septiembre 07, 2010

169. Porque el terrorismo es enemigo de los diálogos, urge dialogar, dialogar y dialogar


ASÍ LA VEO YO - Año 6



Terroristas producen terror, diálogos producen acuerdos y acercan la Paz

Por Juan Rubbini
juanrubbini@hotmail.com
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“El hombre cae ahora en la cuenta de que no es sino un accidente, un ser sin sentido, que sin razón alguna debe seguir el juego hasta el final” (Francis Bacon, pintor irlandés)


... Hay al menos dos personas que el Presidente Santos haría bien en escuchar, uno rebelde, está alzado en armas, otro desarmado, está lejos y espera.

El presidente Santos cavila en estos días acerca de la guerra y la paz. Intuyo se inclinará finalmente por la paz, no porque la guerra no sea lo más a mano y lo que conoce, sino porque es hombre de desafíos grandes, procurando alcanzar lo que ha sido inaccesible para generaciones de colombianos.

El conflicto social y armado es el gran tema de la segunda mitad del siglo XX en Colombia que enraizado en la propiedad de la tierra y alimentado por la vanidad humana golpea con su martillo inclemente la nuca de los colombianos en el campo y la ciudad. La malicia del egoísmo armado se complace con la prosecución de la tragedia y sus actores se mantienen en escena desinteresados del público que ora se lamenta, ora se tensa, ora se resigna humillado a que unos y otros sigan dándose bala y multiplicando las víctimas con el dinero ajeno, particular o del Estado, desde que allá en tiempos ya lejanos se apropiaron del rol de victimarios heredando a los suyos el maldito poder sobre la vida y la muerte, la libertad y el encierro, de quienes, desarmados, solo quieren vivir en paz.

Sin embargo, puede que la guerra tenga los días contados, y que quienes se benefician de ella solo estén apresurando sus crímenes para que el estallido de la paz no los sorprenda sin haber llenado sus alforjas con tan preciado caballero que es don dinero. ¿Quién le asegura a los actores armados que de un tajo la ilegalidad de las drogas no se transforme en legalidad? ¿Quién le asegura a quienes gobiernan Colombia que el dinero de los impuestos que pagan los contribuyentes gringos o europeos, seguirá fluyendo como limosna o maná del infierno para que el Estado colombiano siga jugando a la guerra con el producto del sacrificio fiscal de pueblos lejanos y escépticos de las virtudes de ‘estadistas’ de quienes han ocupado como señores feudales, en criollo y anacrónico medioevo, la Casa de Nariño?

... Hay al menos dos personas que quien está en el monte rebelde, armado hasta los dientes, haría bien en escuchar, uno es el Presidente de todos los colombianos, otro su enemigo de ayer, hoy desarmado y desterrado.

No faltará quien diga que sin el dinero del narcotráfico o de algún paìs poderoso aquí seguirá la guerra al modo de hutus y tutsis, a cuchillo y lanza, a pedradas si es el caso. Puede que sí, causas no faltan, puede que no, razones hay, pero aquí y ahora, en esta Colombia de comienzos del siglo XXI, las víctimas de tanto despojo e indiferencia están llegando al punto de la rebelión pacífica pero rebelión al fin, y esto coincide con vientos de legalización, despenalización, o como quieran llamarle al remedio que las utilidades groseras y descomunales del narcotráfico las reduzca a ‘proporciones razonables’ y sujetas a impuestos, tantos ingresos que han financiado los crímenes de los revolucionarios, de los contrarrevolucionarios y de los ejércitos de corruptos que se lucran de la política y los negocios financiados con la sangre de los colombianos.

Mientras se cuadran en los cielos los astros que sincronicen e hibridicen la rebelión desarmada y pacífica de las víctimas con la conversión de la producción y comercialización de drogas hoy ilícitas en negocios legales y decentes, veamos qué sucede con las brisas de paz que el Presidente Santos –no todo su Gobierno por lo que se ha visto y oído- ha insuflado con un ligero toque de flema inglesa en las esperanzas de reconciliación de los colombianos:

Exigirle condiciones a la contraparte en la guerra suena políticamente correcto desde el lado de la democracia, pero me temo que sea inoperante y hasta contraproducente en cuestiones de enemigos que lo son precisamente porque ni dan el brazo a torcer ni se someten a las directivas –ni las insinuaciones-, mucho menos las condiciones del otro, que es visto como un ‘absolutamente’ otro al cual se pretende eliminar o neutralizar. Precisamente, por esto, a partir de esto, es que el diálogo debe comenzar sin condicionar al otro. Ya se verá después del diálogo exploratorio, si se pasa a otra etapa de negociaciones, donde quepa la posibilidad de arribar a condiciones de cumplimiento verificable que viabilicen lo acordado inicialmente.

... Hay al menos dos personas que quien está solo y espera, desterrado y silenciado en su verdad, haría bien en escuchar, uno es el Presidente de todos los colombianos, otro su enemigo rebelde de ayer, hoy ávido de trabajar por la paz sin renunciar a sus sueños.

Como Jefe de Estado, el presidente Santos no debe olvidar que entre 2002 y 2006, las Autodefensas se sometieron a todas las condiciones que el entonces Jefe de Estado les puso. ¿Y cómo cumplió el Estado las que había aceptado en la Mesa? No sólo negándolas sino encarcelando a la contraparte y luego extraditándola. ¿Así cumple el Estado colombiano sus compromisos de paz y reconciliación? Ojo, que este antecedente, está pesando y seguirá pesando hasta que el Jefe de Estado reconozca que con las Autodefensas se ha incumplido de manera gravísima y ello deberá ser reparado antes o después, porque los procesos de paz en Colombia no podrán en lo sucesivo cargar con esa mancha denigrante que atenta contra la credibilidad de la Palabra del Gobierno y la Ley en materia tan sensible. Dicho de otra manera: ¿qué sentido tiene ponerle condiciones a las FARC, o al ELN, o a cualquier otro actor armado ilegal, cuando el Estado carga con el peso de un incumplimiento descomunal de sus propios compromisos acordados con uno de los actores armados, en este caso las Autodefensas desmovilizadas entre 2003 y 2006?

Sobre lo anterior pesa también el legítimo reclamo de reparación y verdad al que la sociedad colombiana no ha renunciado ni renunciará a partir de Justicia y Paz, ley transicional que exige la satisfacción de lo allí instituido. ¿Acaso el Jefe de Estado anterior no ha obstruido la Justicia, la de Justicia y Paz, nada menos, al extraditar –y alejar así de víctimas y subordinados y aliados de las autodefensas- a la casi totalidad de quienes protagonizaron las negociaciones de paz, como contraparte del Estado, incluyendo nada menos que al Jefe del Estado Mayor Negociador de las Autodefensas, Salvatore Mancuso. ¿Cómo puede pretender el Jefe de Estado que se pueda satisfacer los requerimientos de la Justicia de Colombia, a miles de kilómetros de distancia, incomunicados y aislados, tratándose de un fenómeno de guerra irregular, de la cual se lograron desmovilizar más de 30.000 ex combatientes que habían actuado en una guerra durante tantos años y con el saldo lamentable de miles de víctimas, cuya reparación se ha visto tan perjudicada como la verdad alejada e imposibilitada de salir a la luz, por la decisión en mala hora tomada por el presidente Uribe de extraditar a quienes condujeron ese proceso de la guerra a la paz.

Todos estos antecedentes pesan y seguirán pesando como gruesos obstáculos en los caminos de paz. Saberlos reconocer y desbrozar la ruta que lleve al diálogo y la reconciliación exige hacer un inventario de todo lo pendiente, acumulado y a la espera de hallarle solución que destrabe los impedimentos con medidas ecuánimes, realistas y audaces, porque no se trata de empresa sencilla sino, por el contrario, sumamente compleja y arriesgada.

Se me ocurre decir que así como las FARC deben repensar sus estrategias de paz, que seguramente las tienen, el Jefe de Estado y Presidente de los colombianos, tendrá que reflexionar, meditar y asumir decisiones que habrán de salir de los caminos ya transitados por sus antecesores, porque lo cierto es que con mejores o peores intenciones y logros, a todos ellos el reto de construir la Paz de Colombia le ha quedado grande.

Con Santos Presidente el derecho a la esperanza lo tenemos, merece la oportunidad y sabrá honrarla con su estilo y su talante: no sembremos escepticismo, no pequemos de impacientes, no pidamos imposibles, que lo posible existe y habrá de caminar y alzar vuelo si no le cortamos las piernas, si no le destrozamos las alas.

... Hay al menos una persona, el Presidente de todos los colombianos, que haría bien en tender los puentes para que un rebelde alzado de armas en el monte y otra persona desarmada que está sola y desterrada, se puedan reunir a conversar, sin condiciones, sin grilletes ni fusil, para saber de boca de los otros, para que los otros sepan de boca de uno, si el destino de Colombia, es que unos habiten el monte y otros se mueran de nostalgia, mientras otro gobierna entre la metralla y las víctimas.

O si hay otro camino, y la unidad nacional tiene también respuesta y mano tendida al corazón del rebelde y al que lejos de la Patria, a la tierra de todos sueña regresar, desmovilizado convencido, no para proseguir la guerra, sino para sumar su corazón al corazón de los demás.


Así la veo yo.


Los 169 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

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