febrero 07, 2013

199. Una Coalición Para la Paz, donde todos estemos invitados



ASÍ LA VEO YO - Año 9

¿Por qué no el ‘renunciamiento’ de Santos, y Vargas Lleras presidente?

Por Juan Rubbini


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“Arthur Wellesley Wellington, quien había estudiado y se había tomado muy en serio la historia romana y la utilidad de los emperadores puestos en el trono por sus tropas, así como el desastroso ejemplo de Bonaparte, creía que la esencia del estado constitucional residía en la absoluta sumisión del poder militar a una autoridad civil debidamente constituida. Estaba completamente de acuerdo con la conducta de George Washington en el delicado paso de la guerra a la paz y en la creación del gobierno constitucional estadounidense, del mismo modo que condenaba el ejemplo de Simón Bolívar en Sudamérica, pues llevó al desgraciado continente a su trágico camino de golpes de estado periódicos y a los gobiernos militares” (Paul Johnson, Héroes)



Totalmente de acuerdo con que la Paz de Colombia sea Política de Estado, estoy seguro que en esto hasta ‘paras’ y guerrillas’ coincidirían en una Constituyente. Sobre este ideal común no hay alianzas políticas hasta ayer impensables que de aquí en adelante no se puedan verificar. Incluso entre combatientes de uno y otro bando. Una Coalición para la Paz donde todos estemos invitados y nadie se sienta excluído.

Tan cierto es que ha sido la civilidad de izquierda la que dio alas a las guerrillas en sus inicios, como cierto es que ha sido la civilidad de derecha la que dio alas a las autodefensas en sus comienzos. Si hubo ideales de izquierda en unos, también existieron ideales de derecha en otros. No todo ha sido terrorismo y narcotráfico, de lado y lado. Así como lo malo ha de ponerse de relieve, no hay razón para negar lo bueno que de lado y lado existió y existe. Esto no ha sido entre ángeles, ni entre demonios, sino entre seres humanos solamente. Y en ambos lados hay obligaciones, pero también derechos. Libertad e igualdad no se aplica sino a todos. Detrás de cada combatiente hay un victimario y esto ha de ser tenido en cuenta, pero también detrás de cada combatiente hay un ser humano, y ambos tienen derechos y obligaciones. Quien sepa atravesar el muro de las incomprensiones y las desigualdades habrá dado el primer paso a la reconciliación y la paz. Verlo de otro modo es una invitación a proseguir la guerra. Que es una opción, claro, pero ciertamente no la mejor. Ni ética ni política ni humanitariamente tampoco.

Durante mucho tiempo se ha dicho en Colombia que su sistema político necesita completarse, perfeccionarse y dotarse de una ‘pata izquierda’ con genuina representatividad y auténtica libertad de expresión y acción. Una ‘izquierda’ poderosa en la legalidad que sea contrapeso no solo al establecimiento, la oligarquía y la derecha sino también signifique un decisivo estímulo para que la ‘izquierda guerrillera’ abandone las armas y participe de la vida política sin cortapisas ni persecuciones. Se trata entonces de un doble movimiento de integración: de todas las izquierdas al sistema democrático y de todas las izquierdas entre sí. Cito ambos movimientos porque ambos requieren de una particular cintura política que reivindicando la propia visión y los propios intereses resulte capaz de coexistir con visiones distintas e intereses contrapuestos, no solo entre ‘derechas’ e ‘izquierdas’ sino entre las mismas izquierdas entre sí. Esto por el lado de las ‘izquierdas’ pero por el lado de las ‘derechas’ ¿no cabe igualmente ejercitar la cintura política? No solamente para que no existan más ‘derechas militaristas’ ni ‘paracas’ sino para que las ‘derechas’ ejerzan su responsabilidad de fortalecer la democracia en armonía con las izquierdas y también entre sí.

Lo anterior, porque los actores armados ilegales –los ya desmovilizados y los aún por desmovilizarse- han sido introducidos en el conflicto armado por la política de quienes apostaban a cara y sello, por un lado la democracia, por el otro –por si acaso- también las armas y, ya que estamos el crimen. Si por el lado de las ‘izquierdas’ existe hoy unanimidad desde la ‘pata en la legalidad’ sobre la conveniencia –e incluso necesidad y urgencia- de las negociaciones de paz entre Estado y guerrillas, no sucede lo mismo por el lado de las ‘derechas’. Y no sucede porque algunos pretenden desde la derecha la victoria militar y la rendición de las guerrillas, pero también sucede que para las ‘derechas desmovilizadas’ o que quieren hacerlo no se está dispuestos a admitir su derecho –derecho humano, además- a participar políticamente de la construcción de paz. Mientras subsista esta asimetría sobre el tratamiento de unos y de otros, sobre el reconocimiento de su derecho a convertirse en sujetos y actores de la política a todos, absolutamente a todos –sin discriminar entre ‘guerrillos’ y ‘paracos’- la injusticia –sí, la injusticia- produciría fatalmente que mientras por un lado la democracia se fortalecería –por su lado izquierdo- por la otra cara de la luna –por su lado derecho- la misma democracia se debilitaría.

Imposible, que una persona jugada –y no desde hoy- por el advenimiento consensuado del final del conflicto armado, como el Presidente Santos, no lo comprenda ni busque el modo –su modo- de equilibrar las cargas y abrir el juego a derecha e izquierda. Solo que cada momento tiene su tiempo y cada jugada sus intérpretes. El Presidente del Senado, Roy Barreras, ha dicho en estos días que también para el Eln llegará el momento de la solución negociada, pero que habrá que esperar el próximo período presidencial –de 2014 en adelante. Sobre las ex Auc nadie se ha pronunciado pero ese ‘no pronunciamiento’ no deja de ser también un mensaje elocuente: de eso no se habla, porque hacerlo produciría un efecto bumerán, se volvería en contra de los propios beneficiarios. Habrá que abonar el camino y mientras tanto dejar que Justicia y Paz extienda los ‘paz y salvo’ con la Justicia colombiana. Sobre la Justicia de los EEUU allí ‘guerrillos’ y ‘paracos’ están esencialmente igualados, allí no hay asimetría posible. Y allí comienza el delicado proceso de transformar lo judicial en diplomático, y lo diplomático en político. Pero ambos, los hoy extraditados –los ‘Trinidad’ y los Mancuso- como los hoy en Cuba y en Colombia –de todas las partes- intuyen que para todos habrá una solución favorable –y común- si el proceso de La Habana se fortalece y profundiza, si los diálogos entre colombianos y colombianas –de derecha y de izquierda- entre guerrillas y desmovilizados Auc, comienza a establecer señales, hitos, convergencias, que aún incipientes y trémulos, presagien la siembra de futuros acuerdos de cuyo alcance la democracia colombiana será la gran beneficiada.

¿A quiénes puede perjudicar este entendimiento en ciernes entre quienes fueron feroces contradictores –se comprende que acuerdo para la paz, no para continuar la guerra? Solamente a aquellos que obnubilados por una deformación ideológica, o movidos por intereses inconfesables, apuesten a que la mesa de la democracia jamás se estabilice, y que las ‘patas’ que debieran sostenerla se desangren en crímenes interminables, enceguecidos por lujurias de poder, apetitos desordenados e inmisericordes, de los cuales todos hemos sido víctimas, continuamos siendo víctimas mientras prosiga la guerra de unos pocos entre sí y contra todos.

Insistir sobre el argumento que Santos busca ‘desesperado’ un acuerdo de paz con las Farc para posibilitar su reelección no me parece acertado. Es más, soy de la opinión contraria. En las actuales condiciones de sufrir el embate de una oposición de ‘derecha’ y no de ‘izquierda’, más rédito le produce a Santos seguir dándole duro a las guerrillas –y a las bacrim- que apresurarse por quitar a las Farc del conflicto armado. En ese combate con las Farc le quita sustento a Uribe, y en ese continuar de los diálogos suma apoyos por centro y por  izquierda.

Pero en mi opinión, si algo elevaría al Presidente Santos al altar de los próceres nacionales es renunciar a la campaña presidencial de 2014 y asumir in pectore y full time, con el acuerdo del próximo candidato a Presidente -¿Vargas Lleras?- la dirección del Proceso de Paz que ya no sería solamente con las Farc, sino también con el Eln y con todos aquellos que desde la derecha se plantaron en contra de las guerrillas en una guerra que estimuló el propio Estado, el mismo Establecimiento y la misma ideología anticomunista en sus múltiples facetas.

Soy de los que piensa que para hacerle el 2 a 1 al ‘uribismo’ recalcitrante y guerrerista el proceso de paz con las Farc no solo no tiene que concluir en el actual mandato de Santos –vísteme despacio que tengo prisa- sino que lo que convendría interrumpir en 2014 es la Presidencia de Santos. Dejarle el mando a Vargas Lleras –legitimado por elecciones el año próximo- y reasumirlo en 2018 para ser entonces sí Santos el Presidente que entrará en la Historia de Colombia habiendo sido con los frutos de su iniciativa de Paz el ‘gran negociador’ y con su ‘renunciamiento’ a la reelección en 2014 el ‘gran ejemplo’.

Si logran afianzar la Plataforma de la Paz Santos y Vargas Lleras podrían ofrecer a Colombia 4 períodos cuatrienales de continuidad política presidencial y a todos los colombianos y colombianas la certeza de una Paz y Reconciliación con plenos derechos y garantías jurídicas y políticas, comenzando por las víctimas, absolutamente todas las víctimas.

Amanecerá y veremos.  


Así la veo yo.


Los 199 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

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