junio 08, 2010

161. El 50 y 50 hoy suena a milagro, y el 80 a 20 me aterroriza


ASÍ LA VEO YO - Año 6

La abstención amenaza batir todos los récords


Por Juan Rubbini
juanrubbini@hotmail.com
www.lapazencolombia.blogspot.com


La real competición del 20 no parece ser entre Santos y Mockus, sino de ambos contra la abstención. La incógnita no consiste en si gana uno o el otro, eso no se discute y ni siquiera es tema de conversación.

Juan Manuel Santos no perderá la segunda vuelta. Eso está claro y que haya posibilidades matemáticas de perder no significa de ninguna manera que existan posibilidades políticas que hagan de Mockus el vencedor. Sin embargo, no es lo mismo ganar por un voto, que ganar por tres millones o por diez. Esto es lo que está en juego y por lo cual ni los verdes pueden darse el lujo de obtener menos de tres millones de votos –los de la primera vuelta- ni Santos de no repetir los seis millones y medio de votos del 30 de mayo.

Ni Santos ni Mockus generan pasión de multitudes, ni grandes amores ni grandes odios. Santos lidera la marea uribista que ya no está en su nivel más alto y Mockus presagia la marea de un tiempo que nos auguramos vendrá pero que aún no llega. Santos no es Uribe y Mockus no es Savonarola. No polarizan en un sentido o en otro, apenas aspiran a liderar como mejor puedan una sociedad que mansa y hasta resignadamente hubiera legitimado con su voto el tercer mandato de Uribe. Ambos llegaron a una final inesperada que ni ellos imaginaban antes que la Corte Constitucional desaprobara el referendo reeleccionista. Así las cosas, la doble vuelta invita más a la abstención que al voto y no compromete de ninguna manera el legado de Uribe. Ni la seguridad democrática, ni la confianza inversionista, corren riesgo alguno, y la cohesión social tan pegada de babas como la deja Uribe sólo podemos confiar que mejore sea con Santos, sea con Mockus.

Sin embargo, no resulta indiferente que el resultado del 20 se acerque al empate o se concrete la goleada que los nuevos santistas y los viejos uribistas predicen con entusiasmo. Hablar hoy de empate suena delirante, y para muchos ridículo y risible; así como pronosticar una votación para Santos que supere los diez millones de votos parece al alcance de la mano. El papel resiste cualquier cosa: desde la hipótesis del improbable empate –que para Mockus sería un triunfo resonante- hasta un resultado de diez millones a uno o dos millones que Mockus ciertamente no merece ni bien le haría a la democracia colombiana. Por eso me inclino a pensar que para bien de todos, incluidos ganadores y perdedores, lo más sano para el sistema democrático sería la victoria de uno o de otro por un margen respetable pero no apabullante. Le temo menos a los malos perdedores que a los malos ganadores. Entre otras cosas porque los malos ganadores se vanaglorian después gobernando y haciendo desastres con su capital político. En cambio los perdedores, es mejor que pierdan por poco así no se desalientan y hacen autocrítica, porque si pierden por mucho están tentados de arrojar la toalla y le dejan el terreno demasiado despejado al triunfalismo de los que ganaron.

Todo esto para decir que celebraré con espíritu democrático que gane Santos o que gane Mockus si también se da que quien gane no supere el 60 % y quien pierda no reciba menos del 40 %. Me asustaría un triunfo de 70 % a 30 %, y me aterrorizaría una victoria de 80 % a 20%. Es que la democracia no casa con el unanimismo, ni las abrumadoras mayorías son garantía suficiente para las inmensas minorías. Por esto y porque prefiero la alternancia al más de lo mismo, mi voto del 20 de junio está cantado. Y no solo por eso, también porque Mockus tiene un significado que va mucho más allá de lo meramente político, de lo solamente coyuntural. Mockus, con sus luces intermitentes y sus genialidades homeopáticas –habilidoso pero pecho frío dirían los argentinos del tablón-, encarna la Colombia que muchos quisiéramos si nos atreviéramos, la que nos quisiéramos merecer si no nos sintiéramos culpables, la que soñamos cuando de veras soñamos, la que está a la vuelta de la esquina si tan solo estuviéramos con ganas de dar unos pasos en vez de permanecer inmóviles, agobiados por el peso de las desilusiones y la muerte rondando la esquina.

Juan Manuel no tiene la culpa de todo lo que nos pasa, por eso no sentiría que pierde Colombia si él gana, ni que morirían las esperanzas de paz y progreso si él resulta elegido Presidente. No se trata de él, así como tampoco se trata de Mockus, es más lo que ellos representan que lo que ellos son, más lo que expresan quienes votan por ellos, que ellos mismos, que de no estar enfrentados hasta podrían ser una buena fórmula presidencial. A propósito: algo muy noble y bueno tienen ambos candidatos y eso me tranquiliza, el uno tiene a Angelino y el otro tiene a Fajardo.

Lo que me hace pensar que si lo de la Unidad Nacional es cierto y no pura carreta electoral tal vez la paz y la reconciliación estén tan cerca con unos que con otros, y esto sí que sería algo digno de aplaudir. Al menos Angelino Garzón declaró que si llega a la vicepresidencia tendrá en cuenta para su gestión los mínimos de paz que impulsa la Iglesia.

Por esto y mucho más, por pecar de optimista y creer en el bien por sobre todo mal mi voto es cantado pero no amarrado, mi corazón sereno y mi felicitación sincera, tanto al que gane como al que pierda, que ni uno es mesías ni el otro emperador, que ni el uno se las sabe todas ni el otro es dueño de la moral.

Que a este mundo no vinimos a enseñar sino a aprender.

Así la veo yo.

Los 161 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

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