agosto 08, 2014

227. Apuesto por la Paz, no porque el camino sea sencillo sino porque está abierto

ASÍ LA VEO YO - Año 10
Todos deben ser invitados, nadie debe ser ignorado ni rechazado
Por Juan Rubbini
@JuanRubbini
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“El hombre no está sometido a la Fortuna; no está a la merced de las olas y los vientos. Debe elegir y gobernar su rumbo. Si deja de cumplir este deber, la Fortuna se burla de él y lo abandona” (Nicolás Maquiavelo, El Príncipe)



Después de haber escuchado ayer el discurso de posesión de Santos, hoy renuevo mi apuesta por la paz de Colombia.

No apuesto porque tenga alguna certeza, alguna confidencia de palacio; solamente indicios, elocuentes indicios de un Presidente que ha puesto sus ojos en la paz, la equidad, la educación. Es su compromiso y hoy desperté con el propósito de poner mi fe en que cumplirá su palabra. En mi constitución al menos, el optimismo es un derecho fundamental y a la vez una cuota inicial que pago con gusto por el gusto de sumarme a una causa justa y necesaria.

No creo, sin embargo, que la paz esté cerca, ni mucho menos. Solo dejo constancia sobre mi apuesta que ahora sí estamos en el camino que va hacia allá. Sobre el camino que es.

Lo mío no es un cálculo político, es apenas la intuición de quien está dispuesto a poner el hombro. Y sé que no faltan en Colombia manos dispuestas a construir la paz. Y no solo entre quienes votaron por Santos –yo no lo voté- sino también entre quienes lucen escépticos, descreídos, contradictores.

Hagámonos cargo del conflicto armado y sus consecuencias. Asumamos que existe y es un obstáculo enorme para la equidad y la educación, la seguridad y la inversión, el progreso y el bienestar.

Tampoco perdamos de vista que la paz exige no solo el silencio de las armas, también y sobre todo una revolución en nuestros corazones. No la rendición ni el sometimiento de unos ante otros, sino una distribución del poder que armonice los inevitables contrarios sin pretender anularlos o silenciarlos. La justicia florece en tiempos de libertad, ojalá con pocas cárceles y vacías, y muchas escuelas y universidades pero llenas y bullosas.

Santos ganó las elecciones con el voto ‘santista’, pero también con el voto de la izquierda, y seguramente no fueron pocos los ‘uribistas’ y del centro a la derecha que apostaron por la paz.

A poco de andar el nuevo Congreso, la oposición ‘uribista’ de Santos no se dejará arrastrar por los pocos extremistas que quieren acabar con el proceso de La Habana; por el contrario, buscará el modo de subirse al ‘carro del vencedor’ cuando la victoria sea la victoria de la paz, no la victoria de Santos ni la victoria de las Farc. Es legítimo el temor que siente esa oposición por unas negociaciones que no han dado todavía frutos buenos mientras la cosecha de la guerra sigue siendo amarga y cruel. Y hasta bueno que exista esa oposición, bueno porque Santos y las Farc deben contar con esa oposición, tal vez no para firmar los acuerdos pero sí para refrendarlo y después para ponerlos a funcionar.

Mi apuesta por la paz de Colombia no es ciega, tan ciega no es que advierto que deberá contar en los próximos meses –no años, me auguro- con el aporte de todas las oposiciones a Santos, de izquierda y de derecha, y también con la adhesión y participación de todos los actores que lo han sido del conflicto armado, incluidos el Eln, las Autodefensas postuladas a Justicia y Paz, y los residuos de grupos guerrilleros y ‘paras’ todavía no desmovilizados. Al construir la paz no alcanza con no ser ciegos ante la realidad sino que la mirada no puede quedarse con lo que tiene al frente sino que hay que extenderla hacia adelante, hacia derecha e izquierda, abarcando todos los horizontes y sin dejar por fuera ningún cielo, ninguna ideología, ningún territorio.

Porque si se trata de jugarse por la paz todos los jugadores que lo han sido de la guerra tienen que poder jugar el juego de la paz. Será la única manera, además, que todo el universo de víctimas reciba el cobijo y la reparación que le deben todos los victimarios.

Si aspiramos a una paz definitiva que cubra todo el territorio nadie absolutamente nadie debe quedar por fuera, todos absolutamente todos tienen que ser invitados a la Mesa de la Paz, todas la memorias cuentan, todas las víctimas duelen, todos los victimarios necesitan evidenciar su arrepentimiento y solicitar su perdón.

Es por todo esto que apuesto por el camino que transita Santos, no solo por los pasos que lo han traído hasta aquí sino por los que intuyo está dispuesto a dar si recibe nuestro apoyo, nuestra confianza, nuestra mano tendida. También porque se ha mostrado dispuesto a recibir nuestra mirada crítica, jamás destructiva, siempre constructiva, plasmada con manos de alfarero, corazón generoso y pies de acero.



Así la veo yo.


Los 227 artículos que componen la serie publicada –iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com



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