febrero 15, 2011

174. “Nosotros le cumplimos a quien nos cumple”

ASÍ LA VEO YO - Año 7

Colombia ya no resiste ni la guerra ni los procesos de paz ‘a medias’ o parcelados

Por Juan Rubbini
juanrubbini@hotmail.com
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“¡Nosotros le cumplimos a quien nos cumple!”, recalcó en estos días el Presidente Juan Manuel Santos señalando que con la Ley de Desmovilizados el Gobierno honra su compromiso con esa población y envía un mensaje de confianza a quienes están pensando en abandonar la guerrilla. Nada mencionó, en cambio, sobre si está o no determinado el actual Presidente a cumplir con los ex jefes de las autodefensas que honraron los compromisos asumidos con su antecesor Álvaro Uribe. Entre estos ex comandantes ‘paras’ hay presos en las cárceles de Colombia y también en las de los Estados Unidos. La clave está en saber si Santos al decir “nosotros le cumplimos a quien nos cumple” incluye en el ‘nosotros’ a Uribe, o por el contrario, se diferencia de éste y admite tácitamente que Uribe no le cumplió a las autodefensas habiendo sido su deber y obligado en derecho a cumplirles.

Lo anterior viene a cuento porque ninguna credibilidad tendrá el Estado colombiano en cuestiones de paz y justicia transicional si el mal antecedente –no remediado hasta hoy- que ha sentado Uribe con las autodefensas en materia de incumplimientos flagrantes a lo pactado no se repara debidamente. El precedente –que no ha pasado desapercibido a la Comunidad internacional- es un enorme obstáculo de cara a futuras negociaciones de paz con las guerrillas, e incluso no dejará de estar presente sobre la mesa de cualquier eventual sometimiento a la justicia que se quiera acordar con las hoy llamadas ‘bacrim’.

Soy de la opinión que en materia de justicia transicional y de formalización de procesos de paz la condición de delincuentes, de criminales, de personas que actuaron al margen de la ley, debe ser considerada una condición del pasado, mientras que la condición de actores de la paz, de constructores de reconciliación, debe amparar y enaltecer a las personas que han dado el paso trascendente de la guerra a la paz, de la mentira a la verdad, del daño a la reparación, del delito y el crimen a la no repetición, a la civilidad sin vuelta atrás. Lo contrario sería asumir aquello de que ‘el pasado te condena’ y hagas lo que hagas seguirás siendo considerado un delincuente, un criminal. Si esto fuera a ser así la pena aplicada y cumplida no tendría ningún efecto social y la reincorporación a la sociedad con sus plenos derechos jamás se verificaría.

No faltan en Colombia –ni en el mundo- quienes están dispuestos a juzgar a los actores del conflicto armado colombiano y aplicarles o no tal o cual condena, y dotarlos o no de determinados derechos, según sea la ideología del combatiente, según hubiera sido el bando ocupado en el desarrollo del conflicto armado. En este sentido no faltan ni son poco influyentes quienes hacen un distingo tajante entre unos y otros actores de la guerra, y esto independientemente de si de quien se trata se acogió o no a un proceso de paz, con la voluntad de abandonar las armas y someterse a las condiciones de la justicia transicional y restaurativa.

Por eso es tan importante preguntarse aquí y ahora si cuando el Presidente Santos enfatiza que “¡Nosotros le cumplimos a quien nos cumple!” asume su responsabilidad como Jefe de Estado, no solo por el presente y el futuro que le cabe mientras esté en el cargo sino también por lo que representa institucionalmente el actual Presidente como continuidad del Estado constitucional y en esto como titular de las responsabilidades incurridas por el Estado colombiano en el pasado, que no lo afectan como persona pero sí lo comprometen en su función como representante del Estado de lo que el Estado hizo y deshizo en el pasado.

El Estado es actor del conflicto armado, por acción y omisión, al menos desde medio siglo atrás. Y también es actor de los procesos de paz habidos, en los varios intentos de poner fin a la guerra. Entre estos procesos de paz –con sus más y sus menos, sus méritos y sus falencias- está el tan meneado en estos días por los ex presidentes Pastrana y Uribe a propósito de las ‘bacrim’ y su origen, el conocido como ‘proceso de Ralito’, que fue el primer proceso de paz intentado tras el del Caguán. Respecto de este último nadie espera que se repita con Santos como calco de aquel de Pastrana pero muchos aspiramos que se intente para que Farc –y Eln- se sumen a la civilidad y la democracia. Pero esto no alcanza, en las condiciones de Colombia, no alcanza ni alcanzará.

Porque lo acepten o no los maniqueos y los ideológicamente sesgados, la realidad es tozuda, la historia es comprobada y comprobable: las autodefensas, los paramilitares y las ‘bacrim’ no solo existen hace décadas –casi tantas como las guerrillas- con distintas denominaciones, características y ‘complacencias’ varias enquistadas en el Estado –aliados, fichas o simples ‘manzanas podridas’- que no tiene ningún sentido pretender a estas alturas que el conflicto armado y social colombiano ha tenido y tiene solo dos actores: Estado y guerrilla. El ‘tercer actor’ existe y ha existido independiente en sus objetivos y autónomo en sus finanzas, y sus relaciones con el Estado ni lo asimilan al Estado ni lo confunden con él.

Así las cosas, hace bien la opinión pública en condenar los errores y los horrores, que acompañaron el Caguán y Ralito. Pero condenar lo que se hizo mal no puede ni debe condenarnos a los colombianos a no seguir intentando sentar en la Mesa de la Paz a los diversos actores del conflicto armado en mesas únicas o separadas, en el país o en el extranjero, pero que tendrán inevitablemente que confluir y ‘aterrizar’ en el territorio nacional, porque Colombia ya no resiste ni la guerra ni los procesos de paz ‘a medias’ o parcelados, tampoco los ‘conejos’ entre las partes ni las armas, la extradición y los chantajes como instrumentos de presión en el ‘todo vale’ que vuelve y juega, como la guerra que se resiste a morir, y mientras ella resiste a nosotros nos mata o nos encadena, que no nos libera lo que nos mata, ni es vida si no es en libertad.

Así la veo yo.


Los 174 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

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