noviembre 08, 2013

210. La ‘Habanalización’ del mal


ASÍ LA VEO YO - Año 9

El arte de la paz, la patria por encima de los violentos

Por Juan Rubbini
...............................


“La reflexión profunda de Arendt es que los peores ante el mal no son únicamente los que lo planifican, ni los ingeniosos estrategas de “la solución final”, ni los constructores de las cámaras de gas. Para Arendt los peores también son los que, siguiendo un pensamiento incapaz para la reflexión, cumplen las órdenes recibidas con una perfecta diligencia, es decir, los burócratas; aquellos que piensan que lo importante es el sistema. Durante cuatro años trabaja, marcada por la controversia y la incomprensión, escribiendo un libro titulado “Eichman en Jerusalem, Un estudio sobre la banalización del mal” el cual, por sus argumentos y afirmaciones, provoca inmediatamente un escándalo internacional, especialmente en la comunidad judía. En él llega a afirmar que algunos dirigentes del pueblo judío fueron cómplices también de esta destrucción, y que con la misma actitud burocrática, no evitaron el daño” (Gabriel Cortina)

Si las cosas fueran lo que parecen el arte no sería posible. Todo sería apenas lo que aparece, cuadriculado, rígido, inmutable. No habría espacio para la imaginación, para la humanidad, para el sueño. Todo estaría previsto, regimentado, pulcro y segmentado. Acotado y silente. Resignado y vivo, pero muerto.

En cambio, no. Las cosas no son lo que parecen y el arte sí es posible. El cambio fluye, es lo que hay, todo el tiempo, cambio, solo cambio, a cambio de nada. Nada está previsto, nada está limpio. Bulliciosa y contradictoria, es la vida, no la muerte.

Me gusta el Santos que quiere la paz. No me gustan los que quieren la guerra. No me gusta el Santos que acota la paz, que la siente suya, cuando es de todos. Me gustan las Farc cuando ponen el dedo sobre la llaga. No me gustan las Farc cuando revuelven el dedo sobre la herida. Me gusta Uribe cuando no se vuelve rehén de sus arrebatos de poder. No me gusta Uribe cuando bota al mar las llaves de la paz. Pero todo cambia, y tal vez por eso, solo por eso, la política me gusta. No por su coherencia obcecada sino por su cambio de frente, por su mirada amplia donde cabe también la mirada del otro. No como profesión, sí como espectador, que espera de la política, cambios de rumbo, piedad por el que sufre, mano tendida al corazón del adversario, humildad sobre lo propio, reconocimiento sobre lo bueno del de enfrente. Enfrente que digamos también suele ser nuestra propia imagen sobre el espejo que alza el otro en su bandera.

Que haya derechos para la oposición no alcanza, tiene que haber derechos también para los opositores de la oposición. ¿O vamos a institucionalizar oficialismos nuevos, monopolios ‘made in Cuba’? Que los combatientes de la guerra dejen de serlo es tan bueno cuando son de izquierda como cuando son de derecha. Si para unos se abren las puertas de la libertad para los otros también. No porque sean de las Farc, o hayan sido del ejército, o de las autodefensas, ni de los paramilitares, solo porque son individuos, personas, ciudadanos que tienen los mismos derechos humanos y los mismos deberes humanos. Todos pecaron por la paga –todos-. Ninguna guerra es gratis, ningún combatiente se alimenta solo de altruismo, tampoco paga sus armas la sola ideología, ni el estar a favor o en contra de algo o de alguien. Todos mataron por alcanzar el poder y más allá de sus intenciones –que todos las tenemos- todos tomaron en sus manos la vida del prójimo, todos hicieron mal, todos se equivocaron. Perdonarlos no será nunca una obligación, pero darles el paz y salvo, a cambio de su abandono de la guerra, siempre será una necesidad. Y sobre esto Uribe y Santos saben que se trata de una carambola a tres bandas: la banda de las Farc, la banda del Eln, la banda de los ‘paras’. Y sus aliados, claro, Que no se hacen guerras sin aliados, ni pueblo que las cobije, ni Estado que se haga el sordo, el ciego, el mudo. Estados como el colombiano, pero también el soviético, el cubano, el venezolano, y el de Estados Unidos, no podía faltar.

Me gusta cuando Santos pone sobre la mesa la necesidad social de la paz. Me gustan las Farc cuando aceptan que esta guerra se tiene que acabar. Me gustan las Autodefensas que entregaron sus armas y aceptaron finalmente pagar cárcel –ocho años de cárcel- cuando en Ralito exigían penas alternativas y ni una hora de cárcel. Me gusta el Uribe que empezó su proceso de paz pretendiendo legitimar el Estado –manchado de paramilitarismo desde tiempos inmemoriales- y quitando de la guerra a las Auc, sabiendo que la paz era un proceso a tres bandas, y que comenzaba primero ‘por casa’, por ‘Casa Estado’ –y sus aliadas Autodefensas- para seguir de inmediato con Eln y Farc, en ese orden. No me gusta Santos cuando se desentiende de los compromisos acordados por su antecesor en Ralito. No me gusta Uribe cuando se desentiende de sus propias propuestas de paz en 2002, manifiestas en Ralito entre 2002 y 2006. Y no me gustan las Farc, ni el Eln, ni las Autodefensas cuando no ponen sobre la mesa la necesidad histórica de sentarse a dialogar también entre ‘ilegales’ de ayer y de hoy, para acordar, y afianzar un proceso de paz integral, sin exclusiones, sin sectarismo, sin vencedores ni vencidos.

De todas las fantasías humanas tal vez sea la de Dios la más insondable y poética. Y de allí para abajo tal vez la paz también sea, particularmente en Colombia, de esas fantasías humanas no tan insondables como la existencia de Dios pero poética como las que más, cuando traslada la idea de paraíso a la tierra, volviendo terrenal y posible el arte de hacer la paz. Arte de la paz que no cabe dejarlo solo en las manos de los guerreros, de los políticos, de los que buscan algún beneficio a través de la guerra, sino en manos de quienes son y se sienten artistas, artistas de la vida, no de la muerte.

Si las cosas fueran lo que parecen el arte no sería posible. Tampoco el arte de la paz. Por esto, por amor al arte, prefiero apostar por el Santos que no veo pero que intuyo. Apostar  por el Uribe que defraudó a muchos pero por quien muchos todavía creen, y creen mucho. Apostar incluso por las Farc que están convencidas que matan por sus ideales cuando en realidad asesinan sus ideales cuando matan a sus víctimas. Apostar en fin también por militares y autodefensas, paramilitares y elenos, por su capacidad de alzarse sobre todo pasado y ser artistas sobre sus vísceras, sus almas, sus personas; no porque hayan errado han perdido el derecho de acertar y regresar a casa, en paz, sin armas, sin odios.

De todos los males que Santos y las Farc nos deben librar el principal es el de ‘LaHabanalización’ del mal… de volverlo negociable, superficial, trivial, digerible, como si cincuenta años y más de insensatas guerras no exijan otra cosa que ponerle fin, de una vez y para siempre, sin chantajes, sin retórica, sin recompensas. A ponerse en la fila de la democracia, no de primeros, ni de segundos, de últimos, pero en igualdad de condiciones. Borrón y cuenta nueva. Pero ay de ellos si reinciden en el mal. Porque no tendrán otro perdón, es ahora o nunca.

Con el paz y salvo en la mano, con los mismos derechos y deberes que todos. Ni uno menos ni uno más.

Entonces sí, al fin, podremos regocijarnos y decir sin mentirnos, ‘la patria por encima de los violentos’.
  

Así la veo yo.


Los 210 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están

a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

No hay comentarios.:

Publicar un comentario