octubre 02, 2014

230. Todos los caminos conducen a Washington


ASÍ LA VEO YO - Año 10

La necesidad (de paz) tiene cara de hereje

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia

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““Chávez ha despertado nuestros demonios íntimos”, me explica la psicosocióloga Mireya Lozada, que trabaja en los aspectos imaginarios y fantasmagóricos de la polarización ideológica. “Esto (la polarización) se ve agravado por la distorsión de atribución: a la otra parte se le atribuye la peor de las intenciones y aquellas acciones desmedidas del propio bando se perciben invariablemente como respuestas a las amenazas o agresiones del contrario. En fin, se justifican las propias acciones violentas como respuesta a la violencia que se anticipa, la que desencadena el miedo.””

(Marc Saint-Upéry, El sueño de Bolívar)


Tarde o temprano Uribe y Santos, Farc y Auc, con el visto bueno de Castro y la resignación de Maduro, llevarán sus acuerdos a Washington.

Serán acuerdos que bendecirá el Papa y aplaudirá Colombia y el mundo.

Entonces, solo entonces, no antes, Washington estampará su firma.

Entonces, solo entonces, no habrá más embargos a Cuba, ni ‘guerra fría’ con Venezuela.

Me dirán que sueño despierto, o que deliro entre fiebres intensas.

Sin embargo, aquí la gran paradoja reside en que aquello que más tememos –no podernos salir con la nuestra- es lo único que puede salvarnos, y lo que más nos duele –que el enemigo se salga con la suya- es la única puerta que nos conduce a la paz.

Lo acepte o no lo acepten Santos y Uribe, quiéranlo o no Farc y Auc, preténdanlo de otro modo Castro y Maduro, Colombia está ubicada (y bien amarrada) sobre el patio trasero de los EEUU, y a diferencia de sus vecinos, es el único país de América del Sur cuyo norte es el acuerdo permanente, esencial y a toda prueba, con Washington.  

Urge entonces que Santos y Uribe comiencen a dar pasos seguros hacia la convergencia, que la Mesa de La Habana incorpore sin más remilgos ni demoras a Eln y Auc, que Castro y Maduro apresuren su andar hacia la democracia y la libre empresa en Cuba y Venezuela. Y que las Confesiones Religiosas de todos estos países –no sólo las Católicas- armonicen sus prédicas y vitalicen sus plegarias, para que el espíritu acuda a su cita con la política, y las razones de la Paz y la Reconciliación prevalezcan sobre las causas y efectos de la confrontación armada e ideológica.

Cuanto más largas le demos a la incorporación de una mirada geopolítica de mediano y largo plazo a la coyuntura presente, cuanto más demoremos en ir al grano de lo que esconde –hasta hoy- haber estratégicamente escogido a La Habana como sede de las negociaciones, cuanto más estiremos los tiempos y la paciencia sobre lo determinante del narcotráfico en el conflicto armado colombiano, la posibilidad de arribar a consensos amplios y definitivos, políticos y geopolíticos, se irá irremediablemente disipando más allá del voluntarismo que le pongamos a la cosa, más allá de lo que seamos capaces de aportar desde la sociedad democrática y la cultura popular.

Regresemos ahora al comienzo de esta columna. Washington estampará su firma solo al final. Pero involucrar a Washington implica abrir ya la comunicación al respecto. La causa final es siempre la última en manifestarse pero está en el origen mismo de la acción. Teleología, que le dicen. Origen que, convengamos, permanecerá en la bruma hasta llegar allá. Dicho de otro modo, si los diálogos de La Habana no están inspirados desde hoy por arribar con Washington a la meta todo lo que se haga o vaya hacer será humo, y con el viento se irá a morir sobre el mar.

Dicho esto, la convergencia de Santos y Uribe, no puede demorarse más que unos pocos meses. Arribar a finales de este año con pasos firmes en esta dirección es una condición sine qua non para que el proceso de La Habana pueda ofrecer frutos comestibles, digeribles.

Sin embargo, la condición aludida es necesaria pero no suficiente. Alinear a Santos con Uribe, a Colombia con Estados Unidos, a Cuba y Venezuela con Colombia no significará nada, o casi nada, si del otro lado de la Mesa no se logra alinear a las Farc con el Eln y las Auc, y a todos estos con las Bacrim.

¿Y esto por qué?

En Colombia existe un conflicto armado, también existen amenazas terroristas, todo esto envuelto en una trágica criminalización de la protesta social y una desbordada corrupción de los estamentos públicos. Y no solo ronda al acecho el narcotráfico haciendo de las suyas, sino que éste ha llegado a constituirse (desde largo tiempo atrás) en el combustible más importante, cuantitativa y cualitativamente, de la confrontación.

Si de la existencia del conflicto armado todos damos fe y hasta buena parte del uribismo ha llegado tardíamente a aceptar su realidad  (circunloquios mediante) en cuanto a los actores del conflicto –legales e ilegales- subsisten polémicas y controversias, bizantinismos a derecha e izquierda, leguleyismos varios,  acerca de quiénes sí y quiénes no, quiénes a tiempo completo y quiénes de a raticos, participan del horror. Sacando cuentas realistas y sin minimizar su relieve Farc y Estado son apenas el 50 % y si acaso, del conflicto armado. ¿Cómo ‘ningunear’ al resto, cómo no incorporarlo a las negociaciones? ¿Cómo pasar por distraídos y de agache hacia quienes por incómodos que resulten a los cálculos de unos o de otros en La Habana, suena a desidia ignorar sus ostensibles y reiterados llamados de atención? Nada más fatídico para el posconflicto que una paz a medias, o una paz que vaya a quedar mal hecha, por incompleta, por excluyente.

Sin entrar a realizar una categorización estricta ni completa, pocas dudas caben que desde el lado de la ilegalidad, Farc y Eln, Auc, residuos del Epl, residuos de las Auc, las llamadas bacrim, y carteles y cartelitos del narcotráfico, están involucrados en el conflicto armado, con el grado de participación y conciencia política, más madura o más inmadura,  que depende históricamente de múltiples factores y afecta de diferente modo a los diversos actores y territorios donde toma cuerpo ,y se asienta y echa raíces el conflicto. Ni qué decir tiene que por acción u omisión los círculos concéntricos que emergen desde la localización y movilidad de estos actores ilegales se extienden hasta las orillas de la legalidad, tanto como les resulta necesario y permanecen, o permanecieron, todo el tiempo que la conveniencia o el temor, determinaron.

Si digo todo esto no es por exceso de imaginación, estoy seguro de estar quedándome corto en la apreciación objetiva de todo lo que está en juego y todos los que juegan, ilegales por supuesto, pero agentes estatales y establecimiento político y económico también.

Ante la enorme dificultad de ambientar las condiciones de un proceso de paz creíble y viable se me hace un despropósito político peligroso que se insista en sobre-utilizar el calificativo de ‘enemigos de la paz’ –‘que los hay, los hay’- como si el uribismo fuera una cueva demoníaca donde se dieran cita conspirativa los más grandes obstáculos para llegar civilizadamente al final del conflicto.

¡No! los ‘enemigos de la paz’ suelen también dormir con nosotros en nuestra cama de oficialistas y opositores ‘bienpensantes’,  habitan nuestras mentes ‘políticamente correctas’ pero absurdamente sectarias, estimulan en nuestras neuronas la ausencia de realismo y grandeza, tanto como pretenden una paz a bajo costo –económico y político- y seducen al propio ego con ‘botines de paz’ fabulosos, donde si es el caso nos toque ‘pasar gato por liebre’, y una ‘paz de mentiritas’ como la gran solución de todos nuestros males.

Insisto, ‘o todos en la cama, o todos en el suelo’.

Y claro, todos a Washington…, con tiquete de ida y vuelta, como debe ser.


 Así la veo yo.


Los 230 artículos que componen la serie iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com


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