febrero 19, 2015

240. De cuando César Gaviria acertó en el ‘Punto G’ del proceso de paz


ASÍ LA VEO YO - Año 10

‘Ciertamente’ no se equivoca, que no se equivoque Colombia

Por Juan Rubbini
@JuanRubbini
@lapazencolombia
................................


“No pienso detenerme ante un obstáculo porque entonces pierdo el camino hacia el que me dirijo.”
(Daniela Rivera Zacarías, El poder de las palabras)


La Propuesta de Gaviria dio en el blanco. Acertó en el ‘Punto G’ del proceso de paz. En su parte más sensible.

Quiera Dios que algo bueno se concrete de tan oportuna iniciativa. Pero atención, la propuesta a poco de andar podría volverse impracticable al ser tantas y tan filosas las aristas del asunto que dejar satisfecho a todo el mundo y resolver el problema judicial de un universo tan vasto y variopinto luce a priori imposible de lograr.

Una de dos, Gaviria vio en el horizonte –o debajo de la alfombra- algo que Santos no acertaba a vislumbrar o detectar, o ambos están de acuerdo desde bastante tiempo atrás y solo ahora comparten que el momento es ya, porque mañana es tarde. Si Santos está de acuerdo habremos ganado un tiempo valioso, pero aun así a correr, que camarón que se duerme lo lleva la corriente.

Si lograr los acuerdos políticos con la oposición de Uribe no será sencillo, y ‘vender la idea’ a los grupos de presión de los DDHH necesitará cintura y paciencia, trabajarle al marco jurídico será de titanes, porque no se trata solo de conciliar internamente sino de no salirse del bloque de constitucionalidad que nos vincula con el mundo. O en todo caso, si se transita por sus bordes no correr el riesgo de despeñarse.

Lo que prima facie sorprende es que las Farc se hayan mostrado dispuestas a coincidir con la propuesta de Gaviria, lo que da al traste con sus ínfulas ‘autorreferenciales’ de hasta hace muy poco tiempo atrás. Rememeber Oslo 2012, por ejemplo. No solo se mostraban decididas las Farc a imponer su solución a todo el mundo, sino que para sus enemigos ‘paras’ y el Estado ‘criminal’ no habría otra solución que cárcel y exclusión.

El gran mérito de la propuesta de Gaviria es que ubica el proceso de La Habana en un contexto mayor, notablemente más amplio y abarcador, donde las Farc no son ya el ‘ombligo del mundo’ ni el único nudo a desatar, sino apenas una de las manifestaciones prominentes del fenómeno histórico conocido como ‘conflicto armado colombiano’ donde interactúan y confluyen no solamente diversos actores sino múltiples intereses y en consecuencia una gran variedad de implicados, judicialmente llamados a declarar y políticamente obligados a responder.

Colombia, está claro, no puede quedar como paria del mundo sembrando amnistías e indultos a diestra y siniestra. Sería un antecedente que la CPI no podría permitirse tolerar. Esto no resistiría el cuestionamiento internacional.

Sin embargo, el solo hecho que César Gaviria esté poniendo de relieve el ‘almendrón’ del conflicto armado y su solución política y judicial significa que semejante bulto de anzuelos ocasiona a estas alturas un enredo de tamaña magnitud que, o se sinceran las cosas y se ponen todas las cartas sobre la mesa o apague y vámonos de La Habana.

Si Santos ha metido su cabeza en algo por donde su cuerpo no puede avanzar, el problema político se vuelve inmanejable frente al uribismo que no da el brazo a torcer y, por el contrario, siente que va ganando la pulseada. Es cierto que las encuestas reflejan en estos días una mayor adhesión por la solución negociada que por la salida militar, pero también esas mismas encuestas comienzan a comprar mayoritariamente el argumento de los Uribe y los Ordoñez: paz sí, solución negociada sí, pero sin impunidad, con condenas y penas alternativas si cabe, pero siempre y en todo caso sin negociar la agenda del País solamente con las Farc.

Cuando Santos aseguraba que la negociación sería de meses y no de años, intuía que si el proceso se pasaba de su ‘cuarto de hora’ y demoraba en el horno saldría chamuscado, imposible  de masticar y digerir; imposible entonces de ‘vender’.

La paradoja de todo esto es que Justicia y Paz emerge ahora como lo que siempre ha sido y no se ha querido reconocer, ni en Casa de Gobierno ni en La Habana: el hito fundacional en Colombia de la Justicia Transicional y como tal comenzará a ser valorado en su justa medida aun por quienes denostaron de él y jamás pensaron que todo el lodo echado sobre Justicia y Paz ahora comenzaría a dificultarles el caminado también a ellos. No olvidemos que Justicia y Paz terminó siendo aceptada por la Comunidad Internacional y la misma CPI, no como la panacea pero seguramente sí como un bien tolerable y aceptable si de avanzar hacia la Paz de Colombia se trataba.

Las Farc, conscientes del riesgo que empiezan a correr han salido a aplaudir la propuesta de César Gaviria, cosa que no habrían hecho jamás apenas un poco de tiempo atrás cuando pensaban que tenían todavía la sartén por el mango. Ahora ven que si no hay solución política y judicial para todos no la habrá tampoco para ellos, y que si el paz y salvo no es para todos, tampoco ellos lo obtendrán.

E incluso así, una propuesta como la de Gaviria es casi un imposible que termine satisfaciendo a todo el mundo, pero mientras las Farc obtendrán mucho menos que lo que pretendían, los demás actores y sus ‘colaboradores’ obtendrán algo en su favor que sin las Farc de por medio tampoco obtendrían. Como dice el refrán “Definitivamente, nadie sabe para quién trabaja”.  

Maldita la gracia que les hará a las Farc tener que sumarse a iniciativas como la de Gaviria o similares que abundarán de aquí en adelante, por la necesidad de salvar algo de su ‘lista de mercado’ inicial.

En esta coyuntura sumamente complicada que amenazaba encallar en un callejón sin salida es una bendición que Justicia y Paz haya seguido en pie, que a partir de hace diez años atrás la Justicia Transicional haya desembarcado y echado a andar en el país y que con la inminente libertad de los ex comandantes y mandos medios ‘paras’ lo que quedó mal hecho en Ralito se pueda recomponer y poner al servicio de los acuerdos específicos de paz que en La Habana se están adelantando con las Farc. No olvidemos que tras los acuerdos que pongan fin al conflicto con las Farc nada impedirá que farianos y autodefensas puedan unir sus esfuerzos con el Estado y el País entero en pos de implementar sobre el territorio nacional –sin excepciones ni exclusiones- la construcción de la paz.

El proceso de Ralito es un proceso inconcluso, no un proceso roto, y la voluntad de llevarlo a buen puerto permanece intacta, en el corazón de quienes fueron sus artífices, y hoy están en las cárceles o en la oposición democrática. Ojalá que pese a todos los obstáculos el proceso de La Habana logre sus propósitos y que no tengan las Farc y sus víctimas que pasar por el via crucis que han pasado las autodefensas y sus víctimas, en todo caso siempre será mejor que reciban penas alternativas y no prisión, entre otras cosas porque la prisión tras un conflicto armado huele a ley de talión, a venganza, y poco y nada ayuda a la resocialización, la reconciliación.

César Gaviria no se equivoca en su Propuesta, pero sí sería un tremendo error que Colombia no entendiera y por no entender no apoyara que la iniciativa de César Gaviria tomase cuerpo, se materializara y recorriese todo el camino que ha de recorrer si queremos realmente llegar al final del trayecto que desde la guerra nos conduce a la paz.

Bienvenidos al futuro, y si es de paz, es el único futuro que lo merece todo, de todos.


Así la veo yo.


Los 240 artículos que componen la serie iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están

a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

No hay comentarios.:

Publicar un comentario