agosto 24, 2010

167. ¿Un Gobierno, a la vez actor del conflicto, podrá ser justamente ‘Juez y Parte’?

ASÍ LA VEO YO - Año 6

La llave de la paz y la cerrazón mental

Por Juan Rubbini
juanrubbini@hotmail.com



“¿No queréis progreso? ¡Tendréis revoluciones!” (Víctor Hugo, a la Cámara de Diputados, en 1850)




Si me permiten la ‘licencia poética’ diré que el presidente Santos es al presidente Uribe lo que la primavera de Praga, en 1968, fue a los tanques rusos que invadieron Checoeslovaquia. Lo distinto es que aquí el orden temporal se invierte, porque si allá la ‘primavera de Praga’ precedió a los tanques rusos, en Colombia antes fue Uribe y ahora es Santos. Aunque si vamos a ser rigurosamente estrictos, no habría habido ‘primavera de Praga’ sin la Cortina de Hierro impuesta antes por la URSS.

Sin embargo, la comparación encierra una paradoja históricamente por develar. ¿Será que tras la ‘primavera de Santos’ seguirá en los próximos años un regreso de Uribe cargado si no de tanques, seguramente de tigre? Habrá que seguir con atención los movimientos de ‘Uribito’ Arias y la literatura de Jose Obdulio, no en clave de regreso al pasado sino de anticipo del futuro. Que el riesgo no está en la memoria sino en los deseos, al menos en los deseos de revanchas, de volver por aquello que algún dios nos convence que es de uno, o de unos pocos, lo mismo da.

¿Dónde veo la ‘primavera de Santos’? En el abrazo con Chávez y Correa, en negarse a utilizar la palabra guerra, en la invitación a la paz y la disposición a dialogar con los alzados en armas, en la mano tendida a la oposición, en la bandera de la unidad nacional, en las cordiales relaciones con la Justicia, en las buenas maneras con el Congreso, en el propósito de honrar a las víctimas, de acercar la justicia social, de multiplicar el empleo, de redistribuir la tierra haciendo justicia con los desplazados. Finalmente, la democracia y la constitución existen cimentadas sobre el individuo y su razón, sobre el pluralismo de pensamiento y la tolerancia. Sobre esto se establece lo demás, que viene por añadidura, aunque haya que trabajar duro para que tanta belleza se realice socialmente.

Cuando en mi columna anterior pedía a las FARC que asumieran o negaran su responsabilidad en el carro-bomba de Bogotá lo implícito era el interés por saber si Colombia puede contar con las FARC para el anuncio de la ‘primavera’ o si, por el contrario, aquellas añoran el regreso de Uribe y su régimen para combatirlo y ser su oposición armada. Al poco de caer Franco en España, las izquierdas acuñaron una frase que se hizo célebre por su ironía: “contra Franco estábamos mejor”. Si las FARC se proponen el retorno de Uribe al poder tienen con qué lograrlo, y aliados tácticos en la extrema derecha no le faltarán. Y es en este sentido que el carro-bomba podría ser una modestísima cuota iniclal. ¿O no?

Uno entiende que las FARC no se la van a pasar negando su autoría en todo aquello delincuencial en lo que no estén involucradas, aunque más no sea porque un día se olvidan de desmentir algo y ¡zas! se lo endilgan. También es cierto que en la guerra la desinformación es un arma como otras. Pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Porque hay casos de casos, y excepciones que confirman la regla. El bombazo del 12 de agosto, a las 5.27 am, en la Séptima con 67, -¿contra Caracol?- no era como para pasar de agache. Al menos no era para pasar de agache si se trata de hacer cierto lo de ‘conversemos, hombre’ lanzado por ‘Alfonso Cano’.

Altísimo precio están pagando los hoy presos y extraditados líderes de las Autodefensas por no haber logrado anclar su proceso de paz en el corazón y la mente de los colombianos. Por no haber caído en la cuenta que mientras sus comandantes realizaban hechos de paz, tangibles y evidentes, al desmovilizar más de 30.000 combatientes –como jamás realizó guerrilla alguna en Colombia- sus contradictores y sus enemigos supieron atribuir a sus intenciones los más deleznables y malignos propósitos invalidando así en los medios de comunicación lo que aquellos comandantes tenían en mente al decidir su adiós a las armas. Las Autodefensas se dejaron hacer el gol –que finalmente definió el resultado, hasta que Uribe suspendió el partido, que sigue suspendido- de que les robaran las intenciones, las desvirtuaran, se inventaran otras que no eran las de los Castaño y Mancuso, y así la mentira le comenzó a robar el show a la verdad que aún falta por conocer. Y hoy resulta que la opinión pública colombiana tiene registradas como intenciones de las autodefensas lo que el gobierno de Uribe y sus adversarios de izquierda y derecha han querido que las gentes pensaran de las intenciones de las autodefensas. Gravísimo, y si no se ocupan de darse a conocer en todo aquello que impacta a la sociedad las FARC y el ELN dejarán que sus enemigos las presenten en público como ellos quieren, no como ellas necesitan si quieren acumular voluntades para hacer la paz y remover las estructuras que haya que remover.

Las FARC –y también el ELN- deben saber que ni Chávez, ni Unasur, ni ningún poderoso de la Tierra podrán obrar milagros ni ganar el corazón de los colombianos para la paz y la reconciliación –incluso para el perdón-, si los comandantes guerrilleros –como los de Autodefensas todavía están a tiempo- no toman en sus manos un nuevo modo de comunicarse con el común de la gente, con la gente de a pie, y en general con la sociedad entera, a través no de eslóganes ni de cantos a su propia causa y epopeya, sino al trabajo conjunto, honesto y laborioso, por hacer de Colombia un remanso de paz, donde las primaveras no duren lo que un idilio fugaz, ni las víctimas sigan victimizándose en aras de una victoria asentada sobre más y más cadáveres y mutilados, lacerados en el cuerpo y en el alma por sueños de unos pocos que son las pesadillas de los más.

El gobierno también está demorado en admitir que le ha quedado grande ser ‘juez y parte’ en Justicia y Paz y que así como vamos no habrá justicia ni para las víctimas ni para los victimarios. Y esto es grave para Colombia porque perpetúa las condiciones que hacen posible el conflicto armado al cercenar el derecho a la verdad y la reparación. Y cuando digo que el Gobierno –por más ‘santo’ que sea- es ‘juez y parte’ es porque un gobierno que extradita la verdad de los desmovilizados y los aleja de sus antiguos cómplices y de sus víctimas, de sus fiscales y sus jueces, es una parte del Estado –involucrado como actor del conflicto además- que pretende erigirse en Juez sin otorgar las garantías de un juicio justo, ni tan siquiera los recursos materiales y logísticos para que se cumplan en tiempo y modo los procedimientos establecidos en la Ley.

Por esto, no suena lógico que el gobierno de Santos ponga condiciones a los alzados en armas para iniciar los diálogos cuando subsisten los efectos de un proceso de paz con las autodefensas donde el anterior Gobierno incumplió sus compromisos adquiridos en la mesa de Ralito y olímpicamente se ufana del ‘conejo’ monumental que hoy tiene a medio país y bastante más con ‘bacrim’ y otras yerbas haciendo de las suyas como consecuencia de un mal proceso de paz que debió ser perfecto, y lo pudo ser porque las condiciones estaban. Y sin embargo, no resultó ni perfecto, ni serio. Por responsabilidad también de un gobierno como el de Uribe poco interesado en desmontar todo paramilitarismo, y más aún alejado de toda intención seria de acabar con los cultivos ilícitos.

Si las FARC recurren a Unasur, si Eln apela a la comunidad internacional, si las autodefensas reivindican su derecho a tener un juicio justo y una reinserción cabal, es algo que obliga al nuevo gobierno a pensar bien su estrategia. Porque si bien es cierto, hoy vivimos una ‘primavera’ –y Dios quiera que se prolongue- no menos cierto es que entre la herencia recibida, no solo están los tres famosos huevos de Uribe, sino también uno que otro huevo podrido, entre ellos el ‘huevo roto de la confianza en el Estado’, en su palabra, en su compromiso con la paz.

Es sabido aquello de que ‘la confianza mata al hombre’ pero también es cierto que si no existe la confianza entre las partes, si no se estimula en el otro la confianza en la propia palabra, las llaves de la paz estarán sobre la mesa, pero ninguna puerta se abrirá con ellas.

Porque finalmente, lo que abre la puerta de la paz, no es la llave en sí misma, sino la mano que la lleva y la conduce al fin preciso, a la cerradura que todos tenemos en nuestra propia mente y corazón.

Así la veo yo.


Los 167 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

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