mayo 26, 2010

159. De cuando los Santos venían marchando y la ola verde se atravesó


ASÍ LA VEO YO - Año 6

Algo terrible sucedió entre Gaitán y Mockus, una Historia que nos debe un final feliz


Por Juan Rubbini
juanrubbini@hotmail.com
www.lapazencolombia.blogspot.com

Para la libertad
(Miguel Hernández – Joan Manuel Serrat)

http://www.youtube.com/watch?v=iL5CuLPnjSE

Para la libertad sangro, lucho y pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.
Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho. Dan espumas mis venas
y entro en los hospitales y entro en los algodones
como en las azucenas.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.
Retoñarán aladas de savia sin otoño,
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño
y aún tengo la vida.
………………………………
Si la guerra es asunto demasiado serio para dejarla solo en mano de militares, la política también y ‘ni por el chiras’ puede dejarse solamente en mano –y bolsillo- de los políticos. Desde la Presidencia de la Nación no se puede cambiar lo que ya sucedió pero sí se puede cambiar un futuro por otro futuro. Santos es a Uribe lo que Mockus es… a Obama. Salvando las distancias, entre gobernar EEUU y Colombia, pero tomando nota de las semejanzas, por el respeto que maifiestan Obama y Mockus por las Leyes como hacedoras de la transformación social. Porque si Uribe la iba bien con Bush, Santos no la iría bien con Obama, por las mismas razones que una reunión entre Mockus y Mc Cain no llegaría a los cinco minutos.


Si Uribe se dejó apropiar su Gobierno por las derechas voraces y clientelistas, la derecha independiente de Mockus es izquierda cuando la comparamos con el uribismo que nos gobierna, y es claramente una derecha pro-centro frente a cierta izquierda extremista del Polo, aunque no lo es tanto frente al mismo Petro y mucho menos frente al talante liberal de muchos liberales y no pocos conservadores. Todo esto para decir que Mockus no enfrenta electoralmente al uribismo desde la izquierda, sino desde un centro derecha que ha hecho blanco seductor en la franja de uribistas que se hartó de ser silenciada y excluida –cuando no estigmatizada y encarcelada- por parte de una minoría de furibistas cuyo autismo y culto de la personalidad de Uribe lo han llevado al magro resultado de no haber logrado ni su segunda reelección ni posicionar un candidato de fuste que fuera plebiscitado en primera vuelta como sucedió en 2002 y 2006.


No triunfar en primera vuelta será derrota humillante para el candidato que pretende enarbolar la continuidad del liderazgo de Uribe y su favorabilidad del 70 %. Será doble derrota si no alcanza siquiera el primer puesto el 30 de mayo. A esto le apuntan los verdes como objetivo inmediato: tomar la delantera el próximo domingo en las urnas y tener más cartas en la mano cuando llegue el momento de acordar con cada uno de los cuatro partidos que quedarán por fuera de la gran final del 20 de junio.


Cuando se habla de Partido Verde se omite el fenómeno social y cultural que encarna. Es más propiamente una marea social que una ola partidista. Mockus es la punta del iceberg, el ‘fenómeno emergente’, no el profeta que arrastra multitudes ni el flautista de Hamelín que pintan los Rendones que rondan a Santos. No es tanto lo que Mockus lidera como lo que la marea verde empuja hacia la Presidencia. Por eso Santos no ha podido tapar el sol con sus dedos, ni evitar que muchas aguas hasta ayer uribistas se le estén escapando de las manos. No es el horror a Uribe lo que produce la estampida –que ya se acerca al 40 %- sino la verde esperanza que otra Colombia es posible, no solo mejor y posible, sino también y desde sus cimientos y realizaciones distinta. Distinta a todo lo conocido y padecido hasta aquí. Distinta y amable, distinta y distinguida. Distinta y culturalmente superior. Pasar de nivel, de eso se trata, y el solo intento colectivo reúne multitudes hasta ayer silenciosas, hasta ayer invisibles, oscurecidas por el curso y discurso uribista, ignoradas y menospreciadas por el mesianismo oficialista, carne de cañón de ambiciones triunfalistas y ancladas en un pasado que ya fue y no nos pertenece ni nos contiene hoy.


Santos podría ganarle a cualquier candidato partidista, incluso y sobre todo a Mockus, si lograra su campaña convertirlo en un candidato de partido, en un candidato de derecha o de izquierda, reducirlo a la categoría de político de profesión, de burócrata de ministerio, o incluso satélite de Chávez, o agente de Obama. ¡Pero no!, es que Mockus no es el verdadero rival de Santos, el verdadero rival de Juan Manuel es la comparación que se hace de él con Uribe, y los cadáveres insepultos que la seguridad democrática pretendió desaparecer pero hieden, cómo hieden y repugnan. Si fuera solamente eso… ¡pero no!, hay algo más y definitivo: la marea verde no nació con Mockus ni se agotará con Mockus, nació inopinadamente digamos en aquel Bogotazo que sucedió al crimen de Gaitán, se vistió de rebeldía guerrillera y autodefensa campesina, sobrevive a los crímenes de Estado y los crímenes del narcotráfico, ha logrado salir magullada pero entera de tanto irrespeto por la vida, de tanta corrupción y mal uso de los bienes colectivos, siempre buscando una playa donde reposar de tanto movimiento en vano, de tanto predicar en el desierto, de tanto profeta sacrificado y otros tantos prostituidos por las ambiciones del poder y el capital.


No es simplemente Mockus, no es apenas una ola. Comprendo el desespero de Santos y la mala conciencia de Uribe. La marea que está llegando no persigue el mal de nadie sino el bien de todos. Aun aquellos que no conocieron el perdón y el arrepentimiento tienen derechos que deberán ser respetados y protegidos. Nadie está pregonando venganzas ni leyes del talión, solo que la legalidad sea respetada, los dineros públicos sagrados, y la vida el bien común que habrá que elevar a la dignidad que merece.


Porque Dios puede que no exista, o que no exista del modo en que lo imaginamos. Pero que Colombia ha sufrido demasiada guerra, demasiado robo y ultraje, demasiado dolor, de eso nadie tiene la menor duda, por eso la vida clama por la paz, y las manos se alzan no para votar por más de lo mismo, sino por todo lo contrario, aunque lo contrario no quepa en las palabras y por desconocido solo se intuya, fragmentario e inconexo. Sin embargo, mejor bueno por conocer que malo conocido, aunque repugne a tanto oportunismo suelto revestido de positivismo falaz, tan falso como los falsos positivos que mancharon de sangre al Gobierno de la seguridad democrática.


Porque si no es claro el futuro, al menos está claro que no queremos repetir lo pasado y pisado. Las certezas de los fanáticos tuvieron su cuarto de hora interminable. Está llegando el tiempo de la duda que reflexiona, de la cabeza fría y la pausa que serena y sana. Para cambiar la Historia hay que salirse de ella por donde entramos y volver a ella transformados por dentro para cambiar todo lo de afuera, todo lo que duele y apesta, todo lo que tenemos el derecho de no soportar un solo gobierno más.


Bienvenidos a la incertidumbre que también es el nombre de la libertad.


Así la veo yo.


Los 159 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

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