febrero 05, 2015

239. Quitemos las castañas del fuego antes que sea tarde

ASÍ LA VEO YO - Año 10

Para el lado de la paz

Por Juan Rubbini
@JuanRubbini
@lapazencolombia
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“Nuestra guerra más prolongada, la guerra de los Cien Años, no ha sido más que una disputa judicial, intercalada con episodios de armas.”
Paul Claudel




El ‘caso Uribe’ ha vuelto a calentarse y estar en el ojo del huracán, por la detención de María del Pilar Hurtado, obvio, y también por aquello de la ‘masacre del Aro’ en sus tiempos de Gobernador de Antioquia; también más indirectamente por el caso ‘hacker’ en la campaña de Zuluaga. Son dardos al corazón de Uribe y del Centro Democrático. Fácil asociar que las razones judiciales ‘estén contaminadas’ de razones políticas. Uribe ha sido no solo el enemigo público N° 1 de las Farc sino también el mayor opositor de Santos y de su ‘proceso de paz’. Además, Uribe no solo es un senador de la República, sino jefe de un partido político, el Centro Democrático, que le ha ganado la primera vuelta presidencial a Santos, y en la segunda vuelta cosechó siete millones de votos, muy cerca de la mitad del total de votos.

Santos, para concluir con éxito su proceso con las Farc requiere ‘asociarse’ con Uribe o liquidarlo políticamente. Y en el segundo caso que Uribe y el Centro Democrático dejen de suscitar apoyo popular masivo, además que sus tesis sobre el terrorismo y conflicto armado no hagan eco en la Comunidad internacional, en particular en el interior de la CPI. Ni digamos ya sobre la derecha del Partido Demócrata y los Republicanos muy cercanos a las posiciones de Uribe, así como el Procurador Ordoñez y su creciente influencia ‘política’ sobre la derecha colombiana y el Partido Conservador.

La consigna de Santos parece ser, o hundir a Uribe, o acercarlo al proceso de paz. Y para hundir a Uribe nada mejor que lograr ‘sin mover un dedo’ que la Justicia lo condene, sea por el asunto del DAS y las ‘chuzadas’, sea por ‘la masacre del Aro’, o algo relacionado con el ‘paramilitarismo’ o la campaña de Zuluaga.

Si Uribe está en graves problemas con lo anterior, también Santos corre el riesgo de perder liderazgo sobre los colombianos por su ‘ensañamiento’ con Uribe. Buena porción de la izquierda y todo el antiuribismo visceral son parte de la cruzada de Santos contra Uribe, pero hay todo un caudal político y un margen de ciudadanos muy amplio que desde la derecha llega a los umbrales del centro y se solidariza con Uribe no tanto porque éste tenga toda la razón y no se haya equivocado nunca, sino por un sentimiento de compasión (¿se dice así?) hacia quien observa perseguido hasta extremos poco justos. Y poco sensatos, agrego yo. Además, el abrumador peso mayoritario de los ‘antifarc’ aunque no se identifique con Uribe, si lo ponen a escoger entre Farc y Uribe, escoge a Uribe. Por esto digo que la maniobra de Santos es delicada, de destino incierto y le puede costar más dolores de cabeza que ganancias en términos políticos.

En el medio de esta controversia, la figura del Procurador Ordoñez ha ido creciendo, y este personaje, sin salir a defender a Uribe, ha entrado a influir cada vez más sobre la opinión con sus críticas al modo como Santos está conduciendo el proceso con las Farc, ubicándose muy cerca de las posiciones de Uribe, aunque haciéndolo con independencia del ex presidente y mostrándose abierto al diálogo con Santos para discutir con el actual presidente sus puntos de vista. Esto sucederá hacia mediados de febrero. Así que si Santos ha enfrentado hasta aquí a un solo peso pesado, Uribe, a partir de ahora, tendrá otro contrincante, que como el Procurador, nadie descarta podría lanzarse al ruedo presidencial en la campaña de 2018.

Llegados a este punto lo que quiero mencionar sobre el impacto en Justicia y Paz de la coyuntura actual es que la presión para obtener desde los postulados pronunciamientos y denuncias sobre Uribe se va a ir incrementando en la medida que el ‘caso Hurtado’ y el caso ‘el Aro’ arroje leña al fuego donde se pretende ‘asar’ al expresidente y llevarlo a la cárcel. Porque el primer caso cuestiona su presidencia, pero lo del Aro cuestiona su gobernación, así que toda la vida política de Uribe –como gobernante- se intenta una vez más judicializar.

Desafortunada coincidencia ésta de pretender, por un lado, unir todo el país detrás del consenso hacia el proceso de paz con las Farc y sus condiciones de legitimidad y viabilidad, y por otro y al mismo tiempo, desatar la ‘persecución’ a Uribe y al Centro Democrático.

No olvidemos que también Uribe, en su momento, pretendió hacer coincidir la negociación política con las Autodefensas con su agresividad verbal contra la izquierda democrática y la ofensiva contra las guerrillas, y todo ello en el medio del debate por sus veleidades reeleccionistas. Uribe entonces y Santos ahora repiten la historia y el imperdonable error de pretender hacer la paz con unos al tiempo de la mayor tensión y enemistad con los otros. Olvidando ambos que si la paz es el camino, no puede simultáneamente predicarse las bondades del diálogo por una parte y por otra lanzar misiles, convirtiendo la siembra de paz en un campo minado.

Ad portas de su libertad y al cabo de un largo periplo judicial los postulados de Justicia y Paz viven a esta hora las angustias de haber quedado en medio del fuego cruzado de quienes pretenden castigarlos de por vida y en cuerpo ajeno por no poder cobrársela a Uribe, y quienes acarician sueños de venganza en contra de ellos por haber dicho más verdades sobre lo criminal de la guerra y sus vericuetos en sus ocho años de proceso que en toda la entera historia del conflicto armado.

Para comenzar a revertir lo mal andado y comenzar a quitar las castañas del fuego bien haría el Presidente (y también el Fiscal) en no quedar envuelto entre la turba que pretende arrasar con Uribe, con todo su legado –incluido Justicia y Paz- y todo lo que huela a Centro Democrático. Y bien haría el ex presidente en aceptar la invitación de dialogar en Palacio, no para someterse a proyectos que no comparte sino para lanzar al país, al mundo y también a las Farc una señal poderosa, crucial en las actuales circunstancias: ningún sacrificio político se dejará de hacer en aras de conseguir la paz. Hace falta grandeza y no solo grandeza, también humildad. ¿Las tendrá Uribe? ¿Las sabrá valorar Santos? ¿Obrarán en consecuencia las Farc?

Entonces, sólo entonces, el camino hacia la paz lucirá despejado. Nada será sencillo. Pero al menos, jalaremos todos para el mismo lado, el lado de la paz.


Así la veo yo.


Los 239 artículos que componen la serie iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com


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