enero 31, 2013

198. Entre la ‘paz express’ y la paz con todos


ASÍ LA VEO YO - Año 9

Dime quiénes son los invitados y te diré qué tan elitista es la paz que nos prometen

Por Juan Rubbini
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“Queremos la transformación inmediata porque vemos en el mundo tanta confusión, miseria, conflicto, hambre, problemas económicos y guerras; vemos este incesante dolor, lo que nos impacienta y nos hace desear la transformación, dentro de cierto período de tiempo. Ahora bien: ¿existe un medio rápido, inmediato de transformar al hombre? Y si logramos un cambio rápido, ¿será duradero? El mundo no puede ser cambiado de inmediato. Ni siquiera la revolución puede producir un cambio inmediato y universal: millones de seres no pueden ser alimentados de un día para otro. Pero es importante averiguar si ustedes y yo podemos cambiar, si podemos producir una transformación fundamental en nosotros mismos, prescindiendo de su aspecto utilitario” (Jiddu Krishnamurti, Krishnamurti’s Talks, 1950)


Debiera preocuparnos que se hable en modo grandilocuente de proceso de paz en La Habana cuando en Cuba ‘ni son todos los que están ni están todos los que son’. No todos quienes están en La Habana quieren la paz –algún guerrerista camuflado de civil habrá ¿no les parece?- ni todos los que quieren la paz están allí. Alguien me puede decir ¿por qué –y es apenas un ejemplo- el Eln no está? Y también –es otro ejemplo- ¿Por qué los máximos ex comandantes de las desmovilizadas Auc no están? No es una cuestión de presencia física en el mismo lugar. Sino del Gobierno dialogando en 'jugadas simultáneas' con todos aquellos que siendo actores del conflicto armado, o habiéndolo sido en el pasado reciente, han manifestado su voluntad de aportar claridades y experiencias a la construcción de una paz integral y definitiva que signifique realmente –y sin grandilocuencias- el fin del conflicto armado.

Cuando las Farc se manifiestan con sus comunicados y declaraciones desde Cuba parecen sentirse dueñas de la paz y de la guerra, cuando realmente solo son parte de una violencia física y estructural que es la expresión de realidades sociales, políticas y económicas que exceden y en mucho lo que las Farc hagan o dejen de hacer. Lo mismo puede decirse de los negociadores del gobierno, incluso del mismo Presidente.

Son estos egos desbordados de unos y de otros que están dialogando en La Habana lo que comienza a sumar irritación social a lo que inicialmente solo fue escepticismo y cauto optimismo. Los altisonantes pronunciamientos de las partes horadan la confianza que día tras día se debilita cuando los diálogos son procesados políticamente desde el interés electoral o desde ideologías cargadas de extremismo. No son las partes sentadas en La Habana quienes deben reclamar a la sociedad colombiana sino ambas partes quienes deben pedir perdón a la sociedad por sus crímenes, arbitrariedades, excesos y ausencia de autocrítica. No están conversando los vencedores de nada, porque ambos –Estado y Farc han perdido la posibilidad de triunfo- pero tampoco están sentados allá quienes han perdido y siguen perdiendo –las víctimas de esta guerra insensata- y les toca escuchar los partes de guerra de unos y de otros, en la búsqueda de acumular capital político… o repartírselo, que eso nunca se sabe.

Pero volvamos al principio de esta columna… ¿por qué no están todos los que son? Todos los victimarios y todas las víctimas. ¿Por qué se pretende –de lado y lado de la mesa- vender la idea de una paz generosa y total? cuando es evidente que sin el silencio de los fusiles de todas las guerrillas habidas y por haber, de todas las armas de las autodefensas y paramilitares habidos y por haber, sin el fin de todos los crímenes de las bacrim y farcrim por llamarlos de algún modo, ni habrá paz ni habrá progreso, ni justicia social, ni tampoco democracia dignos de tal nombre.

Debieran preocuparnos decididamente más las ausencias y exclusiones a la hora de acordar las condiciones del fin del conflicto armado y la consecuente asignación de roles sociales y políticos en el posconflicto, que el plazo de las negociaciones.

Es más, si las conversaciones se extendieran diez años o incluso más, ello no iría en desmedro de obtener y consolidar la verdadera solución de las raíces y ramificaciones del conflicto armado, sus causas objetivas y subjetivas, sus lamentables consecuencias y sus infinitas mezquindades y alevosías. Finalmente, hablando se entiende la gente. ¿O si no, cómo?

En cambio, la ‘paz express’ que algunos pregonan –quién sabe con qué pérfido interés, o con qué grado de ingenuidad extrema- sólo sirve a quienes se van a lucrar de ella, a quienes pretenden ejercer el monopolio de la política sometiendo a los excluidos al infierno de la estigmatización y la censura.

Si están imaginando en La Habana que podrán imponer la ‘verdad oficial’ del conflicto armado silenciando las voces de quienes desde otras perspectivas también han sido o siguen siendo actores del conflicto armado –desde las variopintas derechas e izquierdas, que de todo hay en la ‘viña del Señor’- el fracaso de una paz avaramente concebida no terminará sirviéndole a nadie ni a los presuntos beneficiarios ni mucho menos a los fatalmente violentados.

Estamos aún a tiempo de ser más generosos con los plazos y más abiertos de entendederas a la hora de sumar actores a la paz de Colombia y quitárselos a la guerra.

Pongámonos serios de parte y parte, de todas las partes, que lo que está en juego en La Habana no es la reelección de Santos, ni la Constituyente que pretenden las Farc. Lo que se decide en Cuba, y también en Venezuela, en Colombia y también en los Estados Unidos, es si nos tomamos la Paz de Colombia en serio, o la envilecemos en una ‘paz de mentirillas’, una coartada, para que la guerra continúe a sus anchas, con otros nombres o etiquetas, o los mismos de siempre, que eso nunca se sabe.  

Hacen bien las Farc en preocuparse por no correr la desgraciada suerte de los negociadores de las autodefensas en Ralito.

‘Por el desayuno se sabe en qué consistirá el almuerzo’.

Y aunque no falten quienes se empeñan en negarlo, entre el Caguán, Ralito y La Habana, hay un ‘cordón umbilical’, político además.

Y una moraleja: la paz parcelada no funcionó, no funciona, no funcionará.


Así la veo yo.


Los 198 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com




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