octubre 09, 2014

231. “Lo que natura non da, La Habana non presta"


ASÍ LA VEO YO - Año 10

Ni el oportunismo ni la ausencia de límites son amigos de la Paz

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
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“El hombre está pues tan felizmente fabricado que no tiene ningún principio justo de lo verdadero y varios excelentes de lo falso” (Pascal)





El Presidente Santos ha manifestado en más de una ocasión su satisfacción porque nunca antes un proceso de paz con las Farc había llegado tan lejos. Después de lo cual, legítimamente, cabe preguntarnos si habiendo llegado tan lejos, cómo haremos para regresarnos cuando en algún momento llegásemos a darnos cuenta que hemos llegado a una sin salida, o dicho de otro modo, a nada, a nada sustancial, o incluso, a algo que resulte inconveniente de acordar.

Quiero sentar aquí, una vez más, mi posición de que me complazco en que el proceso de La Habana exista. Lo que no implica que esté tan seguro que en algún momento este proceso, así como va, llegue a alguna parte. Y si esto resultase, ya la angustia no sería en cómo seguir avanzando, sino en algo inédito, cómo regresarnos habiendo llegado tan lejos.

Esta hipótesis de que en algún momento el proceso de paz se rompa no puede quedar librada al azar, o descartada por descabellada que parezca. Tampoco se puede repetir alegremente que somos capaces de hacer la paz cuando la historia nos recuerda fatídicamente que de lo que hemos sido capaces es de vivir en conflicto por más de medio siglo y más. No intento ser pesimista, sino de alertar sobre qué pudiera estar sucediendo: que hayamos dado por hecho –el logro de la paz mediante la prosecución de los diálogos en La Habana- cuando de lo que se trata es de construir la paz, como actividad permanente inherente al sistema constitucional y democrático, independientemente de que exista el proceso de La Habana o no.

Al respecto me preocupan algunas cosas y hoy quiero poner énfasis sobre un par de ellas. Por una parte, la cuestión de los ‘oportunismos’ y por otra la de los ‘límites’. Aplicado esto, lógicamente, a la construcción permanente de paz, no a la circunstancial ‘moda’ de la paz que algunos se empeñan en querer imponer en Colombia, por coyunturales necesidades políticas o por consideraciones solamente moralistas.

Entre los ‘oportunismos’ me preocupan los que calificaría de oportunismos de derecha y de izquierda, así como oportunismos del oficialismo y de la oposición.

Entre los ‘límites’ me preocupan los límites que estamos trazando entre oficialismo y oposición, así como los límites que estamos desdibujando entre acciones de guerra y acciones inhumanas.

Desde la política de izquierda, el oportunismo consiste en pretender alcanzar mediante la negociación de las Farc con el Gobierno aquellos objetivos políticos que desde el propio ejercicio de la política desarmada y el convencimiento ha sido imposible de lograr con el consenso de la ciudadanía a través del voto. Atribuyo a este propósito de la izquierda –beneficiarse con la guerra-  que otros (las Farc) utilicen las armas para que en la Mesa de La Habana se consigan como concesiones del Gobierno objetivos ideológicos y prácticos  que por la lid democrática y civilista no se ha logrado conseguir. Esto suena a chantaje –nos dan lo que pedimos o las Farc siguen combatiendo- y explica buena parte de la animadversión que el proceso de La Habana despierta en la opinión pública.

Desde la política de derecha (en este caso de la derecha de la Unidad Nacional) el oportunismo consiste en pretender llegar a un acuerdo con las Farc a un costo muy bajo, logrado por el atajo de disuadir a los comandantes farianos, otorgándoles prebendas, y que todo siga más o menos igual pero ‘bacriminizando’ y ‘farcriminizando´el país, ya sin la ‘marca’ Farc atribuyendo franquicias y razones políticas a la proliferación de la delincuencia en las zonas rurales del país.

El riesgo del oportunismo oficialista lo veo en la utilización de la bandera de la paz como recurso político que anestesie a la población sobre la falta de respuestas eficaces a la existencia de problemáticas socialmente complejas sobre las cuales se aplica la anestesia de la panacea de la paz como santo remedio que no logra sanar el cuerpo social pero que lo hace vivir en un clima alienante de falsa euforia e irreal optimismo.

Por el lado de la oposición uribista el oportunismo lo veo en dedicarse exclusivamente a satanizar las negociaciones de La Habana sin intervenir con propuestas concretas y creíbles que logren establecer una correspondencia entre los sentimientos pacifistas de la población y la necesidad de preservar los canales de la democracia para tramitar las lides políticas y armonizar las contradicciones sociales. ¿Por qué el uribismo no exige participar de las negociaciones en La Habana y convertirse en actor y aval de las mismas?

Esencialmente, el oportunismo radica, allí donde se anida, en la manipulación del anhelo popular de paz y redención social, utilizando el proceso de La Habana como ‘caballo de Troya’, donde la argumentación y la propaganda se convierten en recursos utilitarios para lograr objetivos que no solo no se corresponden con la construcción de la paz integral y definitiva, sino que siembran discordias y funestos vientos tras los cuales no pueden sobrevenir luego sino tempestades y tragedias mil.

Si a la presencia de los oportunismos le sumamos la distorsión de los límites, cualquier alerta es poco.

Me niego a sostener que de un lado está el oficialismo amigo de la paz y del otro la oposición de los enemigos de la paz. Ese cuentico no aguanta. Con esta falta de lógica quienes hacen la guerra –Gobierno y Farc- son los amigos de la paz, y quienes no están ni en el Gobierno ni en las Farc, desempoderados de todo poder y en la oposición desarmada, resultan amigos de la guerra. No. Si el Gobierno y las Farc fuesen tan amigos de la paz como dicen ser, ya habrían hecho un acuerdo de cese de hostilidades, o al menos, hubiesen trazado ya un límite entre las acciones de guerra y las acciones inhumanas, entre la guerra y el terrorismo, entre los beligerantes y los civiles.

No quiero convertirme en aguafiestas, pero créanme, los oportunismos y la ausencia de límites, están degradando aceleradamente la confianza de la población en el proceso de La Habana.

¡Cuidado!

Del escepticismo a la indignación hay unos muy pocos pasos.

Y esos pasos se están comenzando a escuchar, las encuestas lo están comenzando a evidenciar.

Por eso la pregunta inicial de esta columna: ¿Haber llegado tan lejos es buena o mala señal?

Porque de lo que se trata no es de llegar muy lejos, sino de llegar donde la Paz lo exige.

Y para esto, ni el oportunismo de los unos ni de los otros, ni la ausencia de límites son amigos de la Paz.

Dicho de otro modo y parafraseando: “Lo que natura non da, La Habana non presta”.


Así la veo yo.


Los 231 artículos que componen la serie iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com


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