septiembre 28, 2016

260. Si mi voto definiera el plebiscito...

ASÍ LA VEO YO - Año 12
La firma de Cartagena blindó el fin del conflicto armado con las FARC

Por Juan Rubbini
@lapazencolombia
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La firma de la paz en Cartagena ha quedado –por eso de las agendas políticas- en segundo plano ante la inminencia del plebiscito. Sin embargo, la firma ante la Comunidad internacional tiene una connotación tal, que bien puede decirse que el Gobierno y las Farc se ataron el lunes de ‘pies y manos’ para responder una eventual –y altamente improbable- victoria del No con un impensable a estas horas “rompimiento del cese de hostilidades”. Ni al Gobierno ni a las Farc les daría la cara ni el cuero para responder ante la Comunidad internacional con un regreso a la guerra como muestra de disgusto y despecho ante la libre expresión popular que manifestara No a estos acuerdos, y reclamase victoriosamente  la ‘renegociación’.

Lo anterior viene a cuento de la propaganda que insiste, aun tras la firma del lunes, que la consecuencia de una derrota del Sí significaría una vuelta a la guerra. A estas alturas del paseo y tras la firma protocolaria en Cartagena, es tan cierto aquello de que el Sí no asegura la paz, como también lo es aquello de que el No no propicia la guerra. Para ser justos, hay que admitir que en ninguna de las publicidades y discursos del No, sus defensores, incluso sus defensores a ultranza, invitan a votar por el No como camino para retomar el conflicto por la vía de las armas. Si esto hubiese sucedido –lo de invitar a votar por el regreso a la confrontación armada- otro gallo cantaría y otro sería el contenido de esta columna, tan amante y deseosa de la paz como la que más. Tan amante y deseosa de la paz que no se contenta con alcanzarla con las FARC, sino que también hace votos por alcanzarla con el ELN y dejarla bien amarrada también con las exAUC y sus ‘variopintos´ émulos indignados por los incumplimientos del Estado.  

Entiéndase bien, no estoy invitando a votar por el NO, sino manifestando mi opinión sobre que la firma y celebración del lunes - cualesquiera hayan sido los propósitos de sus organizadores a escasos seis días de la votación del plebiscito- blinda políticamente el ‘cese de hostilidades’ y el ‘fin del conflicto armado con las FARC’ de un eventual, y repito, improbable triunfo del NO. Y esto no solo porque ni Gobierno ni FARC tendrían argumentos creíbles para romper el proceso de paz ante un triunfo del NO, sino que tampoco quienes hubieran ganado con el NO tendrían argumentos creíbles para llamar a romperlo. Toda esta campaña por el plebiscito, tan dura y polarizante como resultó, ha sido muy clara y contundente sobre la inequívoca vocación de paz del pueblo colombiano.

Dicho esto y cumpliendo mi promesa de no comprometer mi voto del próximo domingo sino con mi conciencia, quiero poner fin a esta breve columna con una confesión personal.

En una de mis tantas conversaciones conmigo mismo de estos últimos días, y poniendo blanco sobre negro todos los argumentos en favor del Sí y del No, surgió de pronto un interrogante que me tomó por sorpresa y sumió mi mente en un mar del perplejidades. Fue una pregunta espontánea, totalmente intuitiva, sobre una cuestión que no he tenido ocasión de haber leído o escuchado en este tiempo de agrias polémicas y pertinaz propaganda, donde unos y otros confrontaron en defensa de sus legítimas aspiraciones por la victoria de unos o de otros.

La pregunta que me hice fue la siguiente: “Pongámonos la siguiente hipótesis: ¿si el 2 de octubre, súbitamente,  por un misterio telepático, y sin que absolutamente nadie llegara a saberlo, ni entonces ni después, recibieras la divina certeza que al votar por el Sí o por el No, tu voto definiría el resultado del plebiscito, inclinando la balanza hacia una de las dos opciones, qué camino escogerías?

Me tomé unos instantes para reponerme del shock, liberarme de subjetivismos y pasiones, de prejuicios y animadversiones...  pasaron entonces por mi mente infinidad de imágenes, recordé rostros y alegrías vividas, dolores y lágrimas compartidas, me sentí agradecido con la vida por tamaña responsabilidad, y pellizcándome el cuello para convencerme que no se trataba de un sueño, me dirigí hacia el tarjetón, como si fuera el penalti que no podía errar, que no debía errar... y marqué el SÍ...

El SÍ, al que considero tan éticamente correcto como el NO; el SÍ, al que considero tan humanamente válido como el NO; el SÍ que considero la otra cara del NO; alfa y omega de un abecedario que debemos completar entre todos, a partir del 3 de octubre.

Lo sentí como un penalti, lo viví como un penalti, y una vez convertido lo salí a gritar alborozado con todos los públicos de todas las tribunas.

Finalmente la Paz, no es una cuestión de equipos de liga, ni de colores partidarios, es una cuestión de Selección Nacional, de desarmarnos de rencores y resentimientos, y patear todos hacia el mismo arco.


Así la veo yo.


Los 260 artículos que componen la serie iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están
a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com

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