mayo 10, 2011

177. El eje de la Unidad Nacional pasa por la Paz



ASÍ LA VEO YO - Año 7

Del régimen de exclusión a la máxima inclusión
Por Juan Rubbini

juanrubbini@hotmail.com
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Colombia debe pasar de un ‘Estado anacrónico de cosas’ que le pone ‘condiciones’ a los diálogos de paz, a un ‘Estado refundacional de cosas’ donde los diálogos de paz no estén sujetos a ninguna condición previa… porque si urgentemente el ‘verbo no se hace carne’ de todos los colombianos, todos los colombianos estaremos condenados de por vida a ser ‘carne de cañón’ de la guerra.

El Gobierno se pregunta por qué pierde popularidad… se desinfla… ni juega tan bonito ni hace tantos goles… unos responden que el invierno y sus consecuencias, que la corrupción y su destape, que la herencia no tan ‘sancta’ de 8 años de Uribe… otros, que quien fue elegido por millones de uribistas roza la traición cuando ‘ningunea’ a Uribe exhibiendo un cambio radical… mientras por izquierda liberal defrauda a quienes lo votaron alentados por aquello de ‘Santos al gobierno y Uribe al poder’… A todo esto se suma que si Chávez es ahora el ‘nuevo mejor amigo’ de Santos no puede serlo sin relegar a Uribe al ‘cuarto de san alejo’… ¿Quiénes aciertan y quiénes se equivocan? No ha llegado aún el tiempo del veredicto, se insinúan tendencias, se evidencian contradicciones, se instalan las dudas, el funcionamiento de la economía comienza a pasar su factura, se agrieta la confianza inversionista, la inseguridad rampante hace agua la cohesión social, el poder mediático luce insuficiente para esperanzar a los colombianos.

Todos los graves problemas de Colombia ahí… indiferentes a los desencuentros entre Santos y Uribe, boyantes ante entelequias como la ‘unidad nacional’ que ni es unidad ni es nacional y va en camino de no ser tampoco ‘ni chicha ni limoná’… porque la unidad de la clase dirigente no se puede confundir con la unidad de la gente y lo nacional no se agota en las bancas del Congreso ni puede ser tal si el conflicto armado y todas sus manifestaciones siguen vivitas y coleando alimentando guerrillas y bacrim, neoparas y capos y capitos, más violencia urbana y violencia rural… si la unidad nacional no es para la paz no es nada… porque solo la paz bien concebida puede concitar unanimidad y entusiasmo, nunca la guerra donde unos pocos ganan mucho y casi todos perdemos demasiado. Por esto también el optimismo en el futuro del país se desvanece, porque no se ven los frutos de una política de paz ni tampoco las evidencias que la guerra se esté ganando.

Se ha dicho y con razón que Santos no es Uribe, que Santos no es Pastrana, lo que no se sabe aún es quién es Santos a la hora de gobernar. Se ha dicho también que Pastrana en 1998 ganó con los votos que le redituó su visita a las Farc y su creencia en la voluntad de paz de ‘Manuel Marulanda’, que Uribe ganó en 2002 porque interpretó el significado de personas como Carlos Castaño sobre el ánimo de millones de colombianos, y nadie niega en Colombia que Santos jamás hubiera ganado la Presidencia si no fuera por los votos de Uribe. Así las cosas, no me resulta extraño que hacia dónde va Santos –y dónde nos lleva a los colombianos- se haya transformado en un enigma y en la pregunta del millón de estos tiempos.

Santos creyó en Pastrana y en ‘Marulanda’ seguramente más que en el propio Estado y en las Farc… también creyó después en Uribe y en Castaño seguramente más que en la Derecha y en las Auc… y ahora se encuentra ante el tablero debiendo resolver la ecuación que ni Pastrana ni Uribe, ni ‘Marulanda’ ni Castaño pudieron resolver… porque las incógnitas y las variables que encierra la ecuación no admiten para alcanzar la armonía nacional ni la belicosa política de tierra arrasada en pos de la victoria, ni la ingenua política de palomas blancas y odas a la paz. Sin embargo, allí donde la exclusión ha sido la constante –de unos o de otros- Santos intuye –yo creo que ya está convencido- que la inclusión –de unos y de otros- ha de ser la carta ganadora. La enorme dificultad de concitar la inclusión, favorecerla y conducirla al resultado deseado es que Colombia ha sido –en su clase dirigente- fuertemente partidaria de la exclusión, diferentes grados y cantidades de exclusión según los gobiernos. Sin embargo, el secreto de la Paz de Colombia, es que la exclusión no puede seguir siendo el camino, sino que no hay otro camino que la inclusión. No hay otro. Metámoslo en nuestras cabezas porque si no lo hacemos y no lo hacemos pronto lo que sigue no será apenas un conflicto armado –mucho menos una cuestión semántica- sino una guerra, una guerra-guerra, con todas las letras y sin lugar a bizantinismos ni leguleyadas.

Si Pastrana privilegió la paz y Uribe la guerra, si ‘Marulanda’ la guerra revolucionaria y Castaño la resistencia civil armada, y unos y otros ‘ilegales’ debieron apelar a los dineros del narcotráfico, así como Pastrana y Uribe no hubiesen logrado nada sin los dineros del Gobierno norteamericano, y hoy los herederos de ‘Marulanda’ y de Castaño siguen apelando al mismo banquero y Santos tropezará más temprano que tarde con la limitación económica y la urgencia de financiación externa de los costos del conflicto armado interno… si todo esto nos lleva siempre, una y otra vez, al más de lo mismo, a lo que ya sabemos, no habrá Ley de víctimas ni de Tierras que puedan ponerle remedio ni mucho menos sanación, Santos deberá ensayar otro camino que nos lleve a otro destino, que no puede ser otro que el de la Paz.

¿Hasta qué mínimo nivel aceptable para la gobernabilidad de Santos se puede seguir deteriorando el ‘animo nacional’ sin que el Presidente cambie el rumbo de la exclusión por el de la inclusión, el de la guerra por el de la paz, el de las palomas blancas y el del eslogan pacifista por el de las negociaciones serias y los acuerdos fundamentados y garantizados?

Coincido con Santos que ni el Pastrana ni el de Uribe son caminos a emprender –en el mejor de los casos tuvieron su cuarto de hora y aportaron al aprendizaje. Farc, Eln, Auc, y todos sus herederos, saben o comienzan a vislumbrar, que no les queda otro camino que el de la desmovilización y la inclusión política, el del desarme y la incorporación a la sociedad.

Mi modesta opinión: Las encuestas recientes son solamente la punta del iceberg, lo de veras trascendental y llamado a constituirse en el centro de la vida política y social de los próximos años es el modo que adoptará Colombia para pasar del desencanto al entusiasmo, del pesimismo a la esperanza, de un régimen oprobioso de exclusión a un sistema democrático de amplia inclusión.

Y algo más: si para llegar allá habrá que ‘suspender’ en algún momento, por única vez y durante una cierta cantidad de tiempo, la adhesión a la Corte Penal Internacional y similares disposiciones del así llamado ‘bloque de constitucionalidad’ habrá que hacerlo, porque la vida es sagrada y ese deberá ser el primer acuerdo, la piedra angular y filosofal de la Paz de Colombia.

Así la veo yo.


Los 177 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

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