octubre 05, 2010

171. ‘Vamos bien’ pero ‘seguimos mal’

La Justicia tendrá sobre Uribe y su Gobierno la última palabra

Por Juan Rubbini
juanrubbini@hotmail.com


Ser o no ser… poner sobre la balanza el precio de la paz y los costos de la guerra. Esta es la cuestión. La cuestión no es embriagarnos de triunfalismo o aprender a disimularlo, la cuestión es de honrar la vida o festejar la muerte. El enemigo no está enfrente, está en el interior de cada uno y tendremos que asumirlo. O haremos las paces con nosotros mismos y será con los demás, o nos declaramos en guerra contra nosotros mismos y saldremos de cacería a los enemigos para matar y morir de puros egoístas e indiferentes con nuestra vida y la de los demás…

La Justicia tendrá sobre Uribe y su Gobierno la última palabra. También la tendrá sobre los desmovilizados y extraditados de Justicia y Paz, incluso la Justicia tendrá la última palabra sobre los próximos pasos en materia de paz. Por esto urge dotar a la Justicia de todo aquello que le permita honrar su función con todos los medios y atributos que la coloquen a la altura de los inmensos desafíos que la historia le tiene reservados. La decisión política más trascendente que tiene Santos en sus manos es la de fortalecer la Justicia, darle su lugar y aceptar su veredicto.

Vivimos un tiempo de tormentas epocales, el ‘invierno’ se prolonga y profundiza no solo en el clima sino que atraviesa el territorio nacional y sacude los espíritus con paradigmas inusuales y bienvenidos, que de concretarse estarían anunciando la primavera anhelada: la tierra a quienes la necesitan y merecen, la reparación a quienes han sido victimizados, las regalías sin feudalismos ni ‘pernadas’, la seguridad a los ciudadanos, en las urbes y los campos. Si todo esto no es -hablando en colombiano-, el ‘nuevo nombre de la paz’ ¿qué significado tendría? ¿Y qué futuro sostenible podría representar si no va acompañado, todo este concierto de iniciativas legislativas, por el impuiso presidencial a la construcción de paz, donde uno por uno, todos los factores que hoy generan violencia reciban su tratamiento especial, su espacio de diálogo y acuerdos, y sepan a qué atenerse a cambio de su renuncia a la guerra y la ilegalidad?

‘Guerreristas’ los hay en todas partes, entre los ilegales y también en el Estado. Pacifistas también los hay en todas partes, al igual que incrédulos, escépticos y esperanzados. Hay de todo en la viña del Señor. Y a la viña del Señor no son ajenos y están llamados por igual, guerrilleros y paras, autodefensas y bandidos, narcos e integrantes de las fuerzas del Estado. Santos tiene el derecho, y la obligación constitucional, de darle una oportunidad a la paz. Ojalá no sea desaprovechada.

El Gobierno Santos ha querido soltar amarras del ‘furi-uribismo’ pero no se ha librado de navegar con unos cuantos furibistas a bordo y otros a remolque. La navegación del ‘santismo’ en estas condiciones no será sencilla y la amenaza del ‘motín de los uribistas’ estará latente por un tiempo que promete ser tan largo como la paciencia de unos y de otros se sostenga.

Nada nos asegura que Colombia esté andando de lo malo a lo menos malo aunque en el tiempo de los ‘mass media’ la política de los anuncios -tan pegajosa como contagiosa- quiera primar sobre la realidad de los hechos, y los proyectos abunden como sustitutos de las concreciones, o más bien, confundiendo las fantasías con los logros, las leyes con su efectivo cumplimiento.

La ‘unidad nacional’ en términos políticos, suele devenir en contra de algunos, más que en favor de todos. Los ‘furi-uribistas’ sienten que la ‘unidad nacional’ va en contravía de los intereses de los ‘uribistas’, los ‘santistas’ en cambio prefieren endulzar los sentimientos ‘uribistas’ con halagos retóricos y apelaciones al Libertador que al menos entre 2002 y 2010 destaca Santos que ha sido Uribe. Claro que las Farc allí están para recordarnos que de las Farc no nos libró Uribe, ni tampoco de las bandas emergentes, ni del narcotráfico, ni de la inseguridad. Los Libertadores ya no son lo que fueron, ni Uribe lo podrá ser aunque vuelva y revuelva a caballo de una Constituyente que así como se anuncia luce más a Destituyente, destituyente de Santos, se entiende. Y es esto último lo que los ‘santistas’ no admiten aunque deban tolerarlo, al menos hasta que la Presidencia de Santos haya llegado a mar abierto y se den las condiciones propicias para arrojar por la borda al mismísimo Libertador Uribe si insiste en reclamar como propria la Casa de Nari.

Si Uribe ya no es lo que fue y Santos todavía no es lo que aspira a ser, tampoco la oposición no-uribista es la que fue ni suelta pistas sobre hacia dónde quiere ir. Así las cosas Colombia navega sobre un mar de incertidumbres y, aunque quiera convencerse que su rumbo tiene un norte lo cierto es que hasta las Farc aspiran a tener otra oportunidad, al igual que los ‘paras’ rearmados recuperan el aire y la inspiración que los eleve al estatus político, el mismo al que aspiraba Castaño y la anterior generación de autodefensas cuando Uribe se cruzó en su camino y por políticamente incómodos los ‘anestesió’ primero, los ‘crucificó’ después y entre gallos y medianoche los extraditó para que en tierras gringas la Verdad perdiera el rastro.

¡A Dios le pido...! que el triunfalismo de los Rivera deje lugar a la sensatez de los Angelinos, y la renovación radical de los Vargas neutralice los embates regresivos y restauradores del dogma ‘uribista’, mientras la mirada periférica de Juan Manuel redescubre lo estratégico de resolver la cuestión del conflicto y su financiamiento, para que la tierra recupere su función social, los poderes de la democracia su equilibrio y las víctimas su dignidad.

No será fácil entenderse con las Farc ni repatriar a los extraditados pero vale más el intento de utilizar la llave que la tentación maniquea de la puerta cerrada, así como vale más dar rienda suelta a la ‘politización’ de los paras y guerrilleros que su exclusión egoísta y a todas luces injusta, si abandonaron las armas –o están dispuestos a hacerlo- pero no su condición humana, con sus derechos civiles y políticos.

El mundo entenderá finalmente el precio de la paz... pero cada día que pase estará menos dispuesto a seguir tolerando los costos de la guerra.


Así la veo yo.


Los 171 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

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