguas interbandas urbanas que la ‘seguridad democrática’ no ha podido doblegar por las malas ni sabido persuadir por las buenas. También, las autodefensas desmovilizadas desde Colombia y EEUU siguen adelante con sus compromisos de Justicia y Paz, y solicitan recurrentemente apoyo nacional e internacional para que las instancias judiciales reciban todo el apoyo que requieren por parte del Estado colombiano y la Comunidad internacional con la finalidad que los Tribunales de Justicia y Paz puedan adelantar en tiempo y forma todas aquellas formalidades y procedimientos que honren la Verdad del conflicto armado y la Reparación de las víctimas.

Si valoramos en su justa medida la calidad y buena voluntad de todos los candidatos presidenciales –sin excepción- y observamos sin prejuicios los esfuerzos que se hacen en Colombia por impulsar políticas de paz y reconciliación no podemos sino sentirnos optimistas acerca de que tras las duras batallas revolucionarias y contrarrevolucionarias, que protagonizaron guerrillas, autodefensas y el mismo Estado, en los últimos sesenta años de historia, el Gobierno –cualquiera que sea- que asuma la Presidencia el 7 de agosto, y el Congreso que tome posesión en esos mismos días, tendrá junto con la honorable, valiente e independiente Justicia de Colombia, el terreno abonado y la sociedad civil dispuesta y templada para acometer la misión pendiente de acordar la paz y fortalecer la reconciliación que se viene abriendo paso –contra viento y marea, con avances y retrocesos, pero sin desfallecer ni claudicar- desde el Caguán y Santa Fe Ralito, dos hitos en esta larga marcha de la guerra hacia la paz, dos inmensos sacrificios y desencuentros, que no valen por lo que alcanzaron en su momento, sino por lo que iluminaron sobre el verdadero camino a seguir, que no debe ser el de la mentira sino el de la Verdad, que no debe ser el de la impunidad sino el de la Justicia, que no debe ser el del olvido ni la indiferencia hacia las víctimas –todas ellas-, sino el de la Memoria Colectiva y la Reparación de todas las víctimas sin excepción, no solo materialmente sino también espiritual y simbólicamente.

Así la veo yo.


Los 155 artículos que componen la serie publicada –iniciada en de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

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