octubre 23, 2014

232. El tiempo ya no juega en favor de las Farc


ASÍ LA VEO YO - Año 10

El principio de realidad no se niega, se verifica por sí mismo

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
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“Todo lo que adquiere el ser mediante un proceso dialéctico tiene su verdad y su valor, como momento superado, asumido. Se conserva como elemento integrante; pero su realidad aislada se anula. Cada existencia finita tiene que perecer para dar lugar a formas nuevas y más perfectas” (Ernst Cassirer, El Mito del Estado)



El efecto estratégico más peligroso del proceso de La Habana no sería, como algunos analistas creen, el ‘cese bilateral de hostilidades’, sino otro bien diferente: el que prosiguiendo formalmente las hostilidades, las guerrillas ‘hicieran como que’ negocian en Cuba, pero en realidad no negociaran en serio, y el Gobierno ‘hiciera como que’ las combate en Colombia, pero en realidad no las combatiera en serio. Y esto último es lo que comienzan a sospechar  los escépticos, pese a los visibles esfuerzos del ministro Pinzón por querer demostrar lo contrario. Por mi parte, no creo que Santos esté simulando nada, y entre otras cosas, no lo hace porque hace tiempo descubrió que el tiempo juega en favor del Estado, no ya en favor de las Farc. Por esto puede darse el lujo de llevar la guerra a cuentagotas, sin precipitarse.

Razones tiene el Presidente para estar convencido que un cese bilateral de hostilidades aquí y ahora solo tendría ventajas para las Farc –porque éstas lograrían ‘parar el balón’ en momentos en que su equipo hace agua y es superado en el juego y en el marcador.

Que la Farc negocie en serio (y combata) y que el Gobierno la combata en serio (y negocie seriamente), solo juega en favor de un desenlace, porque es garantía que el conflicto armado (tal como lo hemos conocido) acabe de una vez con la aceptación de su derrota por parte de las Farc asumiendo sin más el principio de realidad.

Desde el mismo momento en que Santos fue electo en 2010 con el sostén y apoyo de Uribe, el tiempo ha comenzado a jugar en contra de las Farc y en favor del Establecimiento, en definitiva en favor del sistema democrático apuntalado por la Constitución del ‘91. No vivimos en el mejor de los mundos, pero sí, decididamente, en un mundo muy diferente del que quisieran construir las Farc.

Asistimos desde entonces a un cambio decisivo sobre la ‘variable tiempo’ del conflicto armado: las Farc durante medio siglo utilizaron el tiempo como una variable que jugaba en su favor. Hoy, y en buena medida gracias a la dupla Santos-Uribe  (o Uribe-Santos, da igual) el Establecimiento sabe que son las Farc quienes están obligadas a dar ‘pruebas de supervivencia’ de sí mismas, no el Estado, ni tampoco la democracia. El desgaste humano, organizacional e ideológico al que han sido sometidas las Farc desde Pastrana hasta aquí no solo es contundente, es también irreversible.  La guerra la ganó el Estado colombiano, la perdieron las Farc. Esto ni se discute, ni se pone en duda.

¿A qué viene entonces lo que se discute en La Habana?

Nada más ni nada menos que un ‘paso al costado’ honroso, digno, que evite más desangre inútil, y permita que la Farc, como organización política desarmada, defienda sus tesis dentro de la legalidad, no más por fuera de ella. No se trata de obtener en La Habana lo que no obtuvieron en medio siglo de lucha armada, sino que expongan su discurso y sus propuestas sobre la arena política para lograr con los votos lo que no lograron con las armas. A cambio de ello, participación política, garantías democráticas, alternatividad penal y seguridad personal y colectiva. Todo lo demás es inútil, dispendioso e imposible de conseguir a través de una negociación con un Estado constituido, operante y legítimo. En las guerras no hay empate, o se ganan o se pierden, o se continúan. Pero si la guerra cesa es porque una de las partes da el brazo a torcer. Esto es lo sustancial, lo demás es retórica, maquillaje, palabras que se lleva el viento.

El drama para las Farc es que si el tiempo ya no juega a su favor porque el fortalecimiento del Estado y la democracia las ha vuelto en extremo vulnerables, el territorio cada día que pasa juega menos en su favor también. Subsiste la condición geográfica, la vecindad con regímenes tolerantes, pero sin tiempo y sin espacio, el ser de las Farc se reduce sin pausa a una vida cada vez más vegetativa, más marginal, más de pura resistencia en el vacío que de vigencia en el eje espacio-tiempo de la realidad política.

La puja entre Santos y Uribe es realmente una puja política de cara al Establecimiento y la ciudadanía, y es una puja por el poder, ¿qué duda cabe? Que las Farc ocupen el centro de esa puja entre Uribe y Santos no significa que las Farc ocupen por sí mismas un espacio y un tiempo político real. Son el pato de la boda, o si se quiere el pato del divorcio, pero nada más. Cuanto antes las Farc se ubiquen sobre la real magnitud de su peso político más podrán lograr del proceso de La Habana, cuanto más se demoren más se darán de narices contra la realidad por seguir creyendo que el tiempo juega en su favor. Y tal como van las cosas menos se demorarán Santos y Uribe en encontrar un punto de convergencia entre ambos que las Farc en darse un baño de realidad sobre lo precaria que es realmente su situación.

Todo lo que viene de boca de la derecha, de Santos y Uribe, la Farc lo toma como ‘discursos de ahogados’, como burdo chantaje, o como ‘cañazo’. Todo lo que viene del centro, la Farc lo toma como moralismo beato, cándida ingenuidad, o mera estupidez burguesa. Y como de la izquierda no advierten sino mutismo o palomas de paz, cantos a la bandera, o loas al ‘guerrillero heroico’, la Farc ni siquiera se detiene a escuchar si entre voces disidentes dentro de la misma izquierda hay algo que merezca algo más que desdén y menosprecio. Finalmente, las Farc se sienten destinadas a gobernar el país entero, comprendida la izquierda, toda la izquierda y la pequeño burguesa, también.

Así como van las cosas, van mal. Mal porque la Farc no entra en razones, y se aleja cada día un poco más del ‘principio de realidad’. Mal porque el Gobierno no sincera su discurso ante las Farc y ante el País, insistiendo en ofrecer con desmesura todo el oro y todo el moro, hasta el punto que las Farc han comenzado a desconfiar de las intenciones de Santos. Mal porque Uribe está más inclinado a pelear con Santos que a buscar entendimientos políticos que permitan poner a las Farc sobre el eje del espacio-tiempo, no para que se sigan evadiendo de la realidad y huyendo hacia adelante, hacia un ‘paraíso socialista’ que no solo vive solo en su imaginación sino por el cual flaco favor han hecho con sus crímenes y desatinos.

Y mientras tanto, la otra parte del conflicto y la realidad, el pasado superado de la violencia paramilitar, evidencia que los plazos de Justicia y Paz se van cumpliendo y pronto veremos con qué rostros, con qué talante y con qué ideas vuelven las autodefensas a la libertad. Dios los bendiga, Dios bendiga a sus víctimas y Dios bendiga a Colombia. Que su adiós a las armas haya sido definitivo y que su voluntad de paz permanezca intacta. Colombia necesita más brazos y más inteligencia que nunca antes para construir Paz y Reconciliación, para ponerle el hombro, la cabeza y todo el corazón a los procesos de paz.

Amanecerá y veremos.


Así la veo yo.


Los 232 artículos que componen la serie iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com



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1 comentario:

  1. Esta semana el jefe negociador de las farc dijo que no se preocuparía por el pasado es decir la impugancion de cargos, entonces que brevemente hiciéramos lo mismo " como es parte del pasado olvidemolo" por favor como puede hablar este hombre así cuando las víctimas son un gran número de personas ... Mejor aun como podriamos confiar en ellos... Es algo de tanta inconstitucionalidad ... También por parte del gobierno... En fin la paz no puede ser causal de impugnacion.

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