mayo 19, 2010

158. ¿Nos dirán algún día por qué no se llegó a la firma de acuerdos de paz entre Gobierno y Autodefensas?

ASÍ LA VEO YO - Año 6


No sigamos extraditando la Verdad, pongámosla a trabajar en los cimientos de la Paz y Reconciliación

Por Juan Rubbini
juanrubbini@hotmail.com
www.lapazencolombia.blogspot.com


La ‘legalidad’ que personifica Antanas ha puesto contra las cuerdas la ‘seguridad’ del ‘todo vale’ que encarna Juan Manuel. Las ‘luces’ irrumpen sobre el escenario del ‘autobombo’ que la derecha ‘uribista’ pretendió erigir como sustituto de la Democracia. El éxito de los verdes en las encuestas es el ‘voto castigo’ ciudadano al ‘derechismo’ que se apropió de Uribe, olvidando que no ganó en 2002 y 2006 por ‘derechista’ sino por el norte de ‘pararle el macho’ a las FARC en una guerra que hasta allí solo los ‘paras’ habían afrontado. Si las autodefensas fueron un remedio ilegal producto de un Estado que había perdido el rumbo, lo de Uribe presidente también combinó legalidad con ilegalidad amparado en el sofisma de las ‘manzanas podridas’.

El proceso de paz que propusieron los paras era el comienzo del fin del paramilitarismo y el narcotráfico, mientras que Uribe lo destrozó con el efecto desastroso de reencauchar el paramilitarismo y entronizar los ‘falsos positivos’ y las ‘bandas emergentes’. Más le hubiera valido a Uribe pararle bolas a las advertencias de los Castaño y los Mancuso en vías de desmovilización que a los ‘aprendices de brujo’ que propusieron reemplazarlos para heredar sus territorios y convertir a Uribe en un nuevo Castaño legitimado por la ‘seguridad democrática’.

Si la ola verde de la ‘legalidad democrática’ derrota en las urnas al candidato oficialista pocos dudan que habrá garantías suficientes para que el nuevo Gobierno conozca las verdades ocultas que tienen hoy a los ex comandantes paras en los EEUU y a las autodefensas rearmadas en la ilegalidad.

Las razones que acorralaron hasta abortar el proceso de paz con los paras continúan sin conocerse pero las hipótesis sobre aquellos detonantes del fracaso de Ralito habrán de sumarse a aquellas verdaderas razones que llevaron a los hermanos Castaño, Mancuso y otros líderes de las autodefensas a proponer a Uribe el desmonte de sus estructuras ilegales a cambio de la reinstitucionalización del Estado en las zonas que eran de su influencia, donde ejercían como ‘estados de facto’ con su ‘legalidad no democrática’ y sediciosa, así como las FARC son ‘estado’ e imponen su propia ley revolucionaria en los territorios que controlan. Si fuerzas entonces tan poderosas, en el apogeo de su existencia, tomaron decisión tan audaz e innovadora, de desmovilizarse, no sorprenderá que Justicia y Paz llegue finalmente con sus investigaciones hasta ese momento crucial, esa novedad pacificadora de aquella generación de autodefensas que debió alumbrar caminos de paz, incluso con las guerrillas, si el Gobierno no hubiese puesto a rodar otras intenciones, inquietantes y oscuras, aún sin develar, que han llevado a Colombia a proseguir en el laberinto de la guerra sucia aun después de desmovilizados quienes la misma retórica gobiernista ha querido estigmatizar como chivos emisarios –junto a las FARC- de la tragedia humanitaria colombiana.

Las víctimas tienen derecho a la verdad y la reparación, no solo las producidas en Colombia, también las producidas en EEUU por causa del narcotráfico y el consumo de drogas ilícitas. Eso está fuera de discusión. La cooperación de los victimarios con la Justicia de acá y de allá ha de estar por encima de todo cálculo político e ideológico, de la misma manera que la cooperación entre ambas Justicias ha de tomar en cuenta que las verdades del conflicto y las verdades del desarrollo de los procesos de paz deben converger en políticas de Estado que reconozcan lo atípico de la realidad colombiana y la urgencia humanitaria no solo de reparar a las víctimas –todas las víctimas- sino también evitar se sigan produciendo víctimas por un conflicto armado que se perpetúa inmisericorde al primar las estrategias de guerra de sus actores legales e ilegales por sobre los esfuerzos que dentro y fuera de Colombia se han hecho, y se siguen haciendo para hallar una solución que no solo ponga fin a las hostilidades sino también brinde reparación, verdad y justicia.

Es dentro de esta mirada objetiva, desapasionada y profunda que la ‘legalidad democrática’ de los ‘cuatro tenores’ tendrá que plasmar históricamente una conceptualización superadora del conflicto armado interno que logre traspasar intelectual y pragmáticamente los estrechos límites ‘uribistas’ en su concepción maniquea y miope de ‘seguridad democrática’ que nació ciertamente de un anhelo colectivo generalizado y terminó asfixiado en los pasillos de la Casa de Nari por la lujuria incontenible del poder y sus cortesanos y amanuenses, ávidos de prolongar y extender las fronteras de la guerra para lucrarse con la venta de sus falaces y repudiables remedios reciclados de la ‘guerra fría’ y el anticomunismo anterior a la caída del Muro de Berlín y el fin de la Unión Soviética.

El principio del fin de la guerra en Colombia pudo haber nacido con la desmovilización de los paras. No pudo ser y sus protagonistas, de uno y otro lado de la Mesa Negociadora están en deuda con la ciudadanía en el relato de la verdad del proceso de paz y su frustración. Esta verdad sin conocer no debe seguir envuelta entre los pliegues de unas cuantas extradiciones y extrañas muertes de ex autodefensas, todo lo cual necesita fructificar en aporte insustituible a la construcción de la paz que seguramente un nuevo Gobierno tendrá entre sus proyectos y metas como desafío y motivación a partir del 7 de agosto.

No se trata solo de no extraditar la Verdad que nos merecemos sino de construir con los cimientos de esa Verdad el imperio que realmente vale, el que se asienta sobre los pilares de paz y legalidad, el que no convierte al adversario en enemigo ni al ser humano en objeto de explotación o engaño.

Así la veo yo.

Los 158 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

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