septiembre 27, 2011

182. Del monte a la política


ASÍ LA VEO YO - Año 7

Un clavo saca otro clavo

Por Juan Rubbini
juanrubbini@hotmail.com
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“No hay que llevar a los hombres por las vías extremas; hay que valerse de los medios que nos da la Naturaleza para conducirlos. Si examinamos la causa de todos los relajamientos, veremos que proceden siempre de la impunidad, no de la moderación en los castigos. Secundemos a la Naturaleza, que para algo les ha dado a los hombres la vergüenza: hagamos que la parte más dura de la pena sea la infamia de sufrirla” (Montesquieu, El espíritu de las leyes)


Nadie puede asegurarnos que los pasos que va dando el presidente Santos lleven a conseguir la paz pero tampoco puede afirmarse lo contrario, es decir, que no vayan a dar en el clavo. Y como un clavo saca otro clavo por qué no pensar en positivo y ponerse en favor del clavo que es y no del que ni es ni deja ser.

Si la paz es el clavo que es y la guerra el que no es ni debe ser, habrá que seguir martillando sobre aquello que conspira contra el fin de las hostilidades y martillar sin que ello se confunda con sacar leña del árbol caído.

Porque si no faltan quienes ven en el triunfo de la Revolución socialista la única solución deseable, tampoco son tan pocos quienes quieren exterminar de esta Tierra y del Universo entero cualquier guerrillero, cualquier paraco, cualquier narco o simple traqueto, por más muestras que haya dado o esté dispuesto a dar para salir de la ilegalidad y reinsertarse en la sociedad cumpliendo a cabalidad las condiciones exigidas y recibiendo como contrapartida el libre ejercicio de sus derechos ciudadanos. Como cualquier buen vecino, porque de eso se trata la reconciliación, no de estratificar ni excluir en función del pasado sino de ser iguales ante la Ley, iguales en todo, incluso en el ejercicio de los derechos políticos.

Con motivo de la radicación que hiciera días atrás en el Congreso, el Senador Roy Barreras, de una propuesta de Acto Legislativo que busca “darle coherencia a los diferentes instrumentos jurídicos de justicia transicional” en el caso de “los miembros de grupos armados organizados al margen de la ley que se desmovilicen en el marco de un proceso de paz con el gobierno nacional” las reacciones no se hicieron esperar.

A los alzados en armas y a quienes se han desmovilizado en los años recientes les preocupa ¡y cómo! el tránsito de la lucha armada a la vida civil. Pululan los riesgos que amenazan la debida confianza, desde otro posible ‘conejo’ como el que utilizó Uribe con los paras, pasando por las presiones de la extradición, o la mirada expectante de la Corte Penal Internacional, con el aditamento de una Ley de Justicia y Paz que cual ‘agujero negro’ hace de la verdad un objetivo imposible y de la reparación una multiplicación de obstáculos, todo lo cual se interpone perversamente entre los sueños del regreso a casa y la terca realidad.

Víctimas y victimarios se colocan por este cúmulo de situaciones en la paradoja de tener por primera vez intereses comunes lo cual abre un ancho camino de colaboración mutua cuyos efectos sobre la salud del país están todos por verse pero prometen en el horizonte una reconciliación cierta y a toda prueba si la legislación se pone a la altura de las circunstancias, y los legisladores y el Presidente advierten en su exacta medida que en el período inédito que atravesamos un toque de imaginación y una pizca de audacia pueden producir el milagro.

La Unidad Nacional para gobernar –hasta aquí poco asimilada y escasa de frutos visibles- está llamada a alcanzar en los próximos meses y a medida que la propuesta de Acto Legislativo avance en sus etapas en el Congreso un protagonismo cuyos efectos políticos –incluso sobre la oposición- pueden producir en los actores armados ilegales –y en los ya desmovilizados- una corriente de confianza y adhesión que será directamente proporcional a la credibilidad que logre despertar la iniciativa parlamentaria -¿o más propiamente de Santos?- en el establecimiento económico, en la sociedad civil y en la Comunidad internacional.

Todo está por verse. Todo está por jugarse. No valen aquí los apresurados ni los retardatarios. Pero lo que no sucede en años ni en décadas puede suceder en pocas horas, en pocos días, en pocos meses.

Ante estas perspectivas ¿encontraremos el modo -como sociedad- de estar dispuestos, llegado el momento, de quitarles a unos y a otros actores armados ilegales el calificativo de ‘terroristas’? ¿de reconocer que a pesar de los pesares y los terrores, y con todo su pasado criminal a cuestas, su actuación en el conflicto social y armado no pudo no tener un norte político?, equivocado en sus métodos pero discutible y polémico esbozo de `programa político’ al fin de cuentas… donde los unos luchaban por la victoria de su revolución y su ‘modelo’ de sociedad y sus contrincantes daban la pelea por la derrota del proyecto revolucionario y por un ‘modelo’ de sociedad, ciertamente no marxista, que también se ‘rebelaba’ desde las vísceras y a su modo y 'a las malas' contra un ‘estado de cosas’ que ni los defendía ni los orientaba por donde debió hacerlo.

Al fin de cuentas no todos querrán lo mismo al desmovilizarse, cada cual querrá una solución a su problemática acorde con su vocación, con sus preferencias. No todos pensarán su futuro como actores de la política, ni todos lo querrán dentro de las mismas agrupaciones. No se trata de reivindicar una sigla, ni de endiosar una organización u otra, mucho menos de hacer apología del delito ni incitar a otros a proseguir en cuerpo ajeno lo que se dejó atrás al desmovilizarse. No será sencillo delimitar los campos ni los tiempos ni las palabras pero el legislador tendrá que hacerlo y lo hecho habrá que respetarlo y respetarlo a rajatabla.

Habrá que aceptar que no se vuelve de la guerra para ser ciudadanos de segunda, así como también habrá que aceptar que no se vuelve a la civilidad para imponer las propias reglas sino para cumplir las reglas de todos.

No sé cuántos votos sacarían ‘los Cano’, ni ‘los Gabino’, ni cuántos sacarían ‘los Mancuso’, en hipotéticas campañas futuras, no sé tampoco si querrán dedicarse a la política o si haber pasado por la guerra, la desmovilización y la cárcel ya fue suficiente lucha militar y política en favor de la causa que creyeron justa y por la que –cara y cruz de la misma moneda- arriesgaron sus vidas y acabaron con tantas otras y vieron caer a tantos otros amigos y enemigos.

Sobre hipótesis todas son válidas y dentro de la Ley todas debieran ser admisibles y admitidas. Así como la guerra tiene sus peligros, la paz también navega entre riesgos y amenazas, pero así como en Colombia a nadie que lo quiso se le ha negado la posibilidad de tener su fusil, ahora, cuando el clamor por la paz se hace cada día más fuerte y persistente, a nadie que ofrezca cambiar su fusil por un voto, o por millones de votos, se le debiera negar la posibilidad de hacerlo.

A eso le apunta el proyecto de Acto Legislativo y a su éxito le apuntamos quienes creemos que estamos ingresando al terreno del milagro, al tiempo emblemático de ver erguida en el monte –en todos los montes y las selvas- la bandera de la democracia y la libertad, y abierto en el corazón de la patria un espacio generoso y amplio para aquellos que viniendo de la guerra están dispuestos a dejarla definitivamente atrás.


Así la veo yo.


Los 182 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

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