septiembre 21, 2012

193. Sociedad y Estado parieron al tiempo guerrillas y autodefensas



ASÍ LA VEO YO - Año 8


Cuanto antes guerrilleros y ‘paras’ se reconozcan hermanos mejor será para Colombia y para los padres y madres de las ‘criaturas’

Por Juan Rubbini

En twitter: @lapazencolombia

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Nadie puede ser feliz sin participar en la felicidad pública, nadie puede ser libre sin la experiencia de la libertad pública, y nadie, finalmente, puede ser feliz o libre sin implicarse y formar parte del poder político (Hannah Arendt)



El ex Presidente Uribe ha dicho en entrevista reciente que si su Gobierno no hubiera negociado con las autodefensas en un proceso de paz, éstas habrían acabado por derrotar a las guerrillas. Sus razones tienen Uribe y buena parte del país para verlo así. No desconocen que las autodefensas se sentaron a dialogar con su Gobierno en el momento de su mayor poder militar, territorial y político. Y que socialmente representaban las autodefensas mucho más en términos de electorado potencial que lo que jamás han alcanzado de favorabilidad política las guerrillas. Probablemente Uribe presintió durante su campaña electoral de 2002 –mucho más en 2006- que si las autodefensas no entregaban las armas y sus aspiraciones políticas no se atajaban su poder en crecimiento se convertiría en un competidor a futuro o lo menos un incómodo socio político en vastas regiones del País. Algún día sabremos cuáles fueron las verdaderas razones de Uribe para truncar el proceso de paz y botar sus llaves al mar de la proscripción política y la extradición. No resulta aventurado conjeturar que tales razones tuvieron que ver con sus ambiciones políticas, no con el éxito del proceso de paz que fue inicialmente concebido por el Gobierno Uribe como una carambola a tres bandas, que incluyera sucesiva o paralelamente a las Auc, las Farc y el Eln. Como de hecho se intentó, no se logró, y finalmente se acabó botando todo al cesto de la guerra total, el ‘fin del fin’ que nunca llegó tampoco.

Se ha dicho tantas veces que en Colombia hay más territorio que Estado. También se ha dicho en más de una ocasión que el de Colombia es un Estado 'en gestación'. El conflicto armado interno colombiano no se presenta bilateralmente entre un Estado consolidado y unas guerrillas comunistas, sino que se ha terminado por estructurar trilateralmente entre unas guerrillas socialistas, un Estado a medias y unas autodefensas no comunistas ideológicamente mixturadas entre el liberalismo de derechas y un nacionalismo conservador no fascista.  Si las guerrillas han sido la expresión armada de una aspiración social de izquierdas no menos cierto es que las autodefensas representan una respuesta social armada de centro-derecha a la agresión de las guerrillas. Pero ambas, guerrillas y autodefensas, han sido una respuesta al Estado ausente de sus obligaciones constitucionales, al Estado desertor de sus responsabilidades sociales. Si las guerrillas asumieron el rol de combatir el Estado para reemplazarlo desde una óptica revolucionaria, las autodefensas ejercieron el papel de competidores y sustitutos del Estado en su objetivo de refundar el Estado desde una visión no comunista pero transformadora en procura de brindar seguridad y desarrollo a las comunidades.

Los unos tienen razón cuando predican desde su posición que su existencia tiene causas objetivas que nacen de la injusticia y de la parcialización del Estado en favor de las clases dominantes, los otros tampoco carecen de razón cuando aducen que su existencia tiene causas objetivas que nacen de la violencia de las guerrillas y de la ineficacia del Estado. En lo que guerrillas y autodefensas coinciden es que ambas ubican en el funcionamiento del Estado tal como lo conocemos el principal responsable de los males de Colombia y de su pueblo, y también evidencian en la práctica de su lucha armada que le han sobrado causas subjetivas para tomar una posición política y asumirla con las armas en la mano.

Hoy, ante la desmovilización mayoritaria de las autodefensas entre 2004 y 2006, uno de los tres actores del conflicto armado ha sido parcialmente quitado del tablero de la guerra y si no lo ha sido al ciento por ciento es por el fracaso y lo incompleto del proceso de paz trunco con Uribe. La existencia de esa porción de autodefensas en las hostilidades presentes significa que donde hubo fuego cenizas quedan, y son esas cenizas –del lado del Estado y del lado de la sociedad- las que ameritan ser tomadas en cuenta ahora que está en marcha un nuevo proceso de paz con las Farc y muy probablemente con el Eln. Los grupos de autodefensa han tenido un origen y evolución diferentes según los momentos históricos, la diversidad geográfica, su poderío económico y las características de la presencia o no de las fuerzas del Estado sobre el territorio. Pero la tentación por parte del Estado de descargar en las organizaciones de autodefensa un peso importante de la lucha antisubversiva existió desde un comienzo y tenemos derecho de pensar que subsiste actualmente ‘sottovoce’ en la medida que la guerra irregular tiene exigencias que lo políticamente correcto no está dispuesto a admitir públicamente. ¿Cuánto influyó en el fracaso de Ralito esa ambivalencia de las razones de Estado sobre la utilización o no de fuerzas paramilitares aun después de la desmovilización de las Auc? Probablemente lo sabremos si se lleva hasta sus últimas consecuencias el acuerdo preliminar entre el Presidente Santos y las Farc y se incorporan -en las materias que ellos dominan mejor que ninguno- a los líderes de las autodefensas desmovilizadas en la construcción de los acuerdos de paz y postconflicto que pongan fin definitivamente al conflicto armado.

Lo anterior viene a cuento también de la necesidad imperiosa que comienza a ser percibida en el País de considerar a los desmovilizados de las autodefensas, y también a quienes han desertado de las guerrillas en los años recientes, dentro de la reglamentación del marco legal de paz actualmente en estudio en el Congreso de la Nación. Consideraciones de tipo jurídico pero también de naturaleza política aconsejan que se respete la igualdad de derechos de quienes habiendo participado de la guerra como actores armados ilegales del conflicto aspiran recibir el mismo trato en el marco de la justicia transicional. Esto por elementales exigencias del sentido común pero sobre todo porque no se trata de hacer la paz con unos o con otros sino de hacerla con todos, y hacerla con todos de tal manera que no se dejen sin atar todos los cabos de este entremezclado y complejo conflicto que desde su comienzo dieron alas al crecimiento de fuerzas combatientes disímiles que se originaron desde la misma explosión inicial, desde el mismo ‘big bang’ del cual se han derivado hasta hoy más de medio siglo de hostilidades y actores armados.

El Estado colombiano tendrá que admitir en el camino de la Paz que las guerrillas nacieron y se reprodujeron en el devenir de la sociedad desde las contradicciones inherentes a su condición de ‘Estado en gestación’ y ambos –guerrillas y Estado- tendrán que aceptar que las autodefensas nacieron y se reprodujeron en el acontecer social desde la irrupción misma de las guerrillas en la historia de Colombia así como desde las mismas idénticas contradicciones del ‘Estado en gestación’.

Por esto y muchas cosas más que no caben en la mínima extensión de la columna urge acercar a las partes, a todas las partes, a la Mesa de la Paz.

Para que desde esa misma Mesa de la Paz se vaya invitando uno a uno, a todos quienes permanecen alzados en armas cualquiera sea su origen, porque a la hora de hacer de Colombia un país pacífico, un país próspero y justo, nada deberá importar que se trate de guerrilleros o autodefensas enfrentados, ideológicamente politizados, o sus financiadores montados en la vaca loca de cualquier delincuencia, incluido naturalmente el narcotráfico y sus vasos comunicantes, que llegan ¡cómo no! al mismo Estado y sus agentes y funcionarios.


Así la veo yo.


Los 193 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

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