marzo 15, 2013

201. Y que al fin se diga “Habemus Pacem"


ASÍ LA VEO YO - Año 9
Paz en la tumba de Chávez, Paz en Colombia
Por Juan Rubbini
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“Nos encontramos ante una realidad que nos muestra los resultados de un modelo de país armado en torno a determinados intereses económicos, excluyente de las mayorías, generador de pobreza y marginación, tolerante con todo tipo de corrupción y generador de privilegios e injusticias. Esta situación es consecuencia de una crisis de las creencias y los valores que fundan nuestros vínculos sociales. Ante esto, debemos emprender una tarea de reconstrucción(Cardenal Jorge Mario Bergoglio -hoy Papa Francisco- La nación por construir – Utopía, pensamiento y compromiso (2005))


Estamos asistiendo a un mes de marzo de 2013 destinado a dejar huellas indelebles en la historia de nuestra América Latina y en particular de Colombia.

Con apenas muy pocos días de diferencia dos hechos de magnitud inusitada conmueven el alma popular desde la Tierra del Fuego hasta México: la muerte de Hugo Chávez y la elección como Papa de Francisco. Un venezolano y un argentino que corporizan en su humanidad el signo de los tiempos que nos toca asumir, develar, interpretar desde nuestro propio discernimiento de latinoamericanos, sin exclusivismos, sin sectarismos, sin odios.

La Paz de Colombia ha ganado y ha perdido mucho en estos días. Nadie ignora la importancia de Chávez en el imaginario de las Farc y el vacío que deja su partida no será igualado. En sentido literal las ausencias de ‘Marulanda’ y ahora Chávez han dejado doblemente huérfanas a las Farc. Dígase lo que se diga, en favor y en contra; los hechos son los hechos, y no se puede volver atrás.

Un Papa Latinoamericano de las condiciones y virtudes morales del Cardenal Jorge Mario Bergoglio, nacido en la tierra del Che, de Evita y de Perón, no será –no puede serlo- ajeno a la Paz y Reconciliación de Colombia. Todo lo contrario. Ya lo verán con sus propios ojos, quienes hoy asisten entre incrédulos y pesimistas, a la asunción de un Papa que no reconocen como militante de las fuerzas políticas que lideró Chávez en todo el continente. El de Francisco no es ciertamente “el reino de este mundo” pero sus pies y su corazón caminan, edifican, dan testimonio de su compromiso con los hombres y mujeres de este mundo.

Ha dicho Maduro que al llegar al cielo, la influencia de Chávez ha pesado y mucho en la elección de un Papa Latinoamericano. Esto nunca se sabrá. Pero las coincidencias nos dejan en libertad de interpretarlas como nos venga en gana. Y en esto, tal vez solo en esto, con Maduro yo coincido, y ojalá también las Farc.

Dicho esto no sobra decir que las condiciones objetivas para una pronta paz en Colombia están lejos de haberse consolidado. Y en esto atribuyo más responsabilidad al Gobierno que a las Farc. La muerte de Chávez deja a éstas no solo en condición de huérfanas sino que borra del ajedrez político la única garantía firme conque las Farc podían contar. El Gobierno y el Congreso colombiano no sirven en absoluto de garantía alguna. Bastaría que Márquez conversara un par de horas con Mancuso y con ‘Trinidad’ para discernir que si al Estado no se lo afronta pacíficamente, desde las propias convicciones pero unidos y tomados de la mano todos los actores del conflicto armado, la clase política se los devorará uno por uno, inexorablemente, o cuanto menos los castrará inmisericordemente hasta reducirlos a nada, o casi nada. No es cuestión de Uribe, o de Santos, es cuestión de naturaleza. Nada personal.

Y sin embargo, la Paz de Colombia debe alcanzarse, debe lograrse, debe establecerse. Sin plazos fatales, pero sí con determinación firme, con mente abierta y corazón templado. No lo tenemos a Chávez, es cierto y es definitivo, pero lo tenemos a Papa Francisco, que no es marxista, no es revolucionario, pero sí es amigo de la paz, de la reconciliación, de la justicia social.

A quienes se alegraron –equivocadamente- con la muerte de Chávez, y hoy se confían –equivocadamente- conque Papa Francisco asumió el Pontificado en Roma con la misión de acabar con las reivindicaciones sociales de América Latina los invito a reflexionar sobre la urgencia de afianzar la solidaridad y la justicia social en nuestros pueblos americanos.

Y a quienes han querido ver como dos derrotas funestas y sucesivas la muerte de Chávez y la elección de Francisco también los invito, humildemente, a reflexionar sobre la urgencia y la importancia de unir los esfuerzos y la lucha pacífica entre todos aquellos que desde posiciones de izquierda, de centro y de derecha están jugados por la Paz de Colombia y su Reconciliación.

Comencemos por acercar nuestros pasos y caminar juntos, por echar los cimientos y edificar codo con codo la Política y la Justicia que necesitamos, y sobre todo dar testimonio que el adiós a las armas es decisión tomada y sobre ello no hay vuelta atrás.

Soplan vientos de justicia y paz en América Latina, haya entonces justicia y paz también en la tumba de Chávez y en el corazón de militares, guerrilleros, autodefensas.

Que cesen el fuego y las hostilidades, las pirotecnias verbales y los ademanes violentos.

Que la última voluntad de Chávez se cumpla.

Que la presencia y palabra de Francisco sea suficiente garantía de Paz y justicia social, para los unos y para los otros, para todas las víctimas y para todos los victimarios.

Y que al fin se diga: "Habemus pacem".

Así la veo yo.


Los 201 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

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