abril 20, 2010

156. ‘Legalidad democrática’ pone en jaque a seguridad ‘dizque democrática’


ASÍ LA VEO YO - Año 6

Mockus y Fajardo no tienen ‘rabo de paja’ y esto hace la gran diferencia

Por Juan Rubbini

juanrubbini@hotmail.com
http://www.lapazencolombia.blogspot.com/



“No hay mayor señorío que el de sí mismo, de sus afectos”
Baltasar Gracián, Oráculo manual


Acierta en ‘buena ley’ Antanas Mockus –y en ello está una de las claves de su éxito- cuando saca de entre sus cartas la carta ganadora de la ‘legalidad democrática’. Lo suyo es dialéctica de la buena –y de la que no abunda- al proponer no el abandono de la ‘seguridad democrática’ sino su absorción y relegitimación en una tesis superior que la envuelva y proteja de sus propios excesos y desviaciones.

Aciertan también los paras desmovilizados cuando hacen de Justicia y Paz, y de sus presentaciones ante la Corte Suprema de Justicia, escenarios de verdad y reparación, espacios de reinserción en la sociedad a través del respeto a la Ley y sus normas y procedimientos. Esas mismas normas y procedimientos que los Gobiernos, funcionarios y uniformados, mediante no pocos cajones enteros de lo que hoy se da en llamar ‘manzanas podridas’, violaron inmisericordemente cuando engendraron, adoctrinaron, reclutaron y armaron sucesivas generaciones de paramilitares y autodefensas, a quienes ni siquiera las puertas de la financiación narca les fueron cerradas.

Guerrillas y autodefensas –ideologías aparte- son también, y en especial a partir de la segunda mitad de los ’80- productos y subproductos del mismo Estado de cosas que permitió que el narcotráfico se hiciera de buena parte del territorio, la conciencia y la economía del país. De la política también claro ¿y de qué no? si aquello de que el fin justifica los medios hizo carrera y de qué manera, con qué intensidad y capacidad de reproducción.

Si Mockus y Fajardo están ascendiendo una cuesta impensable en el segundo lugar es antes que nada porque millones de voluntades están sosteniendo su quijotada. No son producto de los medios, ni de la publicidad, mucho menos de la clase política. Pero son su consecuencia, en el sentido que el hartazgo por la polarización uribista-antiuribista creó la necesidad, entre física y espiritual, de abrir de par en par las ventanas y dejar que entrara aire fresco y renovado, y con el aire la naturaleza, el verde, que no casualmente es su color y el de la esperanza. La propaganda uribista del autoelogio, del mesianismo, del ¿qué harían sin mí? repetida como letanía interminable ha terminado por convertirse en bumerang, por despertar millones de voluntades dispuestas a responder: con Uribe o sin Uribe, con uribismo o sin uribismo en el Gobierno, Colombia sigue adelante tras el País que nos queremos merecer. Ni más faltaba que nos tocara adorar a Uribe como un dios y practicar el uribismo como religión.

A cuarenta días de la primera vuelta Noemí y los conservadores son el fiel de la balanza. No son las únicas pesas pero son las pesas que más pesan para que el péndulo se quede del lado uribista o pase del lado de los ‘verdes’. También podría pasar que Noemí intentara lo que hoy ya parece imposible, meterse en la segunda vuelta y después ganarle a Santos con los votos de los verdes, los rojos y los amarillos. Pero para ello debe ser más audaz e ‘independiente’, diferenciarse del uribismo, mostrarse como quien va a superarlo más que emularlo o continuarlo. Hay mucho conservador esperando que Noemí gire del ‘uribismo que no la quiere’ al ‘independentismo’ del que alguna vez, 1998, fue precursora y promesa, y que si esto no le alcanza para superar a Mockus y compañía, al menos si le alcance para sumarse a la ola renovadora que votará contra todo pasado pisado y por la legalidad democrática. Duro el dilema de Noemí pero si lo resuelve positivamente la Presidencia puede ser suya, por dos sencillas razones: porque tiene el toque de ‘uribismo sin Uribe’ que a muchos uribistas complace, y también el toque de ‘candidata independiente’ que a muchos conservadores, liberales y gente del común no disgusta. En todo caso, veo más cerca intelectual y afectivamente a Noemí de los cuatro ex alcaldes que de Santos. Así como veo a Vargas más cerca de Juan Manuel y a Pardo y Petro con ganas de votar –sin decir esta boca es mía- a Mockus y Fajardo en segunda vuelta.

En todo caso, las próximas elecciones presidenciales no tienen nada que hacer en relación a la disputa entre derechas e izquierdas. Derecha e izquierda han demostrado en los últimos años que apelan a las armas sin pruritos éticos, y por lo tanto no es su disposición o no a la guerra lo que las diferencia. Sobra decir que clientelistas en política lo son los Liberales y Conservadores, pero también el Polo. No es el clientelismo tampoco lo que permite distinguir entre izquierda y derecha. Tampoco la propiedad privada está en discusión, mucho menos las libertades y los derechos humanos. Así las cosas la ‘legalidad democrática’ que debiera ser bandera obvia –tan obvia como en 2002 la ‘seguridad democrática’- se convierte en as en la manga que Mockus y Fajardo han sabido capitalizar a su favor. Y esto no es casual, son los únicos que por carecer de ‘rabo de paja’ la pueden sacar a relucir sin temor que alguien les provoque terror con solo exhibir un fósforo encendido.

Si la ‘legalidad democrática’ –el respeto por las reglas del juego- adquiere en 2010 semejante valor político ante los ciudadanos que vuelve todo lo demás secundario será bueno que los actores del conflicto armado reflexionen seriamente si no ha llegado el momento de sumarse a la ola antes que el tsunami verde haya completado su misión histórica: Me refiero que tanto el Estado como los ilegales, las guerrillas como las autodefensas, los narcos y sus redes asociadas, se dispongan seriamente a negociar civilizadamente el cierre de sus operaciones de ‘ilegalidad criminal, económica o política’ que con vastas e intrincadas ramificaciones ha cubierto el territorio y el alma de los colombianos en los últimos sesenta años, por decir una fecha aproximada y elocuente, desde el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán.

Aunque suene paradójico son estas ilegalidades endémicas que incluyen también las emergentes –que de emergentes tienen muy poco- quienes más interesadas debieran mostrarse en esperar con esperanza un triunfo de Mockus y Fajardo, a quienes como buenos científicos no le faltarán fórmulas que faciliten el pasaje de la ilegalidad a la legalidad. Porque no se trata de exterminar a las personas sino de convertirlas. Esto no solo es ético y humanitario, sino hasta evangélico y religioso. “Hay más alegría en el Cielo por un pecador que se convierte que por mil justos que hacen la voluntad de Dios”. Es que la Justicia ha de ser Justa, ni poca ni mucha, apenas Justa. Quien exige el máximo castigo, o la máxima pena, no está siendo Justo, sino revanchista, retaliador, más ocupado en reivindicar la ley del talión que la ley de Dios, o la justicia restaurativa o transicional que es la que nos corresponde aplicar aquí y ahora, y a la que todos deber ser invitados sin excepción dispuestos al arrepentimiento y el perdón.

Alguna vez le oí a Sergio Fajardo decir que ser creativo no es inventarse algo novedoso todos los días, sino que ser creativo consiste en algo más profundo y a la vez más simple: “ver lo que todos ven y hacerse la pregunta que nadie se ha hecho”. Estoy seguro que si llegan al Gobierno, tanto Mockus como Fajardo, no solo están en capacidad de ver en la tragedia del conflicto armado colombiano lo que todos los candidatos presidenciales están viendo sino también de hacerse las preguntas que ninguno de los otros ha sabido hacerse.

Y entonces sí, de la 'legalidad democrática', no del revanchismo sectario y jacobino, ni del fariseísmo hipócrita y falaz,, provendrá la respuesta correcta.



Así la veo yo.

Los 156 artículos que componen la serie publicada –iniciada en de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.comHYPERLINK "http://www.lapazencolombia.blogspot.com"

No hay comentarios.:

Publicar un comentario