octubre 13, 2010

172. La cara del Santo hace el milagro



ASÍ LA VEO YO - Año 6

Los actores legales e ilegales y una conversación ‘tú a tú’

Por Juan Rubbini
juanrubbini@hotmail.com
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El Gobierno Santos debe tomar la iniciativa en cuestiones de paz. Dejar de hacer concesiones ‘guerreristas’ a quienes ‘viven’ del conflicto. Tomar la iniciativa significa poner sobre la mesa una invitación audaz que haga imposible a las guerrillas responder que no. Audaz, a estas alturas de la historia del conflicto armado, quiere decir: “pongámosle fin a esto y hagámoslo de tal manera que Colombia sea realmente un País donde quepamos Todos”. A buenos entendedores pocas palabras.

El conflicto no va a terminar, ni siquiera va a amainar –necesariamente- solo porque guerrillas y Gobierno se sienten a conversar. La paz es un proceso, un camino. Provocaciones y saboteos son previsibles de ambas partes y no deben hacer mella. Se trata de instituir un ‘cara a cara’, no de conversar por conversar –somos gente grande-, pero sí y ante todo de conversar, de ‘tú a tù’. Cada parte con sus argumentos, cada quien con lo que es, con su bagaje de historia, presente y futuro

Los guerrilleros consideran legítima su lucha y atendibles sus reivindicaciones. No faltan organizaciones y gobiernos extranjeros que ven con simpatía, o se explican su existencia. El Gobierno se sabe investido de legalidad constitucional y en ese marco su legitimidad no se discute. No lo discute la Comunidad internacional. Los guerrilleros no son los únicos ‘ilegales’ del conflicto, subsisten ‘paracos’ que vía ‘bacrim’ beben de las mismas aguas que Farc y Eln en cuanto a su conexión narca y su influencia en los cultivos ilícitos y las narcoeconomías. Ni qué decir que del árbol del Estado han colgado y siguen colgando unas cuantas manzanas que ni lucen podridas ni desamparadas.

Nadie, de buena fe, podrá negar –ni dejar de reconocer- que lo más relevante de la generación Castaño de autodefensas pactó una paz con verdad, justicia y reparación, y allí está rindiendo cuentas con la Justicia de acá y la de los Estados Unidos. Puede que esto no haya sido fruto de los acuerdos –sino más bien de los desacuerdos de Santa Fe Ralito- pero lo cierto es que ya se desmovilizaron, entregaron sus armas y se negaron a sumarse a los ‘nuevos paramilitarismos’ que aún hoy en ‘obra negra’ echaron los cimientos de la nueva ola del conflicto armado. Nueva ola con las que hoy nos toca bailar y que el Gobierno Uribe dejó florecer silvestre ¿reaseguro tal vez? por lo que fuera a pasar, pasado su Gobierno, entre guerrillas y Estado. O incluso, entre Chávez, Farc y Colombia.

Hoy estamos lidiando –los ciudadanos- con un estado de cosas que solo un demente podría observar con mirada triunfalista. ¿Cómo plantear siquiera como hipótesis la posibilidad de sentirse triunfalistas? ¿De qué triunfo nos están hablando? ¿A quién le ganó Uribe realmente en materia de ‘descomplejizar’ el conflicto? No se trata –hay que decirlo- que las guerrillas puedan cantar victoria en la situación en que se hallan –eso tampoco- ni que los nuevos mandos ‘paracos’ estén consolidados y sin pasar afugias, tampoco que los narcos se sientan seguros en alguna parte. Pero ninguno de ellos –me refiero a los ‘estamentos ilegales’ del conflicto- sienten como conjuntos que están viviendo el ‘fin del fin’. Ser capturados, o morir, son gajes del oficio, resultados que todo revolucionario o contrarrevolucionario, narco o delincuente, tiene asumido, y por una u otra razón decide correr el riesgo personal. Lo cierto es que los incentivos a delinquir, por delitos políticos o no, siguen existiendo a gran escala en la Colombia que nos dejó Uribe. Y esto es lo preocupante y lo que el Gobierno Santos debe resolver. No a las malas, que es imposible y a la vez indeseable, pero sí a las buenas, porque no solo es posible –aunque difícil- sino deseable y recomendable en términos de reducir al mínimo las futuras víctimas y la generación de nuevos victimarios.

De alguna manera, existe un ‘empate estratégico’, un ‘impasse’ donde el Gobierno puede exhibir resultados favorables a su causa, pero los ‘ilegales’ también cosechan uno que otro triunfo, mezclado con derrotas, pero son derrotas que aunque duelan y conmuevan no afectan la médula del conflicto, ni ponen en riesgo su equilibrio inestable, pero equilibrio al fin.

Así las cosas, Colombia no puede aspirar –mientras exista el conflicto armado- a ningún liderazgo en el área –como sugieren declaraciones de Santos-Holguín. Ni tampoco revolucionar y expandir su economía urbana y rural de tal manera que fluyan poderosas corrientes inversionistas y circuitos de comercio internacional –de ida y vuelta- que mejoren la productividad, el empleo y el ingreso nacional de los colombianos.

No solo el Gobierno, también las guerrillas deberán asumir que de este empate insatisfactorio para los propósitos de unos y de otros, ni siquiera ellos dos son los únicos interlocutores de los diálogos que lleven a construir el País donde quepamos Todos. El conflicto mutó con las décadas que han pasado y ya no están solos, Estado y guerrillas, sobre el escenario de la guerra y de la paz. Estado y guerrillas deben asumir que hay formas de ilegalidad que nacieron de las entrañas y orillas de la vieja confrontación y han crecido no solo económica y políticamente, sino que su capacidad de hacer daño es notable y seguirá creciendo si no se resuelven los problemas que explican la existencia de tanta ilegalidad inserta en el territorio nacional.

Colombia no surgirá como potencia regional sino de la confluencia social legitimada y legal de al menos cuatro elementos que hoy permanecen dislocados o ilegalmente sistematizados: Estado, guerrillas, ‘paras’ y ‘narcos’. Estas son las piezas del rompecabezas sobre las que el Gobierno Santos tiene el desafío de articular una ‘reingenierìa’ civilista, armónica y dentro de la legalidad. Este es el ‘modelo para armar’ y para el cual no hay otro camino que el diálogo y los acuerdos, con las debidas mediaciones, garantías y complacencia de la Comunidad internacional.

El Papa Ratzinger, el Papa teólogo, ha dicho hoy en Roma que "El hombre está en peligro porque vive como si Dios no existiera”.

Creyentes o no podemos parafrasear esta frase del Papa y decirnos en voz alta para que el mundo también escuche que “Colombia está en peligro porque aquí se mata y se muere como si una solución política y negociada no existiera”.

Así la veo yo.

Los 172 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

1 comentario:

  1. papa que nunca se calmen tus palabras de paz...sembra, que Leo y Migue cosecharan. nunca dejes de pensar el pais justo que Colombia debe llegar a ser. Necesitan la Paz, por algo les llego un Santo.

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