diciembre 16, 2010

173. En 2011 la nueva mejor amiga ha de ser la Paz

ASÍ LA VEO YO - Año 6

No más leña al fuego, no más sangre derramada
Por Juan Rubbini
juanrubbini@hotmail.com


Ad portas de 2011 no solo los desmovilizados rasos de las AUC están en el ‘limbo’ sino que vivimos nuestro propio infierno todos quienes padecemos los daños que ocasiona el entero conflicto social, armado y político con sus corruptelas y conexiones ‘narcas’, paraestatales, de política nacional e internacional. No solo las trampas y atajos de la ilegalidad subsisten como caminos de acumular y corromper poder político, económico y militar sino que las emboscadas y leguleyadas de la legalidad dificultan la construcción del entramado de credibilidad entre las partes que haga posible avanzar en acuerdos de paz realistas y sostenibles.

Se entiende que el gobierno Santos manifieste indignación porque Yair Klein no sea enviado a Colombia –amparado como está por la Justicia europea y el Estado de Israel- para que responda aquí por sus acciones vinculadas al paramilitarismo de los ‘80. Pero ¿no está en mora el mismo gobierno Santos de solicitar a las autoridades de los EU la repatriación de los jefes de las autodefensas y de las Farc extraditados, cuya presencia en Colombia exige no solo el compromiso del Estado colombiano con Justicia y Paz, sino la exigencia de verdad y reparación propia de la Justicia transicional que el mismo Presidente Santos acaba de asumir, hace pocos días en Nueva York, ante la Corte Penal Internacional y las Naciones Unidas?

El Gobierno Santos ha impuesto una serie de condiciones previas a las Farc y Eln para sentarse a dialogar con sus representantes. Todas esas condiciones –y unas cuantas más- han sido efectivamente satisfechas por los ex jefes de las autodefensas desmovilizadas desde 2004 hasta el presente. ¿Qué impide entonces al Gobierno Santos su diálogo con quienes en Colombia y EU siguen cumpliendo sus compromisos con la Justicia y satisfaciendo sus estándares de Verdad, Justicia y Reparación pese a todas las dificultades, inseguridades físicas y jurídicas e incluso alejamiento del País que han conspirado y siguen conspirando contra la celeridad de los procesos y las exigencias de las víctimas y la ciudadanía?

Cursa en estos días en el Congreso de la República un proyecto de ley que intenta comenzar a poner orden en lo que sigue siendo un azaroso proceso de paz, cuyos méritos son indudables y sus logros incontrovertibles, pero que ha evidenciado a propios y extraños que Colombia aún está muy lejos de concretar en los hechos que desmovilización y justicia transicional funcionen adecuadamente.

No se trata de ensayar un memorial de agravios sobre incumplimientos de parte y parte, tampoco de satanizar al anterior gobierno ni de adjudicar a los ex jefes ‘paras’ toda suerte de epítetos y estigmas. Seguramente, habrá justificaciones –o al menos explicaciones más o menos creíbles- sobre el cúmulo de animadversiones, conjeturas y prejuicios que hicieron del ida y vuelta entre la Casa de Nariño y Santa Fe Ralito un camino de espinas y desencuentros que acabó con unos en prisión, con otros extraditados, con muchos cientos y hasta miles, muertos o de regreso en el monte, y con los más –los que hoy están más cerca del infierno que del limbo- incrédulos ante la palabra del Estado –que debiera ser sagrada- y sumidos entre la tentación de la violencia y el riesgo cierto de caer en el laberinto ‘kafkiano’ de un proceso ya no político, ya no de paz, sino de imprevisibles y dramáticas consecuencias para ellos, sus familias y sus comunidades.

Por eso me pregunto y pregunto al Gobierno Santos: si este Gobierno es la continuidad de las políticas del Gobierno Uribe con las debidas rectificaciones y mejoras en cada caso: desde las relaciones con los países vecinos hasta su nueva visión de la unidad continental, pasando por la armonía entre los Poderes de la Democracia, y la Unidad nacional como camino y meta de los colombianos, ¿no ha llegado el momento de incluir en la agenda nacional y gubernamental la revisión y actualización de ocho años de proceso de paz con las Autodefensas, y revivir el contacto humano y presencial con sus ex jefes y miembros representantes?

A nadie se le ocurre reivindicar todo lo que de males trajo al país la connivencia ilegal y antiética entre paramilitares y fuerzas del Estado, políticas, económicas o militares. También está claro que el fin no justifica los medios, ni desde la izquierda ni desde la derecha. Y que ante todo se trata de asegurar la no repetición de las acciones funestas y de no producir nuevas víctimas ni revictimizar a quienes ya sufrieron demasiado y demasiado injustamente. Todo esto es un aprendizaje que no podemos ni debemos desaprender los colombianos. Pero dicho esto, lo cierto es que quienes se desarmaron y desmovilizaron, creyeron en la palabra del Gobierno Uribe y apostaron todo a la paz y reconciliación, asumieron sus culpas y están cumpliendo con sus compromisos de Justicia, Verdad y Reparación, lo hicieron confiados no solo en Dios sino en que una segunda oportunidad tendrían en esta vida, en esta tierra colombiana, libres, vivos y en paz.
Así las cosas, para afianzar la unidad nacional, para seguir construyendo los cimientos de la paz y reconciliación entre quienes fueron enemigos en la guerra, y también entre víctimas y victimarios, entre culpables e inocentes, entre arrepentidos y dispuestos al perdón, ¿no cree Presidente Santos, no cree Vicepresidente Garzón, no creen señores ex jefes de las autodefensas, que ha llegado la hora del diálogo, del intercambio humano de sueños y temores, experiencias y propósitos, metas y acciones que conduzcan al definitivo final de la guerra, a la reconciliación sincera y fundante de una Colombia renovada y próspera?

El 7 de agosto de 2002 comenzamos a imaginar lo que sería Colombia sin paramilitarismo ni autodefensas, en el camino de llegar una década después a una Colombia pacificada y reconciliada, con las guerrillas desmovilizadas pero enteras en sus ideales y políticamente activas. Me atrevo a decir que ese fue el sueño de los Castaño y los Mancuso y seguramente también de Uribe y quienes iniciaron su Gobierno en 2002. No se trata de echar más leña al fuego ni de buscar culpables de lo que pudo haberse anticipado y verificado incluso en menos de una década.

Se trata en cambio de reconocernos con vida, y de obrar en consecuencia, con amor e inteligencia, diálogo y cooperación.

Porque a Colombia la salvamos entre todos, o no la salva nadie.


Así la veo yo.


FELIZ NAVIDAD, FELIZ AÑO, PERDONANDO SE ALCANZA EL PERDÓN.

Los 173 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

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