marzo 24, 2011

176. ¿‘Teorías conspirativas’ o verdades de a puño?

ASÍ LA VEO YO - Año 7

‘Conversemos, hombre’, políticamente hablando, si ‘París bien vale una misa’...

Por Juan Rubbini

juanrubbini@hotmail.com
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“Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse” Lucas 15, 7


Lo seductor de las ‘teorías conspirativas’ es que aunque no pinten la realidad despiertan la imaginación.

Por ejemplo, no son pocos quienes creen que el narcotráfico es delito y se lo persigue solo porque asegurada la demanda por la naturaleza humana, no es sino más que provechoso volver negocio la oferta para ganancia de quienes producen y comercializan las drogas. Siguiendo esta línea de interpretación ‘conspirativa’ no faltan quienes insisten en que si se analizara objetivamente el modo en que los narcotraficantes distribuyen los ingresos que le produce el negocio hallaríamos que no solo en lujos y aparatos de seguridad gastan los ‘narcos’ sino que invierten el producido de sus negocios en lo que constituye el ingreso contante y sonante de pulcros ciudadanos, honestos industriales, hábiles comerciantes, prestigiosos políticos y no pocos gobernantes, entre otros beneficiarios finales de la renta que satanizada y todo mueve la economía de los países, ciertamente más en aquellos países consumidores que en los productores y exportadores.

Claro que los ‘teóricos de la conspiración’ van más allá. Se sabe que el papel lo resiste todo, incluso los argumentos que pudieran ser falaces. ¿Qué sucedería, se preguntan algunos, si en un país dado –por ejemplo Colombia- los productores y exportadores de cocaína decidieran que están dispuestos a abandonar el negocio y convertirse en ciudadanos dentro de la ley, solicitando a cambio quedarse para libre disposición con una parte menor de sus capitales –inferior al veinte por ciento- y cediendo del ochenta por ciento restante una parte para la conformación de un Fondo de Inclusión Social administrado por el Estado –con participación de la sociedad civil- y el resto a la creación de fuentes de empleo y desarrollo empresarial de las zonas hoy afectadas por el conflicto armado. ¿Por qué no pensar además que las Farc y el Eln podrían sumarse con sus capitales ‘malhabidos’ y proponer además una reformulación del sistema político y económico al efecto que sus iniciativas fuesen aprobadas democráticamente por los ciudadanos y ciudadanas de Colombia?

¿En qué quedaría aquello de la ‘teoría conspirativa’ si lo anterior tomara cuerpo? Por un lado, se comprobaría que la tal ‘teoría conspirativa’ tenía pies de barro y era solo un delirio de gente maliciosa y escéptica, y que los países consumidores –los más ricos y poderosos del planeta- SÍ están dispuestos a renunciar a los ‘beneficios’ que le producen económicamente las rentas del narcotráfico –al menos por la cocaína y otras yerbas producidas en Colombia. Y no sólo esto: tendrían la magnífica oportunidad de facilitar la repatriación a Colombia de todos aquellos que hubieran sido extraditados y que se manifestaran dispuestos a cumplir los acuerdos de ‘desnarcotización’ firmados por guerrillas, bacrimes, narcos, etc., etc. Con lo cual Colombia no solo ‘desnarcotizaría’ su agenda con los EEUU y Europa sino que se convertiría ipso facto en un atractivo y muy seguro mercado de inversión y negocios internacionales, a partir del fortalecimiento de su economía y el poder adquisitivo de su población, en el marco de una democracia incluyente, participativa y socialmente justa.

Todo lo anterior apelando a un cambio de paradigmas que le cambie la cara a Colombia. ¿Cómo así que cuando ‘Cano’ dice ‘conversemos, hombre’ se le ponen mil y una condiciones impracticables para el honor militar y militante de las guerrillas? Si lo decisivo es conversar primero y acordar después. Eso de imponer condiciones imposibles abona la creencia en las teorías conspirativas de aquellos que están convencidos que la clase política colombiana y sus asociados de todo pelambre, temen más el final del negocio del narcotráfico, que la prosecución del conflicto armado. Y citado lo que sucedió con la propuesta de ‘Cano’ también huele feo el ‘no enfático y vocinglero’ de aquellos que tampoco están dispuestos a conversar con las ‘bacrim’ –punta del iceberg donde confluyen ‘paras’, narcos and co., para saber de qué se trata eso que llegó al oído del muy digno obispo de Montería sobre la voluntad de ‘conversemos, hombre’ emanado no de ‘Cano’ esta vez, sino de quienes saben y pueden por dónde, cómo y cuándo acabar con los ‘cultivos ilícitos’ y los ‘laboratorios’. En vez de rasgarse las vestiduras y apelar a todo tipo de lugares comunes, sofismas y vana retórica bien haría la clase política colombiana en sacudirse las telarañas que alojan en sus chistosos cerebros y apartar de una vez y para siempre los fantasmas que entrañan las ‘teorías conspirativas’. En cuanto a todo el conjunto de los ‘ilegales del conflicto’ mejor harían –si de veras quieren acabar con el conflicto y la violencia- en comunicarse mejor y más humanamente con la gente del común y apoyarse y hacerse comprender por el pueblo que los sabrá perdonar si rectifican el rumbo y dejan de ‘trabajar’ por su propio interés para sumar su esfuerzo al bien común.

Para vencer las ‘teorías conspirativas’ sobre conflicto y narcotráfico, nada mejor que construir desde abajo hacia arriba, desde las fronteras y los campos a las grandes ciudades y la capital, porque ya lo dice el refranero: “nadie más sordo que quien no quiere oír”, “ni peor ciego que quien no quiere ver”.

Y tal como van las cosas, más le vale a los ‘ilegales’ –a todos ellos- aterrizar sus propuestas de paz al discurso político, porque así como Blaise Pascal escribió alguna vez que ‘hablando de amor uno se enamora’, también es cierto que hablando de política ‘uno se politiza’. Y si son políticos de profesión quienes no aceptan el ‘conversemos, hombre’ tendrán que ser –y hacerse- políticos de vocación y liderazgo quienes –desde su punto de partida ‘ilegal’- quieran fluir con Colombia desde la guerra a la paz, desde la enemistad y el encono, a la reconciliación.

Si al decir de Enrique IV de Francia, “París bien vale una misa”, ¿por qué no darle los ‘ilegales’ y los pacíficos a la política un nuevo rumbo?, porque por la paz de Colombia bien vale "politizarse”, en el buen sentido de la palabra política, ni más faltaba.

Que solo con política y de la buena, saldremos finalmente de tantos años de víctimas y victimarios, pícaros e indiferentes.


Así la veo yo.


Los 176 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

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