octubre 30, 2014

233. ¿Se viene el traslado de La Habana a Oslo?


ASÍ LA VEO YO - Año 10

Hacia un Gran Acuerdo Nacional e Internacional de Paz

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
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“La filosofía de nuestra época parece estar absorbida por tres problemas dominantes: la crítica de la verdad objetiva, universal y necesaria, en favor de las múltiples interpretaciones; la crítica del totalitarismo, y de las políticas revolucionarias que habrían desembocado en tales desastres, en favor de las democracias consensuadas; la crítica de un concepto universal de Bien que aplaste la pluralidad de opiniones y formas de vida, en favor de ciertos criterios éticos de convivencia pacífica” (Dardo Scavino, La filosofía actual: Pensar sin certezas)


Circula en los mentideros políticos de la capital colombiana una versión sobre el factible e inminente traslado de la Mesa de La Habana a un país de Europa. Se mencionó inicialmente Francia pero luego se insistió en Noruega. En todo caso, los días de Cuba parecen estar contados.

Lo mencionado no debe llamarnos a sorpresa. La etapa de la generación de confianza entre las partes negociadoras luce afianzada. No puede decirse, sin embargo, que la credibilidad sobre los alcances de la negociación haya calado hasta aquí suficientemente en Europa –tampoco en Estados Unidos, a decir verdad- ni mucho menos en Colombia, donde la opinión ondula entre la moderada expectativa favorable, el escepticismo mayoritario y la animadversión creciente.

Las Farc han de haber estado haciendo cuentas con la realidad y por esa vía habrán obtenido ya pruebas irrebatibles sobre la escasa capacidad de Cuba y Venezuela para motorizar la aceptación del proceso de paz en los círculos de poder europeos y norteamericanos, cuyas simpatías con los ‘barbudos’ colombianos hace tiempo ya que han abandonado el lirismo pro-revolucionario y bienpensante de otras épocas. Cuba es vista como un sueño libertario fallido transformado en pesadilla y el régimen chavista como un despeñadero hacia el totalitarismo que se creía superado por la historia de América Latina. Ni Cuba ni Venezuela son en estas condiciones cartas de presentación válidas que puedan favorecer la fase definitoria y conclusiva del proceso de paz. Por razones obvias las Farc no aceptarían negociar en Estados Unidos por lo que la milenaria Europa surge como la plaza indicada.

Lo anterior tiene que ver no solo con la ambientación política de los diálogos de paz sino también con la viabilidad jurídica de un proceso que no puede saltarse así porque así los estándares internacionales de respeto a los derechos humanos y a la legislación sobre crímenes de guerra y de lesa humanidad. En Europa está la sede de la Corte Penal Internacional, dato nada irrelevante, por cierto. Y también el Parlamento Europeo, con sus izquierdas y sus verdes, pero también sus derechas, y sus nacionalismos.

Podríamos admitir entonces que más allá de su verosimilitud los insistentes rumores sobre un traslado de la Mesa de La Habana a Europa tienen más de globos de ensayo pactados entre las partes que de delirios periodísticos. Algo se está cocinando y la muy próxima mini-gira europea del Presidente Santos aportará o no luces sobre este asunto del trasteo.

La coyuntura que atraviesan los diálogos entre el Gobierno y las Farc está permeada también por los movimientos entre bambalinas y la prudencia judicial que rodean definiciones de peso sobre los otros dos grandes actores del conflicto armado, por un lado el Eln y por el otro las Auc. A estas alturas resulta evidente que hay un hilo conductor que vincula la etapa exploratoria con el Eln en Ecuador, la inminencia de los fallos condenatorios y la libertad muy próxima de los líderes de las Auc actualmente en prisión, con los avances en La Habana con las Farc. Dentro de la natural reserva y el ‘silenzio stampa’ al respecto no cabe duda que algo sistémico se está tramando y cada paso en una de las ‘bases’ produce efectos inevitables en las restantes. La Fiscalía, en particular, y el Poder Judicial, en general, no son ajenos a esta suerte de partidas simultáneas de ajedrez y no puede serlo de ninguna manera porque el Marco Jurídico de la Paz en su futuro desarrollo estatutario en el Congreso deberá proveer si no la misma solución para todos los actores del conflicto de todos modos una solución específica para cada caso, incluidos no solo guerrilleros y autodefensas sino también militares, policías y agentes del Estado.

Estamos ad portas del final de una etapa y el inicio de otra más trascendental en la historia de los procesos de paz en Colombia. En este sentido, se entiende mejor la necesidad de abrir el diálogo también entre todas las fuerzas políticas que finalmente serán las que deberán acoger en el seno de sus arenas democráticas la irrupción de nuevas fuerzas que provenientes del conflicto armado darán fe de su compromiso con la paz pero también exigirán garantías de no retaliación, de libre circulación de sus ideas y de iguales beneficios en materia de competencia electoral y acceso a cargos públicos.

Finalmente, la definición de la agenda nacional no podrá ser el producto de un solo Gobierno y sus acuerdos con uno de los actores del conflicto, sino que tendrá que hallar eco y legitimación en la totalidad del espectro político de la Nación. Es aquí donde la negociación de paz no solo no puede quedar aislada en Cuba sino que el trasteo de la sede no ha de constituirse en solo una cuestión geográfica fuera de Colombia, de un continente a otro, sino contemporáneamente de la incorporación de toda el arco político nacional y de todos los actores del conflicto, para que sea Colombia entera, espiritual y territorialmente, quien se presente ante el mundo proponiendo el Gran Acuerdo Nacional de Paz como fundamento para el reconocimiento externo de que lo acordado en Colombia no es patrimonio de un solo Gobierno y de un solo grupo armado sino patrimonio nacional reivindicando su derecho político y también jurídico de lograr consenso internacional sólido y definitivo.

Ante el tamaño del desafío no sobra exigirle a los actores que lo fueron del conflicto armado y social, económico y político, que pasen en limpio sus sueños de país y su visión del propio rol en la construcción de la Paz y Reconciliación para que todas las voces sean escuchadas, no como sucede en la Babel que nos hemos convertido tras estos largos años de guerra, donde de tanto defender las propias razones hemos hecho uso y abuso de un vicio que no podemos seguirnos permitiendo: el de considerarnos los dueños excluyentes de una verdad que solo nos pertenece a los del mismo palo.


Así la veo yo.


Los 233 artículos que componen la serie iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com




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