enero 30, 2015

238. "Al que le quepa el sayo que se lo ponga"

ASÍ LA VEO YO - Año 10

No es lo mismo diálogo que monólogo entre dos

Por Juan Rubbini
@JuanRubbini
@lapazencolombia
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“De Amós a Ezequiel, de Isaías a Jeremías, la convocatoria profética en la tradición judía ha sido siempre un llamado a vivir en el marco de la ley. La ley, enseñan los profetas, exige combatir la corrupción, considerar al prójimo, concebir como propios los ideales de quienes aspiran a convivir con equidad y respeto recíproco. La ley, enseñan los profetas, exige enfrentarse al delito, apartarse del desenfreno que implica la riqueza mal habida. La ley, tal como la entendieron los profetas, concibe la política como indeclinable ejercicio de responsabilidad cívica y al poder como un atributo sujeto a la ley. La ley recuerda sin cesar, en boca de los profetas, que ella solo existe si no se convierte en un recurso a disposición de las ambiciones sin límite de quienes gobiernan.”
Santiago Kovadloff, En el último adiós al fiscal Nisman



Dividir a los colombianos entre amigos y enemigos de la paz no solo es un error político, es también una colosal estupidez. Y de ñapa, una mentira.

Para llegar a la paz hay que abrir el diálogo, no entre dos partes, ni tres o cuatro. Dialogar entre todos los involucrados, todas las víctimas, todos los victimarios, todos los dolientes.

El diálogo no dará frutos de paz si se utiliza para estigmatizar a los que piensan distinto, tampoco si está al exclusivo servicio de posiciones ideológicas y políticas, mucho menos si se convierte en una mesa de póquer donde la simulación reina y el cañazo gobierna.

Mucho se habla del ‘conflicto armado’ pero ¿acaso alguien lo ha definido con precisión, lo ha contextualizado con objetividad, lo ha puesto blanco sobre negro en cuanto a sus actores, principales y secundarios, conexos y cómplices, sus promotores, sus beneficiarios, sus simpatizantes?

Seguimos aguardando el juez imparcial, probo e incorruptible, -por sobre todo justo- que nos ilustre a los ciudadanos, a tirios y troyanos, sobre las causas objetivas y subjetivas del conflicto armado, sobre el uso y abuso que se le da al altruismo y los ideales cuando se los pone al servicio de la violencia y el crimen, cuando la razón que debiera iluminar los entendimientos y pacificar las voluntades convierte a los humanos en monstruos que se devoran entre sí obnubilados por el poder, o alienados por no tenerlo. Los crímenes por políticos que sean, no dejan por ello de ser crímenes, recordémoslo, incluso los crímenes de Estado, finalmente crímenes son, sobre los cuales no cabe ensayar vanas justificaciones, mucho menos apologías a diestra y siniestra.

Ningún criminal, político o no político, merece eludir el recto juicio de la justicia. Dicho esto, Colombia merece, su población merece, vivir en paz y en justicia, social y de la otra. Condenas sí caben para el delincuente, político o no político. Sin embargo, si la solución política pronta y definitiva del conflicto armado así lo exige, las penas alternativas a la prisión también caben, y son bienvenidas no como el supremo bien, está claro, sino como el mal menor, como el precio que la sociedad acepta pagar por culpas propias y ajenas, por errores y omisiones, de los que solo muy pocos están exentos en 50 años de guerra.

Ni las Farc ni el presidente de Colombia pueden ni deben darse el lujo de excluir el aporte que terceros, desde dentro y desde fuera del conflicto armado, estén dispuestos a hacerle a la construcción de la paz y la reconciliación. No solo todos deben ser invitados sino todos deben participar, no se trata solo de derechos sino fundamentalmente de obligaciones para con la república y su democracia. El ámbito para diseñar y construir la paz es toda la nación y todo el pueblo. No tiene ninguna lógica ni cabe en ninguna cabeza que por un lado se acuerde entre las Farc y el Gobierno la repartición de áreas geográficas y ámbitos de poder, y por el otro se someta al resto de la población al dilema de aceptar a la brava lo acordado o inaugurar nuevas rebeldías y violencias.

Si pretendemos con manipulaciones y sesgos torcer el pescuezo de quienes piensan distinto y planteamos equivocadamente el camino hacia la paz no habrá premios nobel que nos consuelen como nación de habernos rendido ante las exigencias de lo fatuo, lo banal y apenas formal sin consultar lo más ancho y profundo del sentimiento nacional que no renuncia a su dignidad por conveniencia y comodidad, ni se somete ante los criminales, porten estos banderas revolucionarias o encarnen ‘dignidades’ del Estado, orgánicas o ‘paralelas’.

En vez de insistir con la falacia de ver altruismo y sensibilidad social allí donde prima el egoísmo y la hipocresía, y en vez de hacer de la paz una ilusión que aceita las autopistas del poder, no estaría de más que le pusiéramos un ‘tatequieto’ unilateral e indefinido a quienes lo justifican todo con tal de montarse sobre el sitial de mando, para una vez instalados allí pontificar sobre lo divino y lo humano, condenándonos a vivir y padecer sus extenuantes monólogos y sus ofensivos silencios, cuando no sus flagrantes contradicciones, cabalgando sobre nuestras espaldas y azotando nuestros costados exhaustos de tanta palabra hueca, mesianismo y frivolidad.

“Al que le quepa el sayo, que se lo ponga”.


Así la veo yo.


Los 238 artículos que componen la serie iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com


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1 comentario:

  1. Que buen blog... Definitivamente es una injusticia que solo "dialoguen"el proceso de "paz" algunas victimas o mejor quienes ni siquiera han sido victimas ... Son años de violencia y la herida esta abierta ... Empezando por la impugnación ... Que es lo ellos quieren que olvidemos...

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