octubre 26, 2012

195. Preguntas que uno se hace y que aún no tienen respuesta



ASÍ LA VEO YO - Año 8

¿Quién le teme a las Autodefensas desmovilizadas en la Mesa de la Paz?
Por Juan Rubbini

En twitter: @lapazencolombia

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“La representación del mundo sometido a la dicotomía “socialismo/capitalismo” debe ser superada. Y, de hecho, la vida misma la ha superado en la práctica… Se debe conseguir una nueva cultura política, un nuevo consenso social, basado en el humanismo y en la existencia del pluralismo”
                                                           
(Mijail Gorbachov, Memorias de los años decisivos 1985-1992)

 
¿Quién le teme a las Autodefensas desmovilizadas en la Mesa de la Paz? En mi modesta opinión, no el Presidente Santos, no las FARC, no el País que quiere la Paz.




Se ha prestado en los medios más atención al discurso inicial de Iván Márquez en Oslo y a las posiciones políticas de extrema izquierda de las FARC –no solo previsibles sino atendibles desde la lógica negociadora y política- que a la carta de Salvatore Mancuso dirigida al Presidente Santos y a las FARC-EP pero también al Pueblo de Colombia. El ‘silenzio-stampa’ del Palacio de Nariño no llama la atención habida cuenta que la discreción y la reserva evidenciadas por el Gobierno en las etapas preliminares de las conversaciones con las FARC no tiene porqué romperse en el caso de las Autodefensas. Por el lado de las FARC la disposición manifestada por uno de los principales líderes históricos supérstite de las desmovilizadas AUC a contar sus verdades en la Mesa de Paz no puede sino haber sido recibida en la delegación fariana con recatado beneplácito sabiendo que la estrategia paramilitar del Estado colombiano es uno de los temas gruesos –y más delicados- de la agenda acordada en La Habana.

Dicho esto, las especulaciones están a la orden del día y ha crecido el interés público por conocer qué piensan realmente las Autodefensas sobre su futuro –las ya desmovilizadas y las que nunca lo hicieron- y cuál es el juicio que les merece en Colombia y en los Estados Unidos, el Proceso de Paz con las FARC y el alcance que le ven. Si sobre la naturaleza del abrupto corte de las negociaciones con Uribe y la intempestiva extradición hay mucha tela para cortar, sobre las verdaderas razones que hicieron de las Autodefensas un actor relevante e insustituible del conflicto armado y las connotaciones militares pero también políticas que aconsejaron primero su movilización y a partir de 2002 su desmovilización la verdad verdadera sobre el fenómeno paramilitar está toda por conocerse. Y los puntos de la agenda de La Habana vienen como anillo al dedo no solo porque uno esperaría que el Presidente Santos tuviera como una de sus prioridades la desparamilitarización total y definitiva del Estado colombiano –de este a oeste, y de norte a sur- sino también dejar expuesto en la ‘urna de cristal’ cómo, de qué modo y con qué ‘políticas de Estado’ los Gobiernos de Colombia auspiciaron, promovieron y realizaron el involucramiento de la población civil –y también de sectores de la criminalidad y el narcotráfico- en la guerra antiguerrillera y antisubversiva.

Resultaría no solo inconducente para las finalidades de alcanzar la Paz integral y duradera sino a todas luces increíble –e insensato- que el Gobierno y las FARC celebraran un acuerdo de paz sin cerrar previamente –o paralelamente- el capítulo AUC, incluyendo en este capítulo el fenómeno paramilitar en su conjunto, y las AUC en particular, con las negociaciones de Ralito y los incumplimientos denunciados, destacando el estado actual y futuro de la situación jurídica y política de la totalidad de sus integrantes, y su participación en la implementación de los acuerdos de paz y el postconflicto.

En la guerra se nutre ciertamente el alma del combatiente de tragedias y la dialéctica inextricable de víctimas y victimarios destroza el corazón, mutila los cuerpos y cercena la vida, pero también se aprende hondamente de los errores cuando en la vigilia y evocación de cada batalla se permea la sensibilidad y se persigue de veras aprender y se añora alcanzar la paz. En la durísima experiencia y vivencia personales adquiridas sobre las realidades y carencias del mundo campesino y rural plasmaron las Autodefensas su propia visión social y económica que ofrecen socializar, así como encarnan su condición pasada de victimarios necesitados de reparar y ser perdonados que claman por ser escuchados y ofrecer soluciones acerca del tratamiento debido a la totalidad de las víctimas del conflicto armado y al universo de los afectados por la violencia y la exclusión. Ni qué decir lo valioso y necesario que resultaría escuchar de sus propias bocas el remedio propuesto para que los pecados del paramilitarismo de Estado y de la contrarrevolución civil no vuelvan a repetirse nunca más en Colombia, haya paz o no haya paz finalmente. Porque esto también debiera ser tenido en cuenta a la hora de considerar el llamado que los diferentes ex jefes de las Autodefensas vienen haciendo en los meses recientes para que se cierre el ciclo funesto del paramilitarismo y las autodefensas, que se han generado como consecuencia de la existencia de las guerrillas, pero que también han sido –oh paradoja!- razón del nacimiento y perduración de las mismas. El viejo cuento del huevo y la gallina cabe de perlas en la dialéctica del enfrentamiento guerrillas-autodefensas, cuya raíz fatal y común es la impericia del Estado en resolver los problemas de la sociedad.

Bienvenido entonces que el Presidente Santos y las FARC-EP estén dispuestos a silenciar los fusiles y romper el nudo gordiano que nos condena a la guerra y las injusticias que son causa y también efecto de las contradicciones sociales expresadas en luchas y crímenes, decididos a intervenir sobre la ceguera política y humanitaria que ha impedido a Colombia identificar las causas profundas y suministrar sobre ellas las soluciones eficaces. Bienvenido también que las Autodefensas hayan manifestado elocuentemente su voluntad de sumarse a la titánica tarea de poner su parte de raciocinio y trabajo al acuerdo final donde quienes han sido y son actores armados del conflicto se comprometen a NUNCA MÁS empuñar las armas.

Sobre la propuesta más reciente de Mancuso yo me pregunto: ¿estarán lanzando la señal correcta quienes aconsejan al Gobierno abandonar a las Autodefensas desmovilizadas a su suerte con el argumento que su desgracia fue sellada por Uribe y no tiene vela en ese entierro el Presidente Santos? O aquellos que se preguntan ¿si ya no tienen armas, si han sido encarcelados y extraditados, qué tienen para ofrecer al Gobierno desde una prisión en Colombia o en los Estados Unidos?

Mi opinión es que el Estado es uno solo –el de ayer y el de hoy- y que en este sentido la palabra incumplida por el ex Presidente Uribe como altísimo dignatario del Estado exige ser reparada por el Presidente Santos si resulta comprobado y cierto que como cree la mayor parte del País, las Autodefensas fueron traicionadas por el Gobierno anterior una vez entregaron sus armas y fueron encarcelados. ¿O acaso lo que Santos acuerde con las FARC será desconocido por el Presidente que lo suceda y las garantías otorgadas terminen no siendo tales?   

Y respecto a lo segundo, lo de no tener ya las armas ni la libertad las Autodefensas desmovilizadas y encarceladas, lo cual haría innecesario cumplir lo pactado con ellas. ¿No se vuelve esto un bumerán para las pretensiones del Gobierno sobre la necesidad que las FARC no solo dejen las armas sino que las entreguen? Quienes recomiendan al Gobierno no retomar el Proceso de Paz con las Autodefensas y echar al mar esas llaves… ¿no serán finalmente los mismos interesados e influyentes que una vez desmovilizadas y desarmadas las FARC presionarán para que sean asesinados, o encarcelados y extraditados sus máximos líderes?

Preguntas que uno se hace y que aún, no tienen respuesta…



Así la veo yo.


Los 195 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

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