agosto 17, 2010

166. Es con nosotros y por nosotros con quienes debemos hacer las paces

ASÍ LA VEO YO - Año 6

Se pueden alentar los leves susurros que osan levantar vuelo entre la metralla y el fuego


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17 de agosto de 2010

Salvatore, en el día de tu cumpleaños:



Te escribo para que lleguen hasta ti mis augurios de feliz cumpleaños y los de mi esposa e hijos. No son las circunstancias que hubiésemos deseado pero ¿qué más nos toca ante la adversidad? sino tener la esperanza que habrá otros cumpleaños que podrás disfrutar plenamente en la compañía cercana de tus seres queridos.

Quisiéramos poderte regalar el don precioso de la libertad, pero no siendo esto posible, sí podemos augurarte que conserves y fortalezcas tu libertad interior, esa libertad de ser tú mismo, de seguir construyendo desde las limitaciones actuales las condiciones que hagan posible mañana también tu libertad exterior, tu libertad de hacer, de ir y de venir donde tú desees.

En estas semanas he estado leyendo mucho sobre el conflicto armado, sobre sus remotos orígenes, su azaroso desarrollo y las circunstancias que llegan, año tras año, hasta el presente. Cuanto más leo más me doy cuenta que estoy lejos aún de poder encerrar en unas pocas frases tanta tragedia y desencuentro entre colombianos. El curso de la historia ha sido tan lleno de crueldad e hipocresía, que así como resultan increíbles las verdades que intentan explicar los acontecimientos, ensombrecen el ánimo las tantas mentiras y los intereses inconfesables que se perciben apenas la mente comienza a atar cabos. Lo que constituye una constante es la tierra, la disputa que se centra sobre el poder que hace posible retenerla, atesorarla. Porque claro, la tierra no es como el billete que se puede llevar de un lado para otro. La tierra permanece estática y se somete a los poderosos de turno, quienes la atesoran, no siempre para producir riquezas, muchas veces solamente para exhibirla, autocomplacerse y sentirse fuertes con su posesión.

Los cultivos ilícitos son otra desgracia que vino a posarse sobre la tierra colombiana, pero eso fue después, bastante después que el conflicto armado y social, había comenzado. Los cultivos ilícitos explican los recursos que financian la guerra y la hacen expandirse por todo el territorio, pero aun sin los cultivos ilícitos el conflicto armado existiría, con menor intensidad, por las mismas razones de injusticia social e intereses económicos, y geopolíticos, que lo originaron, mucho antes incluso que el 9 de abril de 1948. Ante la realidad que nos golpea la patria, o se toma el camino del exilio, o se convive con el problema. Y si se convive, o se beneficia del conflicto o se perjudica. O se permanece neutral, o se intenta meterle mano con el ideal de ayudar a resolverlo. O se recurre al Estado para recibir la defensa, o se organiza la defensa asumiendo la realidad de facto, de que el Estado es uno mismo, al menos, es uno mismo en este espacio y este tiempo donde el destino nos ha puesto.

Tú eres el mejor testimonio de cómo habiendo ingresado al conflicto, porque atendiste el llamado amenazante que hicieron a tu puerta, no con la intención quienes golpeaban de protegerte sino de derribar la puerta y todo lo que estaba detrás, incluida tu honra, tu vida y tu libertad, te encuentras ahora privado de la libertad, mancillado en tu honra y tal vez para siempre amenazada tu vida. Entre aquel ayer y el día de hoy, padeciste en carne propia el dolor de las víctimas y el dolor de los victimarios, porque hay dolores inevitables que solo vienen con la guerra, que solo quien la ha vivido los puede sentir. Por eso dijiste alguna vez que la mejor guerra es la que no se hace, y la peor guerra es la que se pierde. Y también que sentías que ya habías vivido cien años. Por eso, por no perder la guerra –porque en el perder nos va la vida- se mata y ¡oh paradoja! se descubre muy pronto que ninguna muerte nos es ajena, y con cada muerte, amiga o enemiga, también muere uno. Por eso acabar con las guerras es la causa más grandiosa que la humanidad puede acometer y el ser humano asumir como ideal de vida.

Leyendo sobre el conflicto armado se lee bastante sobre los procesos de paz, los distintos intentos de ponerle fin a las hostilidades. Y siempre aparecen los enemigos de la paz. No se alcanza a instalar la idea del germen de un proceso de diálogo y aparecen de inmediato los comentarios insidiosos, la desinformación, los actos atroces, las amenazas, las estigmatizaciones, las calumnias. Colombia lleva casi tanto tiempo de conflicto armado como de intentos de consolidar procesos de paz. Hoy mismo, mientras unos toman el fusil, y otros colocan los explosivos, hay esfuerzos por crear condiciones que faciliten acercamientos de paz. Seguramente no faltan los jóvenes que son hoy mismo seducidos por las armas de la izquierda, o de la derecha, o de la sencilla defensa de la propiedad familiar. Es a esos jóvenes, adolescentes algunos, que tu ejemplo debiera llegarle. Con tus verdades de a puño, que incluyen lo bueno y lo malo, lo heroico y lo equivocado, de las razones y sinrazones, los argumentos y las falacias que te llevaron de la civilidad a la guerra y de la guerra a la cárcel, y de la cárcel al destierro en otra cárcel, pero siempre por las mismas consecuencias de una guerra de la cual un día solo te quisiste defender, que más adelante quisiste acabar con la victoria, y después con la misma buena fe y voluntad de siempre, pero con un espíritu renovado, te propusiste sumarte a las fuerzas pacíficas que comprendieron –a punta de tanta muerte y dolor- que la Paz no es solo la meta, es también el camino, el único camino por donde los que antes fueron enemigos se pueden reconciliar.

Quería escribirte esto para que supieras que si insisto en leer y leer, resumir y sacar conclusiones, reflexionar y escribir sobre estas cuestiones de la guerra y de la paz, es porque sé, estoy convencido, que tu esfuerzo de paz merece reconocimiento y solidaridad. Cuesta encontrar las palabras, se hace difícil sintetizar tantos años de sangre acumulada, de vidas destrozadas, de padecimientos incontables, sin poder avizorar todavía la luz al final del túnel. Se pueden registrar los intentos sanos de pacificar el país y los espíritus, se pueden alentar los leves susurros que osan levantar vuelo entre la metralla y el fuego, pero eso ha sido y sigue siendo insuficiente. Porque así como están quienes solo ven sus intereses, están aquellos que no quieren ver nada y prefieren vivir y morir en la oscuridad de sus mentes frívolas y la apatía de sus corazones indiferentes al horror.

Si con este cumpleaños te vas acercando a la mítica cumbre de los 50 que solemos estimar como la mitad de la vida, sobre todo en estos días en que una vida de 100 años ya no luce como una utopía –si nos manejamos bien, y Dios nos da salud- solo podemos augurarte que la segunda mitad de la vida no sea ni para la defensa ni mucho menos para la guerra, que allí donde hoy aún es necesaria la defensa jurídica florezcan mañana la ofrenda y la paz, o dicho de otro modo la ofrenda mansa y buena de tu segunda mitad de vida –la definitiva- a la causa de la paz, no solo de Colombia, también del mundo. No hay camino mejor, no lo puede haber, te lo aseguro yo, humildemente pero convencido, que cuanto más leo queriendo comprender las guerras, más comprendo que si aún estamos vivos, no hay mejor camino, que vivir en paz, construyéndola donde no la hay, disfrutándola donde ya llegó. Pero para esto la primera paz indispensable es la paz interior, de uno mismo con uno mismo, es a nosotros a quienes nos debemos perdonar primero y es con nosotros y por nosotros con quienes debemos hacer las paces.

Así la veo yo.

Feliz Cumpleaños, Juan


Los 166 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

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