abril 03, 2014

219. Si en La Habana llueve sobre la Casa de Nariño no escampa

ASÍ LA VEO YO - Año 10
Ni Santos ni las Farc han querido escuchar el clamor de Colombia para que paren la guerra ya
Por Juan Rubbini

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“Si cada hora viene con su muerte, si el tiempo es una cueva de ladrones, los aires ya no son los buenos aires, la vida es nada más que un blanco móvil. Usted preguntará por qué cantamos, si nuestros bravos quedan sin abrazo, la patria se nos muere de tristeza y el corazón del hombre se hace añicos, antes aún que explote la vergüenza. Usted preguntará por qué cantamos, si estamos lejos como un horizonte, si allá quedaron árboles y cielo, si cada noche es siempre alguna ausencia y cada despertar un desencuentro. Usted preguntará por que cantamos, cantamos por qué el río está sonando y cuando suena el río suena el río, cantamos porque el cruel no tiene nombre y en cambio tiene nombre su destino. Cantamos por el niño y porque todo y porque algún futuro y porque el pueblo, cantamos porque los sobrevivientes y nuestros muertos quieren que cantemos. Cantamos porque el grito no es bastante y no es bastante el llanto ni la bronca, cantamos porque creemos en la gente y porque venceremos la derrota. Cantamos porque el sol nos reconoce y porque el campo huele a primavera y porque en este tallo en aquel fruto cada pregunta tiene su respuesta. Cantamos porque llueve sobre el surco y somos militantes de la vida y porque no podemos ni queremos dejar que la canción se haga ceniza. (Mario Benedetti, Por qué cantamos)


Si en La Habana llueve sobre la casa de Nariño no escampa. La representatividad política que poseen las guerrillas colombianas ha quedado reducida con los años a un sector minúsculo de la población –exiguo incluso dentro de las minorías de izquierda. Las encuestas de un tiempo a esta parte revelan asimismo que el presidente Santos anda montado sobre el desbocado galopar de un corcel ‘cuesta abajo’ destinado a caer irremisiblemente  de culo y p’al estanque y no pasarán demasiadas encuestas antes de igualarse con las Farc en su imagen negativa.

Cómo disimular que el presidente – candidato tiene todas las de perder cuando carga sobre sus espaldas con cuatro años sin ganar, ni golear ni gustar. El precario triunfo en marzo de ‘la tal unidad nacional’ muy poco tiene que ver con la simpatía por Santos y casi todo que ver en cambio con los congresistas y sus clientelas. Buenas o no, eso es lo que la tierra da, parecen decir sus votos, con caras de ‘yo no fui’.

Es verdad que sus competidores por la Presidencia son todavía irrelevantes  contados aisladamente uno por uno pero cuando llegue la segunda vuelta el voto castigo de la sociedad colombiana a Santos promete convertirse en una paliza colosal, resulte quien resulte su contendor –buenos todos, y en cada caso mejores que Santos. Aunque, hoy por hoy, Peñalosa tiene todas las de ganar, porque ‘llegado el momentum’ antisantistas y antiuribistas, uribistas y ‘emputados’ saldrán como disparados a votar por él… en primera vuelta lo suficiente, y en segunda vuelta mucho más. Lo único que necesita Peñalosa para ganar la Presidencia es llegar a la segunda vuelta y tener de rival a Santos.

Así las cosas, luce cuanto menos desmesurado –o ‘traído de los pelos’- que se pueda todavía esperar de los diálogos de La Habana tal como están planteados, y siendo quienes son los interlocutores, un nuevo modelo de país, de institucionalidad democrática, de organización social, económica y política. No solamente en la mesa no están todos los que son sino que los que están tiene poco y nada que ver con el país que sueñan los colombianos y colombianas. Analicen las encuestas, pónganse una mano en el corazón, serenen sus mentes y saquen sus conclusiones.

Peñalosa sorprendió a tirios y troyanos admitiendo que de obtener la Presidencia sostendría el mismo equipo negociador. Solo le faltó decir que Juan Manuel Santos sería su Alto Comisionado de Paz. Lo de Peñalosa sonó como la declaración ‘para la galería’ de un técnico de fútbol que al asumir la conducción de su nuevo equipo anuncia muy serio que la nómina de jugadores existente es muy buena y por lo tanto todos sus integrantes tendrán una nueva oportunidad. Le faltó agregar al ‘profe’ Peñalosa: una nueva oportunidad sí pero solo mientras haya resultados positivos, lo que en política se mide con encuestas. Dudo mucho que un equipo como el que está negociando en La Habana le aguante a Peñalosa más de una encuesta desfavorable.

Cada día que pasa las expectativas sobre La Habana se desinflan en proporción creciente con las semanas que se suceden, cuando el cóctel habanero de “bla bla bla” con “bala bala bala”  no solo irrita sino ofende a estas alturas. Del optimismo inicial se pasó lentamente al escepticismo general para ir llegando ahora a velocidades ‘in crescendo’ al descrédito y rechazo. Salvo para aquellos que esperan ganar algo si de todo esto resultara finalmente algo, y confunden la ventaja personal con el bien colectivo.

Al Gobierno le gusta repetir que nunca antes se había llegado tan lejos en materia de diálogos de paz. Me siento tentado de decir que nunca antes –ni siquiera en El Caguán- los diálogos de paz habían llegado como hasta hoy tan lejos en materia de expectativas frustradas y desencanto generalizado. De la negociación de meses y no de años como había anunciado Santos en 2012 se ha ido pasando a una negociación sin plazos ni metas, de andar tan intrascendente y morrongo que a este paso no solo llevará años sino unos cuantos años más, décadas tal vez. No nos crean tan pendejos, ni Santos ni las Farc.

Pero no.

Se oyen pasos de animal grande, de río impetuoso ‘mandando a parar’ esta farsa de la guerra sin final que encubre fortunas mal habidas y botines políticos que repartir. Pasos de pueblo grande harto de estar harto que le pinten pajaritos de colores y futuros de leche y miel.  

Ni Santos ni las Farc han querido escuchar el clamor de Colombia para que paren la guerra ya.

A unos no les alcanzaron 50 años de matar y morir, a otro no le alcanzaron 4 años en la Presidencia para acordar el cese al fuego ni el cese de hostilidades. ¿Cómo no concluir amargamente que para Gobierno y guerrillas la sangre de Colombia es negocio que camina?

Solo se oyen a sí mismos, tan ensimismados como están intercambiando ‘tierras ajenas por espejitos de colores’, con sus ‘toma esto’, ‘dame aquello’, ‘hagámonos pasito’, ‘cada día trae su afán’, ‘hoy por ti, mañana por mí’. Como si, dicho sin eufemismos, de tanto negociar la paz esta se hubiese convertido en un negocio del cual sacar tajada, mientras se prosigue la guerra de la cual también se saca tajada, al mejor estilo del ‘miti y miti’, del ‘yo con yo’, entre quienes son los ‘dueños’ de la vida y de la muerte, quienes ganan con cara y con sello también.

Sin embargo, repito, quien quiera oír que oiga:

Se oyen pasos de animal grande, de río impetuoso, y como dijo el poeta: “cuando suena el río, suena el río”.



Así la veo yo.


Los 219 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com


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